Evangelio del Día: «Se va llamar Juan»
Prensa CEB 23.06.22. 23 de junio 2022, adelantamos la SOLEMNIDAD del NACIMIENTO de SAN JUAN BAUTISTA y proclamamos el Evangelio según San Lucas 1, 57 – 66.80. Gloria a ti, Señor.
SE VA A LLAMAR JUAN
1. Hoy estamos celebrando con mucha alegría las vísperas de la SOLEMNIDAD del NACIMIENTO SAN JUAN BAUTISTA, un verdadero profeta, el “hombre más grande nacido de mujer”. La Iglesia celebra el nacimiento solamente de Nuestro Señor Jesucristo, de la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, y del Precursor, del Bautista, que se llenó “de Espíritu Santo ya en el vientre materno”. Su nacimiento causó gran alegría, tanto para sus ancianos padres como para los vecinos y toda la montaña de Judea. Es el día en que la Iglesia pide “el don de la alegría espiritual” (oración de la misa). San Juan convirtió “muchos israelitas al Señor, su Dios… preparando bien al pueblo para el Señor”.
2. El precursor de Cristo nació en Judea seis meses antes que naciera Cristo. San Lucas en el primer capítulo de su Evangelio relata su milagroso nacimiento anunciado por el Arcángel Gabriel a su padre, el sacerdote Zacarías, al oficiar en el Templo de Jerusalén; hombre anciano casado con Isabel, una pariente cercana de la Virgen Madre de Dios, anciana y mujer estéril. Ambos sufrieron por no haber conocido hijos, pero sirvieron al Señor con todo el corazón. El Ángel dijo también el nombre dado por el cielo, “JUAN”, y anunció: “muchos se alegrarán de su nacimiento”. Su padre Zacarías, inspirado por el Espíritu Santo, proclamó que sería “profeta del Altísimo, porque irá delante del Señor para preparar sus caminos” (Lucas 1,76). Como hijo de sacerdote, Juan era sacerdote, y recibió una esmerada educación en la Sagrada Escritura.
3. Siguiendo su vocación profética extraordinaria, Juan se retiró desde joven al desierto, donde llevó una vida de gran austeridad: vestía piel de camello, se alimentaba de langostas y miel silvestre y, sobre todo vivía entregado a la oración. Hacia el año 27 comenzó a predicar la conversión a Dios, no solo a los pecadores públicos, sino también a los que se consideraban intachables, como los fariseos y maestros de la Ley. “¡Conviértanse, porque está llegando el Reino de los Cielos!” (Mateo 3,2). Las muchedumbres de Judea y Jerusalén, como también discípulos de Juan de Galilea, acudían a escuchar su predicación y, en señal de su sincera conversión, se hacían bautizar; recibían de manos de San Juan una inmersión en las aguas del Jordán, como signo de morir al hombre viejo y, al salir del agua, recibir de Dios el perdón de los pecados. El bautismo de Juan comportaba la confesión pública de los pecados.
4. También Jesús fue a recibir el bautismo por San Juan. Este, iluminado por el Espíritu Santo, lo reconoció como Mesías, el Hijo de Dios, y por eso se negaba a atenderlo: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” San Juan se dio cuenta que él mismo necesita del perdón de Dios. Pero el Hijo de Dios: ¿Acaso tiene pecado? ¿Qué cambio de vida debería realizar?. Sin embargo, Jesús insiste diciendo: “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan lo permitió” (Mateo 3,15). San Lucas aclara que Jesús fue bautizado “mientras permanecía en oración”. En todo su Evangelio San Lucas presta una viva atención a la oración de Jesús, y lo presenta como Aquel que está constantemente en diálogo con su Padre. Lo que Jesús decía “cumplir toda justicia”, se puede entender recién desde la Cruz y la Resurrección. Cristo, en su bautismo por San Juan, había cargado con la culpa de toda la humanidad. Al iniciar su vida pública tomando el puesto de todos los pecadores. En otras palabras, inicia con la anticipación de la Cruz. Su bautismo es la aceptación de la muerte por los pecados de la humanidad.
5.»En cuanto Jesús fue bautizado y salió del agua, de inmediato se abrieron los cielos, vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y descendía sobre Él. Entonces una voz que salió de los cielos dijo: “¡Este es mi Hijo amado, en quien me complazco!” Esto es una referencia a la obediencia del Hijo de Dios que nos consigue esta una revelación de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
6. Juan Bautista se sintió en el colmo de la felicidad: el Mesías tan deseado y esperado, el Hijo de Dios, se había manifestado ante sus ojos, y Dios Padre y el Espíritu Santo lo habían confirmado. Varios de sus discípulos, testigos del acontecimiento transcendental, como Andrés, Simón, Juan, Felipe, Natanael siguieron a Jesús. Otros discípulos de Juan querían proclamar al propio Bautista como Mesías. Él, hombre humilde, se negó rotundamente: “Es necesario que yo disminuya y que Jesús crezca” (Juan 3, 30).
Juan Bautista permaneció firme en predicar la verdad, el arrepentimiento y la conversión a Dios hasta al mismo rey Herodes Antipas, recriminándolo por vivir en adulterio con la esposa de su hermano. Ella, ciega de furor, logró que Herodes, en la borrachera de sus cumpleaños y seducido por el baile sensual de la hija de esta, mandara decapitar a Juan Bautista. Su muerte conmemoramos cada 29 de agosto.
7. Juan Bautista murió por proclamar la necesidad de la penitencia y la conversión, sin la cual es imposible reconocer a Cristo como el Hijo de Dios, que ha venido para morir en la Cruz para el perdón de nuestros pecados. Esto sería también la solución más segura para la pandemia: dar a Dios su lugar que le corresponde para que pueda desplegar su poder como en Egipto y en Babilonia en tiempos del Antiguo Testamento y en la época de la peste negra en la edad media, en Lepanto (1571), delante de Viena (1680), durante la Segunda Guerra Mundial al proteger Portugal y, después de la guerra, al liberar Austria del comunismo.
8. Meditemos los misterios de nuestra fe en el Santo Rosario regalando a la VIRGEN MARÍA, un ramo de rosas y pidiendo la conversión de nosotros, de todos los pecadores y la de Rusia; oremos por Ucrania, que sigue sufriendo la agresión brutal del país vecino; que termine la otra guerra silenciosa contra los inocentes en el aborto; que acabe la pandemia, todas las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal.
El Papa Francisco nos pide orar al Espíritu Santo por el proceso del SÍNODO que nos conduzca a la unidad en Cristo y que no nos desviemos del camino de la verdad y la justicia; y que en este mes de junio oremos por las familias cristianas de todo el mundo, para que, con gestos concretos, vivan la gratitud del amor y la santidad en la vida cotidiana.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! La Bendición de Dios, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, les acompañe hoy y siempre. Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Mons. Adolfo Bittschi

