#EvangelioDelDía: «El que no cargue su cruz y viene detrás de mí no puede ser mi discípulo»
Homilía 4 de noviembre de 2020, miércoles de la semana 31 durante el año litúrgico proclamamos el Evangelio según San Lucas 14,25 – 33. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
EL QUE NO CARGUE SU CRUZ Y VIENE DETRÁS DE MÍ NO PUEDE SER MI DISCÍPULO
San Lucas muestra que ser discípulo de Jesús es mucho más que ir tras de Él solo para escucharlo. Para ser seguidor es necesario afrontar las renuncias exigidas por Cristo. Estas renuncias lo recoge el Evangelista en tres frases terminadas de la misma manera: quien no puede asumir lo que Jesús le pide “no puede ser mi discípulo” (vv. 26.27.33). La primera renuncia que pide Jesús es amarlo más que a la propia familia (v.25s). Textualmente dice: “Si alguno no odia a su padre y a su madre” (v26). No se asusten. Era una forma de expresarse de aquel tiempo. En hebreo, odiar también significa “amar menos”. La segunda renuncia (v.27) es cargar con el oprobio y el sufrimiento que puede significar el seguimiento de Jesús cuando la familia se opone y rechaza al Nazareno como Mesías.
La tercera renuncia (v.33) es a todas las posesiones con tal de seguir a Jesús. Lucas nos presenta modelos de cristianos dispuestos a vender sus bienes y sus campos para seguir al Señor en Hechos 2,45; 4, 34-37; aunque también anti modelos, como el de Judas, quien con los bienes adquiridos por la traición de Jesús se compró un campo en Hechos 1,8. El contraste es notable, a diferencia del discípulo que deja bienes para seguir al Señor y Judas que deja al Señor en manos de quienes lo buscan para crucificarlo para adquirir bienes para sí. Esta tercera renuncia se introdujo con dos preguntas que invitan a reflexionar antes de dejar todo para seguir a Jesús (vv28.31). La decisión es tan importante que no hay que tomarla dejándose llevar por entusiasmos o emociones esporádicas o compromisos pasajeros porque pueden llevar al fracaso.
En la historia de la Iglesia hay tantos jóvenes que escuchando la voz del Señor eran capaces de dejar las cosas y hasta la familia para seguir de corazón a Jesús. A uno de ellos recordamos hoy SAN CARLOS BORROMEO, obispo de Milán. Con 20 años se graduó en ambos derechos, civil y eclesiástico, y fue nombrado cardenal y obispo de Milán por su tío Pío IV. Carlos aplicó primero a su persona las normas del Concilio de Trento (1545-63). Pidió al Papa poder alejarse del Vaticano para dirigir personalmente la arquidiócesis de Milán. Donde aplicó los decretos del Concilio con su clero y feligreses. Fue un verdadero pastor de su grey; visitó varias veces toda su diócesis, convocó a 15 sínodos y fomentó en gran manera la mejora de costumbres cristianas. Se ganó el corazón de todos cuando en 1574, la peste invadió Milán. El mismo iba con sus sacerdotes a visitar a los moribundos y regaló todos sus bienes para los hospitales y para compra de víveres, cuando la administración pública ya había abandonado la ciudad. Murió 1584 a los 46 años de edad.
Queridos oyentes, ustedes saben: SOLO HAY UNA DESGRACIA: NO LLEGAR A SER SANTO. Por eso les invito: Sigamos rezando el SANTO ROSARIO para pedir al Espíritu Santo un corazón nuevo y santo a ejemplo de San Carlos BORROMEO, un corazón sensible para los pobres; y pidamos con nuestro Papa Francisco en este mes de noviembre para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio de la humanidad. Pidamos a Dios también por nuestra patria BOLIVIA.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Resp. de Misiones CEB
Obispo Auxiliar de Sucre

