Hildesheim y Bolivia se unieron en oración por las personas que sufren a causa de la pandemia y por los voluntarios misioneros
Bolivia Misionera 15.04.2020. «Convencidos de que Jesús resucitado, nos una a través de miles de kilómetros les mando mis saludos más cariñosos desde Hildesheim, sepan que están todos en mi corazón, en las oraciones que hoy elevaremos a Dios con muchos fieles por toda la Diócesis y Bolivia, estamos reunidos de manera especial», con estas palabras dio inicio la celebración de la eucaristía desde el país hermano de Alemania, Mons. Heiner Hilmer SCJ, Obispo de Hildesheim, expresó su preocupación por la situación que vive Bolivia tras la pandemia de coronavirus, por los voluntarios misioneros que tuvieron que retornar a Alemania antes de tiempo, y por los voluntarios misioneros bolivianos que lo lograron retornar a Bolivia.
A través de las redes sociales en una transmisión de audio en vivo se escuchó la celebración en ambos idiomas (español y alemán), se elevaron oraciones pidiendo al Señor derrame su bendición sobre los hermanos bolivianos que sufren más por sus carencias económicas, «bendice a todos los que les falta el pan de cada día y ayúdanos a ser solidarios con ellos», fue una de las peticiones, y que este tiempo de pandemia sea un tiempo de gracia para descubrir la presencia de Dios que camina con nosotros.
A continuación la Homilía de Mons. Heiner, obispo de Hildesheim:
Como si estuviera escrito según un manual, el Evangelio que acabamos de escuchar enumera las etapas de la comunicación interpersonal: VER – HABLAR – TOCAR. María ve, primero a los ángeles y luego a Jesús. Cuando él le habla, ella lo reconoce y trata de abrazarlo. Ningún niño, según la psicología, puede llegar a ser capaz de relacionarse sin la mirada amorosa de su madre; sin la dirección de sus padres; sin los tiernos toques de los cuidadores. Pero en este momento experimentamos todas estas formas de encuentro como limitadas: la mirada inmediata en el rostro de la otra persona; la conversación intensa; el brazo alrededor del hombro. Nosotros sufrimos esto aquí, pero más aún la gente en Bolivia. El sistema de salud público es tan precario que el gobierno ha impuesto una caurentena casi completa. La gente sólo puede salir de sus casas una vez por semana para conseguir lo necesario para vivir. En Bolivia, las relaciones interpersonales están aún más que en nuestro país. Los alemanes que ya han participado en un viaje de amistad han experimentado mucha espontaneidad y cordialidad en Bolivia. Y también lo importante que es el contacto directo para nuestra Hermandad en general. Ver dónde y cómo viven los demás; hablar entre sí sobre Dios y el mundo; forjar planes en cojunto; comer, celebrar y bailar; finalmente abrazarse como regalo de despedida. Es este intercambio directo, esta experiencia de poder compartir la vida y también la fe con nuestros hermanos de Bolivia lo que caracteriza nuestra Hermandad. Por lo tanto estaban previstos tres viajes a Bolivia este verano. Con las condiciones actuales no sabemos todavía si pueden tener lugar, o si las tenemos que postergar o cancelar completamente. Pero la idea de eso duele.
Un consuelo en estos tiempos difíciles lo proporciona el Evangelio de hoy. Nos recuerda que Dios mismo permanece como el último puente donde el contacto directo y el encuentro ya no son posibles. En el momento en que Jesús suelta el abrazo con María Magdalena, le promete un nuevo tipo de relación: Dios, el Padre de todas las personas. Porque a veces rezar el uno por el otro es la única manera de mantenerse en contacto. O la celebración común de la comida conmemorativa de Jesús, que, como hoy, nos une unos con los hermanos de Bolivia a pesar de miles de kilómetros de distancia. Y finalmente, la confianza de que Dios, como un buen padre o una madre cariñosa,
padres; sin los tiernos toques de los cuidadores. Pero en este momento experimentamos todas estas formas de encuentro como limitadas: la mirada inmediata en el rostro de la otra persona; la conversación intensa; el brazo alrededor del hombro. Nosotros sufrimos esto aquí, pero más aún la gente en Bolivia. El sistema de salud público es tan precario que el gobierno ha impuesto una caurentena casi completa. La gente sólo puede salir de sus casas una vez por semana para conseguir lo necesario para vivir. En Bolivia, las relaciones interpersonales están aún más que en nuestro país. Los alemanes que ya han participado en un viaje de amistad han experimentado mucha espontaneidad y cordialidad en Bolivia. Y también lo importante que es el contacto directo para nuestra Hermandad en general. Ver dónde y cómo viven los demás; hablar entre sí sobre Dios y el mundo; forjar planes en cojunto; comer, celebrar y bailar; finalmente abrazarse como regalo de despedida. Es este intercambio directo, esta experiencia de poder compartir la vida y también la fe con nuestros hermanos de Bolivia lo que caracteriza nuestra Hermandad. Por lo tanto estaban previstos tres viajes a Bolivia este verano. Con las condiciones actuales no sabemos todavía si pueden tener lugar, o si las tenemos que postergar o cancelar completamente. Pero la idea de eso duele. Un consuelo en estos tiempos difíciles lo proporciona el Evangelio de hoy. Nos recuerda que Dios mismo permanece como el último puente donde el contacto directo y el encuentro ya no son posibles. En el momento en que Jesús suelta el abrazo con María Magdalena, le promete un nuevo tipo de relación: Dios, el Padre de todas las personas. Porque a veces rezar el uno por el otro es la única manera de mantenerse en contacto. O la celebración común de la comida conmemorativa de Jesús, que, como hoy, nos une unos con los hermanos de Bolivia a pesar de miles de kilómetros de distancia. Y finalmente, la confianza de que Dios, como un buen padre o una madre cariñosa,


