Mons. Bittschi: “Jesús dirige su Palabra liberadora y sanadora”
Este domingo 8 de septiembre, domingo 23 (ciclo B) durante el año litúrgico, proclamamos el Evangelio según San Marcos 7, 31 – 37. “TODO HA HECHO BELLO: HACE OÍR A LOS SORDOS Y HABLAR A LOS MUDOS”, tituló su homilía dominical Mons. Adolfo Bittschi, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre y director Nacional de Obras Misionales Pontificias.
El Evangelio de este Domingo relata como Jesús sanó a un sordomudo, “este hombre que no podía ni escuchar ni hablar es, a la vez, un símbolo de nosotros. Cuántos No escuchamos la Palabra de Dios con el corazón ni hablamos con Dios. Es que para eso necesitamos la gracia de Dios”, Mons. recordó que en el rito del “Bautismo” el sacerdote toca los oídos y la boca de los bautizados para capacitar el diálogo con Dios.
Dijo que las curaciones que Jesús realiza, demuestran que en Él se cumplen las profecías del Antiguo Testamento: “Dios mismo viene en la persona de Jesús a sanar y salvar a su Pueblo”, dijo que llama la atención que el Señor realizó tales gestos y signos también en el territorio de los paganos, en Tiro, Sidón y la Decápolis: “Allá había liberado la hija endemoniada de una mujer pagana por su gran fe. El sordomudo del Evangelio de hoy es el representante del paganismo. El paganismo existe también hoy dentro del Pueblo de Dios: sordo a la Palabra de Dios, y mudo por ser incapaz de alabarlo. Felizmente Jesús no rechaza al sordomudo, como tampoco había rechazado a la mujer pagana y el pagano dentro de nosotros, sino que a todos dirige su Palabra liberadora y sanadora”, sostuvo.
En la oportunidad recordó la Fiesta de la Natividad de la VIRGEN MARÍA, compartiendo que en Sucre festejan a María como nuestra Patrona con la advocación de “Virgen de Guadalupe” de quien nos cuenta como inició esta veneración: “Esta advocación viene de Extremadura, España, donde había un convento de religiosos Jerónimos del siglo XIV. A fines del año 1598 toman la decisión de mandar frailes al Nuevo Mundo para propagar la devoción de su patrona fundando cofradías y recoger limosnas para solventar los gastos de los hospitales y enfermerías, donde se atendía gratuitamente a los pobres. Uno de los enviados fue Fray Diego de Ocaña, diestro pintor. El 3 de enero de 1599 parten de Extremadura para embarcarse. De casi dos meses de viaje por mar desembarcan en el actual Puerto Rico. En mayo llegan a Panamá y tienen que cruzar el istmo por tierra en un clima infernal; muchos murieron en el camino. En agosto parten hacia el Perú. Los primeros días de septiembre desembarcan en Perú. Son alojados en el convento de La Merced y después de una corta enfermedad muere Fray Martín de Posada. Fray Diego sigue su camino solo. El 23 de octubre de 1599 llega a la Ciudad de los Reyes, hoy Lima. Ante el Arzobispo Toribio de Mogrovejo presenta las Cedulas Pontificias y Reales y consigue el permiso para la conformación de las cofradías. Mientras se conformaban estas, pinta para ellos una imagen de la “Virgen de Guadalupe de Extremadura”, que se venera hoy en la iglesia de Santa Teresita. Y el 18 de julio de 1600 ingresa a la Villa Imperial y se alojó en el convento de Santo Domingo. Una pareja de extremeños lo atiende en su delicado estado de salud y lo salvaron la vida. Recuperado manda sus credenciales al Obispo de La Plata. Mientras tanto pinta otra imagen de la Virgen de Guadalupe. El Obispo Don Alonso Ramírez de Vergara, oriundo de Extremadura, le invita a pintar otra imagen similar para su ciudad. Fray Ocaña llega el 10 de octubre de 1601 a La Plata. Al día siguiente celebra la Santa Misa a las 9 de la mañana en la Catedral, cuando vino un temblor. Parecía que se caía la Iglesia. La gente corría asustada hacia las puertas. Fray Diego exclamó: “¡Virgen de Guadalupe, favorecednos!”. En ese momento cesó el sismo. Fue uno de los primeros milagros que hizo la Virgen en Sucre. La gente empezó a tener devoción a la Virgen de Guadalupe. En diciembre de 1601, la imagen estaba terminada, pero era necesario guarnecerla con perlas y piedras preciosas. El pueblo fue muy generoso y donó joyas valiosas para la “Madre de Jesús”. También el Obispo Vergara aportaba su pectoral de esmeraldas. La entronización de la Virgen de Guadalupe fue el domingo después de la Solemnidad de Epifanía en el año 1602”.
Finalmente Mons. Bittschi pidió rezar por la intención del Papa en este mes de septiembre y que los seres humanos podamos escuchar el clamor de la Tierra y ser solidarios con las víctimas de las catástrofes naturales, pidiendo una vez más que como cristianos podamos cuidar el mundo que habitamos.

