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Evangelio del Día: NO HA NACIDO UNO MÁS GRANDE QUE JUAN EL BAUTISTA

9 de diciembre 2020, jueves de la segunda semana de Adviento proclamamos el Evangelio según San Mateo 11,11 – 15. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

NO HA NACIDO UNO MÁS GRANDE QUE JUAN EL BAUTISTA
Jesús en el pasaje del Evangelio de hoy elogia al Bautista: “Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie más grande que Juan Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él” (v. 11). La segunda parte de este texto es explicado de distintas formas. En lugar de decir “más pequeño” se puede traducir “el menor” o “el más joven”. En tal caso, Jesús estaría hablando de sí mismo y, entonces, el sentido del texto sería: “Juan Bautista es el más grande de los profetas pero yo, que soy más joven, soy el mayor, porque conmigo viene el Reino de los Cielos”. En otras palabras: Los Israelitas recibieron de Dios la Primera Alianza con la Ley dado por Moisés, los profetas y las demás Escrituras, y eso fue un gran don de la gracia de Dios. Pero un don aún mucho más grande es la Nueva y Eterna Alianza en la que por el Bautismo llegamos ser hijos de Dios y, en la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, nos une con Jesucristo mismo. Esta explicación nos ayuda a darnos cuenta del gran privilegio que tenemos, ser parte del Cuerpo místico de Cristo.

La segunda parte escuchábamos, algo muy frecuente en la tradición de los Evangelios, y es acerca del que tenga oídos, que oiga (v.15). Al estilo de algunos profetas que se refieren a la gente que tiene oídos, pero no oye (Isaías 6,9; Jeremía 5,21), su sentido básico no es el de oír en cuanto tal, sino el de entender, en la perspectiva de creer y llevar a la práctica. En otras palabras: El que quiere escuchar que entienda y actúe como Dios manda.
Pidamos a Dios un corazón atento, vigilante y dócil a su palabra y la fuerza de hacer la voluntad del Padre como Jesús y su Madre, la Virgen María. Sigamos meditando en el SANTO ROSARIO los misterios de nuestra fe y pedimos al Espíritu Santo que toque los corazones de los pecadores y también los nuestros; además nos unimos con nuestro Papa Francisco que en este mes de diciembre pide orar por los Catequistas, que están llamados a proclamar la Palabra de Dios. Que lo hagan con valentía, creatividad y con la fuerza del Espíritu Santo. Pidamos también por los afectados por el covid-19 y sus familias, y para los que lloran la muerte de una persona amada.

Hoy conmemoramos a San Juan Diego, el confidente de la dulce Señor del Tepeyac, de una noble estirpe. Su nombre indígena significa “él que habla con un águila”. Nació por el año 1474 en la actual Ciudad de México. A él se apareció la Virgen de Guadalupe el 9 y 12 de diciembre de 1531. Murió el 30 de mayo de 1548. Beatificado y canonizado por San Juan Pablo II por su gran fe, entrega y obediencia a la Virgen y al Evangelio.
Oremos: “Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti. En prueba de mi filial afecto te consagro en éste día, mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame, defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.” “¡Ven, Señor Jesús! Pronto por favor, te necesitamos”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo resp, de Misiones CEB

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