«Un regalo de Dios haber conocido a Mons. Eugenio, el buen trigo»
Bolivia Misionera 19.07.2020. Mons. Eugenio Scarpellini, un pastor lleno de Dios, de sabiduría y amor por los demás, hoy sus hermanos Obispos y la Iglesia boliviana lo recuerdan con mucho cariño, este domingo en la Eucaristía desde la Basílica Menor de San Francisco en La Paz, Mons. Aurelio Pesoa, Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana, recordó la vida y testimonio del hermano, pastor, misionero y amigo Mons. Scarpellini.
Quiero recordar hoy a alguien que, con su vida, fue imagen de esa bondad de Dios, alguien que se caracterizó por dejarse trabajar por Dios, que puso a Dios como lo primero de su vida, que fue buen trigo, expresión de la obra de Dios, Mons. Eugenio Scarpellini, el Obispo de El Alto, que nos dejó de forma sorpresiva e inesperada esta semana y que este Domingo, hoy, debía estar presidiendo esta Eucaristía.
Siento la ausencia de quien ha dejado un gran vacío. Siento que nos ha dejado antes de lo que humanamente era natural, nos ha dejado con el vacío de las personas que son imprescindibles, esenciales.
El dicho afirma que nadie es imprescindible, y es verdad, todos somos prescindibles y tiene Dios poder, en su infinita sabiduría, para buscar sus instrumentos en cada momento de la historia.

Pero hay personas que, por su espíritu de servicio, por su dedicación al trabajo, por su inteligencia, por su entrega, por sus aportes continuos, por el amor que transmiten en todo lo que hacen, se convierten en fundamentales, esenciales, realmente importantes, cuesta mucho seguir caminando sin ellos, sin su presencia, sin sus consejos, sin su colaboración. Eugenio fue una de estas personas.
Gracias a Dios por la presencia de Dios que he podido vislumbrar en Eugenio. Por el trabajo de Dios en Él, por la grandeza de la persona que he podido captar en él, por la pasión divina de sus palabras, de sus trabajos, de su dedicación pastoral, de su convicción.

Doy gracias a Dios porque he visto en Él, en su persona, en su vocación, en su ser de pastor entregado a la Iglesia, el trigo de Dios, la comprensión y humanidad del corazón de Dios, la paciencia de Dios.
He tenido la dicha de participar con Mons. Eugenio en los trabajos de pacificación del país, en momentos difíciles y complicados, momentos en los que no se podía dejar que los intereses particulares se impusiesen al interés común, o al sentido común, a la búsqueda del bien de todos, del pueblo boliviano. Eugenio me ha mostrado siempre, en su rostro, en su sonrisa, en su reflexión, en sus palabras, en su pasión, en su incansable dedicación a la construcción de la paz, del entendimiento entre todos, un enorme amor a Bolivia y a los bolivianos.

Me ha dado lecciones a mí, boliviano, de amor a Bolivia, a mi patria. Realmente hay personas que aman más allá de las fronteras, de razas, de nacionalidades, de lenguas, de ser de aquí o de allá; personas que aman al ser humano, porque su humanidad es signo del Dios creador y dador de la vida a todo ser humano, más allá de las diferencias.
Ha sido un pastor de corazón universal, lleno de amor más allá de toda diferencia y más allá de toda cizaña. Trigo fecundo sembrado por el Señor para una cosecha divina en el Reino celestial.
Cuánto cuesta separarse de quien es persona y pastor, amigo entrañable y Obispo. Cuánto cuesta hacerse a la idea de que ya no estará entre nosotros. Cuánto cuesta encontrar la paz, en medio de sentimientos que se revelan a dejar ir a quien era una persona que transmitía seguridad y confianza.
Pero debemos dejar ir a Mons. Scarpellini, que ha sido llamado por Dios, cuando no lo esperábamos y encontrar la paz, en el agradecimiento por todo lo bueno que vimos en él, por el regalo de Dios que supuso el privilegio de haberlo conocido, de haber gozado de su fraterna amistad, de su confianza, de su cuidado pastoral y encontrar la paz en el compromiso de continuar su obra de amor, de pacificación, de entendimiento entre todos, de construcción de un mundo en el que predomine el trigo bueno de Dios, el trigo del perdón, de la reconciliación y de la bondad.
Lo apenas dicho, desde este lugar en donde él presidió muchas Eucaristías quiere ser un homenaje al sacerdote, Pastor y amigo.
Eugenio, hermano, ve en paz a gozar de Dios y acompáñanos con tu intercesión y con el mismo amor que siempre tuviste a este país y a esta Iglesia de Bolivia. Así sea.

