Evangelio del Día: QUIEN ME RECHAZA A MI, RECHAZA AL QUE ME HA ENVIADO
1 de octubre de 20201, celebramos la memoria de Santa Teresa del Niño Jesús y proclamamos el Evangelio según San Lucas 10,13-16. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti Sr. Jesús.
Queridos hermanos en Cristo ya estamos en el mes de octubre, mes de la MISIÓN, este año con el tema: Sinodalidad y Comunión.
El mensaje de hoy dice: QUIEN ME RECHAZA A MI, RECHAZA AL QUE ME HA ENVIADO
Con graves expresiones recrimina Jesús a las tres ciudades incrédulas de Galilea donde había realizado muchísimos milagros, Corazaín, Betsaida y Cafarnaúm. Estas son más culpables que Sodoma, Tiro y Sidón porque no han tenido noticias de Jesús. Dios le envió a Él, y Él, a su vez ha enviado a sus discípulos. Rechazar a estos equivale a rechazar al Enviado de Dios, y aún al mismo Dios.
Hoy conmemoramos a Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia. Con trece años recibió la gracia de su conversión y con quince años entró al Carmelo de Lisieux. Ella irradia tanta fortaleza y grandeza de espíritu como humildad y dulzura en su acto de ofrenda al amor misericordioso, en su fidelidad en medio de las tinieblas espirituales y en su obediencia. Al morir 1897 exclamó: “¡Oh, le amo, Dios mío, te amo!” Escribió en su diario: “Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de San Pablo, para tratar de hallar una respuesta.
Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo Apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, pero no suficiente para satisfacer mis deseos. Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Aspirad a los dones más excelentes; yo quiero mostraros un camino todavía mucho mejor. El apóstol hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad. En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor”. Amar a Cristo crucificado como nadie lo amó antes era su deseo. No cayó en el pecado de soberbia porque era consciente que ella no podía hacer nada. Todo es gracia. Decía: “Soy demasiado débil para subir arriba como mi Madre Teresa de Jesús. Tomaré el ascensor, los brazos de Jesús”. Si un niño levanta sus brazos delante de una persona mayor, será levantado. Con sus oraciones y penitencias quería ayudar a un sacerdote amigo misionero en el África para que no se canse; y consiguió la conversión de un famoso criminal renuente antes de ser ejecutado, salvando su alma. Ella es, junto con San Francisco Xavier, patrona de las misiones.
Este mes de octubre invita el Papa a orar por la Evangelización: que cada bautizado participe en la evangelización como discípulo misionero a través de un testimonio de vida. Nos unimos al pedido del Papa Francisco regalando a la Madre cada día un ramo de rosas al rezar en todas nuestras intenciones el SANTO ROSARIO, también por los afectados por el covid-19 y sus familias, y para los que lloran la muerte de una persona amada. Oremos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

