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Mons. Bittschi: ¡HOSANNA! ¡BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR!

28 de marzo de 2021, DOMINGO de RAMOS en la PASIÓN del SEÑOR, proclamamos el Evangelio según San Marcos 11, 1- 10. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús
Homilía Mons. Adolfo – Domingo de Ramos

¡HOSANNA! ¡BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR!
Queridos oyentes, con la celebración de este domingo inauguramos la Semana Santa. La liturgia subraya dos aspectos: la entrada triunfal del Señor Jesús a Jerusalén y su Pasión. Jesús viene desde Galilea por el camino del valle del río Jordán. Al salir de Jericó “acompañado de sus discípulos y de gran cantidad de gente, un mendigo ciego, el hijo de Timeo, Bartimeo… gritó: “¡HIJO DE DAVID, JESÚS, TEN COMPASIÓN DE MÍ!” (Marcos 10,46-47). A su súplica: “¡Maestro, que vea!”, Jesús le contesta: “ANDA, TU FE TE HA SALVADO”. Bartimeo recobró al instante la vista “y le seguía (10, 48-52). De repente, el tema de DAVID, con su cadente esperanza del MESÍAS, se apoderó de la muchedumbre: este Jesús con quien iban de subida a Jerusalén ¿no será acaso verdaderamente el esperado hijo de David? Con su entrada en la Ciudad Santa, ¿no habrá llegado la hora en que Él restablezca el reino de David?

Los preparativos que Jesús dispone con sus discípulos hacen crecer esta expectativa. Jesúj88s llega al Monte de los Olivos desde Betfagé y Betania, al oriente de Jerusalén, por donde se esperaba la entrada del Mesías. Manda por delante “a dos de sus discípulos” diciéndoles que iban a encontrar un burrito, atado junto a una puerta, afuera en la calle” (10,4) que nadie había montado; y también la respuesta que deben decir a los que les van a interrogar: “El Señor lo necesita” (11,3). Los discípulos encuentran al burrito, se les pregunta – tal como previsto – por el derecho de desatar y llevárselo. Los dos discípulos responden como se les había ordenado cumpliendo así con el encargo. De esa manera, JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN MONTADO EN UN BURRITO PRESTADO, que devolverán a su dueño.

Todo esto puede parecer irrelevante para el oyente o lector de hoy, pero para los judíos contemporáneos de Jesús y conocedores de la Sagrada Escritura, está cargado de referencias misteriosas. En cada detalle está presente la realeza y sus promesas. JESÚS REIVINDICA EL DERECHO DEL REY a requisar medios de TRANSPORTE, un derecho desde la antigüedad hasta mis tiempos de párroco en el campo donde no había camino carretero las comunidades me prestaron un animal. El hecho que se trata de un ANIMAL SOBRE EL CUAL NADIE HABÍA MONTADO todavía remite también a un derecho real. Y ciertas palabras hacen alusión al Antiguo Testamento: 1) GÉNESIS 49,10s. La bendición de Jacob-Israel a Judá: le asigna el cetro, el bastón de mando, “hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia”. Dice también que Judá ata su burrito. 2) Más importante es ZACARÍAS 9,9: San Mateo y San Juan citan explícitamente ese texto: “Mira a tú rey, que viene a ti humilde, montado en un asno”. Jesús es el Rey manso y humilde pero con el poder de romper los arcos y flechas de guerra, un Rey de paz, un Rey de los pobres y de los que buscan la paz.
Retengamos esto: Jesús reivindica derechos de un rey. Quiere que se entienda su camino y su actuación sobre los anuncios del Antiguo Testamento, que se hacen realidad en Él. El Antiguo Testamento habla de Él, y viceversa: Él actúa y vive de la Palabra de Dios, no según sus propios deseos. Su exigencia se funda en la obediencia a los mandatos del Padre. Jesús camina por la senda de la Palabra de Dios. La referencia a Zacarías 9,9 excluye una interpretación revolucionaria de su realeza: Jesús no se apoya en la violencia, no emprende una revuelta contra Roma. Su poder reside en la pobreza de Dios, en la paz de Dios.

Volvemos al relato del Evangelio. Cuando llevan el burrito, los discípulos echan sus mantos encima del burrito. Marcos dice simplemente que “Jesús montó”, Lucas escribe: “Le ayudaron a montar” (19,35). Este detalle remite al 1 Reyes 1,33s: El rey David ordena al sacerdote y al profeta: “Hagan montar a mi hijo Salomón sobre mi mula… y lo ungirán… rey de Israel”. También el echar los mantos tiene su sentido en la realeza de Israel (2Reyes 9,13). Lo que hacen los discípulos es un gesto de entronización del Rey con la esperanza del Mesías, hijo de David. Los peregrinos que han venido con Jesús a Jerusalén se dejan contagiar por el entusiasmo de los discípulos; alfombran con sus mantos el camino y cortan ramas de los árboles y gritan palabras del Salmo 118, una oración de la liturgia que en sus labios se convierte en una proclamación del Mesías: “¡HOSANNA! ¡BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR! ¡BENDITO EL REINO QUE VIENE, EL DE NUESTRO PADRE DAVID! ¡HOSANNA EN LAS ALTURAS!” (Marcos 11,9s; Salmo 118,25s).

Esta aclamación la han trasmitido LOS CUATRO EVANGELISTAS y la liturgia cristiana ha acogido este saludo, interpretándolo a la luz de la fe pascual de la Iglesia. La exclamación “¡HOSANNA!” era originalmente una súplica “¡Ayúdanos!”. En la fiesta de las Chozas monótonamente se repetía para implorar la lluvia. Pero, así como esa fiesta se transformó de súplica en una fiesta de alegría, la exclamación se cambió en grito de júbilo. “¡Hosanna!” la expresión de la esperanza de que hubiera llegado la hora del Mesías. La palabra del Salmo 118 “Bendito el que viene en el nombre del Señor” perteneció a la liturgia para recibir a los peregrinos a la entrada de la ciudad o del Templo. Luego adquirió un sentido mesiánico. Es la alabanza a Jesús que viene en nombre de Dios como el Esperado y el Anunciado. También el BENEDICTUS fue incluido pronto en la liturgia. Para la Iglesia el DOMINGO DE RAMOS no era cosa del pasado; es presencia. Así como el Señor entró en la Ciudad Santa, así la Iglesia lo veía llegar siempre bajo la humilde apariencia del pan y del vino en cada EUCARISTÍA.

Pidamos entonces al Espíritu Santo la luz para entender si Jesús, verdadero Dios y Rey de reyes entró a Jerusalén en un burrito, y se rebaja al hacerse presente en la Eucaristía con su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad, nos invita a pedir el don de la HUMILDAD. Para crecer en la humildad nos ayuda mucho reconocer nuestros pecados y confesarnos. El Papa Francisco nos invita a recibir el Sacramento de la Reconciliación y así saborear la infinita Misericordia de Dios. De ésta manera colaboramos para que termine ésta pandemia y toda separación en el mundo y en nuestro país. También declaró este año un AÑO SANTO en honor a SAN JOSÉ y en su fiesta el AÑO SANTO de la FAMILIA. Cada día podemos conseguir las indulgencias para nosotros o por las almas de los seres queridos difuntos. Hay que confesar, comulgar y rezar por la Iglesia y el Papa.

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe en esta SEMANA SANTA. Amén.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones CEB

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