Fray Vicente Bernedo, un hombre de fe que evangelizó en Bolivia
Hoy te contamos la historia del Padre Vicente Bernedo, un hombre de fe que recorrió los caminos más duros de Sudamérica para llevar el Evangelio, fue enviado a Bolivia donde se dedicó a la evangelización y apoyo a los más necesitados, enfrentó climas extremos y grandes distancias siempre con humildad en su labor en el altiplano.
Le dicen el santo de los mineros, estaba a cargo del convento potosino de Santo Domingo, aprendió quechua para poder asumir el ministerio pastoral, predicaba donde podía, fundó cofradías del Rosario y del nombre de Jesús; su misión no conocía frontera. Con gran modestia se acercaba a las personas en el camino les preguntaba sobre su vida y les ofrecía un mensaje de esperanza y salvación.
El padre Bernedo falleció el 19 de agosto de 1619 en Potosí Bolivia, sus restos descansan en el templo de Santo Domingo; la Iglesia ha iniciado su proceso de beatificación por su vida ejemplar y los milagros que se le atribuyó.
A continuación su vida relatada en el Anexo 4 de la Cartilla de Animación del DOMUND 2024.
Fray Vicente Bernedo O.P., conocido como el “Apóstol de Charcas,” nació el 1 de febrero de 1562 en Puente la Reina, Navarra, España. Hijo de Juan de Bernedo e Isabel de Albistur y Arrueta, fue bautizado en la parroquia del Señor de San Pedro. A los 16 años, ingresó a la Orden de Predicadores (Dominicos) en el convento de la Madre de Dios en Alcalá.
Bernedo se destacó por su fervor religioso y su dedicación a la enseñanza y predicación del evangelio. Fue enviado a la región de Charcas (actual Bolivia), donde se dedicó a la evangelización y al apoyo de los más necesitados. Su labor en el Altiplano le valió el título de “santo de los mineros”.

El padre Vicente Bernedo era tan venerado por su santidad que evitaba salir de su celda para no ser detenido en las calles por personas que querían besarle la mano y rendirle homenaje. Según el presbítero Juan de Cisneros Boedo, Bernedo prefería quedarse en su celda para evitar estas muestras de reverencia.
Por los años 1603 a 1606, probablemente, fue fray Vicente doctrinero de la parroquia de San Pedro, la más importante parroquia de naturales que en la zona del rancherío tenía el convento potosino de Santo Domingo. Hubo de aprender el quechua para poder asumir ese ministerio pastoral, con muy poca salud, y con una inclinación tan fuerte al silencio contemplativo ¿podría este buen fraile dejar su convento, o salir del marco estable de su doctrina de San Pedro, y partir a montañas y valles como misionero entre los indios? Así lo hizo, con el favor de Dios, largos años, alternando los viajes de misión con su labor docente
de profesor de teología. En efecto, a partir de 1606 y desde Potosí, fray Vicente salió a misionar regularmente, por el sur hasta el límite de los Lípez con la gobernación de Tucumán, por los valles sub andinos de la región de los Chibchas, y al este por la provincia de Chuquisaca, hasta la frontera con los chiriguanos.
Contra toda esperanza humana, anduvo, pues, en viajes muy largos, a través de alturas y climas muy duros y cambiantes. Y viajando siempre a lo pobre.
Predicaba donde podía, fundaba a veces cofradías del Rosario y del Nombre de Jesús en los poblados de indios y españoles, «y a veces -dice el mismo Martínez Quirós- se ponía junto al camino real y viendo que pasaba alguna persona se le llegaba a preguntar con toda modestia y humildad de dónde venía y del estado que
tenía, y conforme a lo que le respondía contaba un ejemplo, instruyéndoles en las cosas de Dios y de su salvación».
Falleció el 19 de agosto de 1619 en Potosí, Bolivia, y sus restos se conservan en el templo de Santo Domingo en esa ciudad. La Iglesia Católica ha iniciado el proceso de su beatificación debido a su ejemplo de vida y los muchos milagros que se le atribuyen.
El padre Bernedo, como sus santos hermanos mendicantes Luis Bertrán o Francisco Solano, aunque misionara entre los indios, llevaba su celda consigo mismo, y evangelizaba desde la santidad de su oración. Y esto lo mismo en la ciudad que en la selva o en las alturas heladas de la cordillera andina.
«𝓘𝓷𝓿𝓲𝓽𝓪𝓭𝓸𝓼 𝓪𝓵 𝓫𝓪𝓷𝓺𝓾𝓮𝓽𝓮, 𝓹𝓪𝓻𝓪 𝓼𝓮𝓻 𝓽𝓮𝓼𝓽𝓲𝓰𝓸𝓼 𝓭𝓮 𝓒𝓻𝓲𝓼𝓽𝓸»

