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Mons. Bittschi: «Pidamos la luz, fuerza y gracia de nuestra conversión para reconocer nuestras rebeldías, rencores y pecados»

14 de marzo de 2021, CUARTO DOMINGO de CUARESMA, domingo LAETARE, proclamamos el Evangelio según San Juan 3, 14 – 21. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía domingo 14 de marzo de 2021

TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE DIO A SU HIJO ÚNICO PARA QUE TODO EL QUE CREA EN ÉL NO SE PIERDA, SINO QUE TENGA VIDA ETERNA

Queridos oyentes, la antífona de la entrada de la Eucaristía de este domingo nos invita a la alegría; de ahí el nombre de domingo LAETARE: “¡Alégrense, los que llevaron luto!” (Isaías 66,10-11). Las lecturas de este cuarto domingo cuaresmal tienen un tono común: si bien es grande la historia de la infidelidad y pecado de los hombres – mayor es la historia de la misericordia y del amor de Dios a su pueblo Israel y a todo hombre (1ª lectura). Este amor misericordioso de Dios se ha manifestado en su Hijo, Cristo Jesús (2ª lectura, carta a los Efesios). Él ha sido enviado al mundo no para condenar sino para salvar a cuantos creen en Él (Evangelio). ¡Cómo no tener alegría y esperanza!

“Nuestra alegría, pues se basa en el amor del Padre, en la participación en el misterio pascual de Jesucristo quien, por el Espíritu Santo, nos hace pasar de la muerte a la vida, de la tristeza al gozo, del absurdo al hondo sentido de la existencia, del desaliento a la esperanza que no defrauda. Esta alegría no es un sentimiento artificialmente provocado ni un estado de ánimo pasajero. El amor del Padre nos ha sido revelado en Cristo que nos ha invitado a entrar en su Reino” (Documento de Aparecida nro.17).

El Evangelio dice: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna” (Juan 3, 14-15). Los israelitas, por haberse rebelado contra Dios, mientras atravesaron el desierto, fueron atacados por serpientes venenosas. Gritaron al Señor para que los librara de ellas. Entonces Dios ordenó a Moisés que levantara una serpiente de bronce sobre un asta, diciéndole que todos los mordidos por las serpientes venenosas se curarían si mirasen con fe la serpiente de bronce en el asta (Números 21, 4-9). Parece que estuviéramos con la magia. Otro texto bíblico rechaza esta idea; no se trata de un objeto mágico. Nada ni nadie puede salvarnos más que Jesús, el Dios hecho hombre (Hechos 4, 12) levantado en alto en la cruz. Dice en el libro de Sabiduría 16,6ss: “El que se volvía hacia ese emblema de salud sanaba, no en virtud de lo que veía, sino gracias a ti, Salvador de todos”. La palabra SE VOLVÍA indica claramente un movimiento hacia Dios, es decir una CONVERSIÓN.

Para comprender mejor la comparación entre la serpiente de bronce y Jesús en la cruz, detengámonos en la elevación: “El Hijo de hombre tiene que ser elevado” (v.14). En el Evangelio de San Juan esta expresión “elevado” quiere decir que Jesús no sólo ha sido arrancado de la tierra y crucificado, sino a la vez elevado a la gloria, resucitado, exaltado y colocado a la derecha del Padre del Cielo.

Jesús quiso ser esta cruz y serpiente, que son símbolos del pecado, del castigo y también de la redención. (Hoy el asta con la serpiente es el emblema de los médicos, servidores de la vida).

Todos los hombres estamos sometidos a la muerte, que es la sanción definitiva y perfecta, si miramos CON FE a CRISTO LEVANTADO EN ALTO. Ojo: pero no para ver simplemente a un hombre, sino AL HIJO DE DIOS CRUCIFICADO que por su muerte en cruz y su RESURRECCIÓN ha sido glorificado y que ahora está junto al PADRE con la misma gloria que tenía antes de la creación del mundo. Por eso TIENE EL PODER DE DAR LA VIDA ETERNA A TODOS LOS QUE CREEN EN ÉL.

“DIOS no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por Él” (3,16s). Si miramos a Cristo “levantado en alto” y creemos en Él como Hijo de Dios, nos arrepentimos de nuestros pecados y nos dejamos perdonar por Él, viviremos iluminados por su Espíritu Santo y reflejaremos en nuestras obras el ser hijos de Dios, participamos ya desde ahora de la vida eterna. Es decir que el juicio comienza hoy mismo. Falta renovar nuestra decisión de seguir a Cristo de palabra y de obras. Hagámoslo al rezar luego el CREDO.

Cuaresma es tiempo de gracia en el que el Espíritu Santo nos quiere cristificar en nuestra mente, corazón y actuación; tiempo de meditar la misericordia de Dios y darle las gracias. DAR GRACIAS pertenece al centro de nuestra fe cristiana. La Eucaristía que celebramos es la cumbre de la ACCION de GRACIAS. San Pablo en su carta a los Efesios no se cansa de DAR GRACIA. “Dios rico en misericordia y por el inmenso amor con que Él nos amó, aunque estábamos muertos por nuestros delitos, nos ha hecho revivir con Cristo Jesús… por gracia están salvados… que es don de Dios… Por eso me arrodillo ante el Padre… para que les conceda fortalecerse en su interior por medio del Espíritu. A Dios, que actúa en nosotros, a Él la gloria en la Iglesia y en cristo Jesús por todas las generaciones y para siempre” (Efesios 2,4-5.; 3,14.16.20-21).

Pidamos entonces al Espíritu Santo la luz y la fuerza de poder reconocer nuestras rebeldías, rencores y demás pecados y la gracia de nuestra conversión y la de todos los pecadores. El Papa nos invita a orar en este mes para tener valor a recibir el Sacramento de la Reconciliación con renovada profundidad y así saborear la infinita Misericordia de Dios. De ésta manera colaboramos para que termine ésta Pandemia y toda maldad.

El Papa Francisco declaró este año un AÑO SANTO en honor a SAN JOSÉ. Ya estamos en plena novena del “Terror de los demonios”, San José. En estas intenciones meditemos los misterios de nuestra fe en el SANTO ROSARIO, hoy domingo los misterios gloriosos. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe en esta Cuaresma. Amén.

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