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El Pueblo de Dios requiere formación misionera

Una característica de los discípulos de Jesús, es que caminaban junto a Él, le seguían y aprendían en la convivencia diaria. En el trayecto que recorrían de pueblo a pueblo, en las onversaciones que sostenían y las preguntas que surgían, Jesús les enseñaban con explicaciones sacadas de la vida y de las Escrituras (Mc 4,34). Jesús les encomienda al Espíritu Santo para que les ayude a llegar a la verdad plena y les haga comprender sus enseñanzas: “Muchas cosas me quedan por decirles, pero ahora no pueden comprenderlas” (Jn 16,12). La acción del Espíritu continúa después de la Resurrección de Jesús, así el Apóstol san Pablo anunciando y enseñando sobre Jesús muerto y resucitado crea comunidades de fe en diferentes lugares (Hch 11,11-14; 13,2;16,7).

Los discípulos se formaron y aprendieron a ser misioneros en la vida; aprendieron de Jesús el misionero “que el Padre consagró y envió al mundo” (Jn 10,36). Con Jesús conformaron una comunidad misionera que anunciaba el Reino a través de sus enseñanzas y su testimonio de vida; y fueron enviados por Jesús, con la fuerza del Espíritu Santo (Jn 20, 21-22).

Luego de la Ascensión de Jesús la comunidad de discípulos siguió aprendiendo, así se testimonia en la población de Antioquía (Hch 11,19-26; 13,2-3) y en el Concilio de Jerusalén, donde surgió la tarea de emprender la misión a las naciones y resolver los problemas que surgían de forma participativa (Hch 15, 1-18).

Las primeras comunidades cristianas son el paradigma de evangelización porque vivían la comunión y la participación, estaban en permanente escucha del Espíritu Santo y de las personas y realidades que encontraban en el camino. Conjugaban de forma creativa la formación y celebración, la escucha y el anuncio, el discipulado y la misión.

El Pueblo de Dios requiere una formación misionera que les capacite para concientizarse de su responsabilidad de su ser misionero a partir del bautismo recibido y capacitarse para tener mayor incidencia al a la misión. De modo especial, esta formación misionera debe impartirse a los responsables y animadores de la comunidad. “A esta formación están llamados los sacerdotes y sus colaboradores, los educadores y profesores, los teólogos, particularmente los que enseñan en los Seminarios y en los centros para laicos” (Redemptoris missio 83).

Actualmente la formación misionera necesita profundizarse por los nuevos desafíos teológicos y pastorales que han surgido en el camino evangelizador de la Iglesia, el reto de llegar a las culturas y religiones no cristianas, los nuevos areópagos, nuevos ámbitos de la misión, la responsabilidad misionera que conlleva el anunciar la Buena nueva en estos nuevos espacios. Temas como el ecumenismo, la inculturación, que son los contenidos de los documentos principales del Magisterio de la Iglesia como la: Ad Gentes, Evangelii Nuntiandi, Redemptoris Missio y Evangelii Gaudium.

No se puede perder de vista que la misión tiene su punto de partida en Dios, que ha enviado a su Hijo hecho hombre por obra el Espíritu Santo. Por lo que la formación misionera debe tener como punto central las Sagradas Escrituras ya que el apóstol ha sido llamado para un encuentro personal con Cristo (Mc 3,13-14; Jn 1,39), que se convierte en seguimiento evangélico (Mt 4,19-22; Mc 10,21-31), para compartir su misma vida (Mc 10,38) y continuar su misma misión (Jn 20,21).

Es necesaria una formación misionera actualizada sobre temas concretos: las bases bíblicas de la misión, la reflexión teológica de la experiencia misionera de los pueblos, la historia del caminar misionero de la Iglesia en el mundo y en particular en nuestro continente, y la acción pastoral que recoge la experiencia vivencial de las comunidades misioneras en las distintas jurisdicciones de nuestra Iglesia.

A su vez la formación debe integrar temas tan importantes como: el diálogo interreligioso, la inserción del Evangelio en las culturas (inculturación), la religiosidad popular, los nuevos movimientos religiosos… Cada uno de estos campos necesita una metodología y unos
medios adecuados, no solamente teóricos, sino de modo especial a partir de la experiencia vivida.

La formación misionera debe ayudar a ser discípulos misioneros conscientes de lo que están llamados a ser y a dar a partir del testimonio de vida en el propio ambiente y más allá, llegando a las fronteras geográficas y existenciales. Es necesario formarse como discípulos misioneros, no solo terminando un curso o varios de misionología, sino que se trata de llegar a una experiencia de vida, donde el encuentro con Jesús sea el elemento fundamental que no puede faltar y que debe animar en todo momento el compromiso misionero.

Sección: Caminar Misionero
Autor: Leonardo Javier Silva Aparicio

Foto Archivo OMP Cbba

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