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#EvangelioDelDía: JESÚS SE LLENÓ DE ALEGRÍA EN EL ESPÍRITU SANTO

1 de diciembre 2020, martes de la primera semana de Adviento proclamamos el Evangelio según San Lucas 10, 21 – 24. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

JESÚS SE LLENÓ DE ALEGRÍA EN EL ESPÍRITU SANTO
En esta primera semana del Adviento brilla la gran esperanza de que el Señor Jesús venga a salvarnos. “Vendrá el Señor y con Él todos los santos; aquel día brillará una gran luz” (Zacarías 14,5.7). El Evangelio de hoy es tomado de Lucas 10: Jesús había enviado a sus discípulos y ahora vuelven de su misión con gran alegría. Su triunfo sobre el mal es el comienzo del Reino de Dios. Jesús exclama: “¡Como un rayo veía a satanás caer del cielo!… no se alegren de que los espíritus malignos les obedezcan, sino de que sus nombres ya están escritos en el cielo”. En ese momento el Espíritu Santo de Dios que llenó a Jesús es quien le hace vibrar de gozo dentro del alma y le impulsa a dar gracias al Padre. De la misma manera, por obra del Espíritu Santo, oraban Zacarías (1,67), Isabel (1,41) y María (1,47). La vida de nuestro Señor y de los Santos es impregnado por el Espíritu Santo. San Pablo afirma: “Quienes se dejan conducir por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios” (Romanos 8,14).

La oración de Jesús contiene una acción de gracias, habla de revelación y termina con una bienaventuranza. El Hijo de Dios inicia con el tratamiento lleno de alabanza y agradecimiento. Muestra su concordancia con el plan y la voluntad de Dios Padre: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra”. Todas las oraciones de Jesús comienzan con la invocación “Padre” que tiene el trasfondo el arameo “ABBÁ” (Marcos 14,36), el balbuceo de los pequeños. Jesús habla con esta cariñosa intimidad con su Padre y nos invitó seguir su ejemplo que a otros parece una blasfemia. En seguida sigue el respetuoso “Señor del cielo y de la tierra”. Confianza y temor de Dios son los pilares de la oración.
Dios esconde y revela. Al no revelar a todos los secretos de su Reinado a los sabios de este mundo Dios esconde. La llegada del Reino, la victoria sobre satanás y los demonios, y la elección de todos los que se arrepienten, aunque sean grandes pecadores, lo reveló a los humildes y pequeños y lo ocultó para los que se creen sabios y prudentes. La gente pobre que no tenía oportunidad de estudiar la tenían los maestros de la Ley como condenados, sin embargo, Jesús es “ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres” (4,18).

Este Evangelio de hoy nos invita, como Jesús, a alabar a Dios Padre con cariño y temor a la vez en los problemas que nos afligen. Él es nuestro único SALVADOR y queremos SER SALVADOS. Queremos poner a otros en contacto con CRISTO MUERTO POR NUESTROS PECADOS, Y RESUCITADO Y VIVO, para que ellos también sean salvados. Por eso: Sigamos rezando el SANTO ROSARIO para pedir al Espíritu Santo un corazón sensible para los otros; además nos une con nuestro Papa Francisco que en este mes de diciembre el Papa Francisco nos pide orar para que nuestra relación personal con Jesucristo se alimente de la Palabra de Dios y de una vida de oración.

Pidamos a Dios también por nuestra patria BOLIVIA lluvias suaves y abundantes donde aún no llovió. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones

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