Mons. Bittschi: «El Señor presenta su opción de vida, no buscando ser servido sino serviendo a los demás»
Este domingo 20 de octubre de 2024, Domingo 29 (ciclo B) durante el Año Litúrgico, celebramos el DOMUND (Domingo Mundial de Misiones), y proclamamos el Evangelio según San Marcos 10, 35 – 45. En su mensaje dominicial Mons. Adolfo Bittschi, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre y director nacional de Obras Misionales Pontificias destacó algunos aspectos importantes de la evangelización, los cuales resultan particularmente actuales para todos nosotros como ser: «discípulos-misioneros de Cristo», donde mencionó la realización del Sínodo de la Sinodalidad que se lleva a cabo en Roma y que será una guía para el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo.
En la celebración de la eucaristía desde la Catedral de la Arquidiócesis de Sucre, Mons. Adolfo pidió “oración y sacrificio” en el mes de las misiones, y recordando a la patrona de las misiones, Santa Teresita del Niño Jesús, recordó que la santa, con la ayuda de Dios y del Espíritu Santo, ha llegado a ser la patrona de la misión.
Recalcó que quien es grande en el Reino de los cielos, son las personas que confían mucho en Dios, se hacen pequeños y se ponen al servicio de los demás, se sacrifican por la misión y dan su colecta para las Diócesis más pobres. En este marco dio gracias a todos los misioneros por su labor evangelizadora y agradeció la generosidad de las colectas de este domingo celebración del DOMUND.
A continuación la homilía completa.
¿PUEDEN BEBER LA COPA QUE YO VOY A BEBER?
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
Hoy celebramos el DOMUND, el Domingo Mundial de las Misiones, para animar y seguir con la Misión que Jesús recibió de su Padre celestial y lo encomendó a sus Apóstoles y discípulos, y ahora a nosotros: hacer conocer el AMOR de nuestro Dios que envió a JESÚS para salvarnos.
En el Evangelio Jesús habla de las humillaciones y del maltrato que Él debe padecer para salvarnos, pero los discípulos están totalmente desubicados. Santiago y Juan, se acercan a Jesús para hacerle una petición. Jesús está dispuesto a escuchar su petición. Estos piden los puestos de honor y poder al lado de Jesús. Se ve que ellos comparten la expectativa triunfal acerca del Mesías que vendría a dominar el mundo y poner a Israel encima de todos los pueblos. La ambición de tener parte en la gloria de Jesús los ha cegado acerca del camino de la Cruz. Jesús les habla de “beber el cáliz y recibir el bautismo que él beberá y recibirá”. Tanto la copa que Jesús y sus discípulos deben beber como el bautismo con que ellos deben ser bautizados, son una clara referencia a la PASIÓN Y MUERTE. Jesús les invita a compartir su destino de la humillación. Ellos aceptan: «Podemos». Jesús termina asegurándoles que van a sufrir como Él, pero les niega el derecho a los puestos de honor porque de estos dispone DIOS PADRE.
La segunda parte del Evangelio describe la reacción de los otros Apóstoles: se llenaron de bronca y de envidia. Ante este conflicto, Jesús enseña sobre el sentido del poder y de la autoridad en la Iglesia. En primer lugar, Jesús describe cómo se ejerce la autoridad en el mundo, entre los poderosos y los que gobiernan: imponiendo su voluntad, abusando del poder. En segundo lugar, Jesús deja en claro que el ejercicio del poder y de la autoridad en la comunidad cristiana no puede parecerse al que rige en el «mundo». Al contrario, Jesús invita a cualquiera que tenga el deseo de ser grande a ponerse a servir a los demás. Esta invitación es respaldada por el ejemplo de Jesús: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10,45).
La Biblia nos enseña que Dios ha confiado al hombre parte de su poder para continuar su obra en la Creación y, que el hombre quiso tener el poder absoluto, sin depender de Dios, y terminó pecando y así trastornando el orden en la creación. Esta es la condición del hombre, herido por el pecado, que ejerce su poder en el mundo del modo en que Jesús mismo describe en el Evangelio de hoy: como sometimiento, como opresión, como dominio. Esta es también nuestra situación ante el poder. En nuestra naturaleza está – por el pecado original – el deseo de ser y poder más. En este sentido Jesús nos invita, como hizo a sus discípulos en el Evangelio, a aceptar nuestro deseo de querer ser grandes, de querer ser los primeros en el servicio. Pero nos advierte del peligro de caer en las redes de la soberbia que nos hace desear el poder desvinculado de Dios, lo cual termina, antes o después, en tiranía sobre los demás. Por eso Jesús nos enseña que el antídoto contra la soberbia del poder es la humildad que se expresa en el servicio. A la tentación de la búsqueda de privilegios y de dominio sobre los demás, el Señor presenta su opción de vida como una renuncia a este modo de poder, no buscando ser servido sino servir; no buscando dominar o poseer a los demás, sino entregando su vida por ellos; no buscándose a sí mismos, sino buscando el bien de los demás.
Al respecto, el Papa Francisco en el ángelus del 17 de octubre de 2021 dijo: “Miramos al Señor Crucificado, sumergido hasta el fondo en nuestra historia herida, y descubrimos la manera de hacer de Dios. Vemos que Él no se ha quedado allí arriba en los cielos, a mirarnos de arriba a abajo, sino que se ha abajado a lavarnos los pies. Dios es amor y el amor es humilde, no se eleva, sino que desciende, como la lluvia que cae sobre la tierra y trae vida. ¿Pero qué hay que hacer para ponerse en la misma dirección que Jesús, para pasar del emerger al sumergirse, de la mentalidad del prestigio, esa mundana, a la del servicio, la cristiana? Requiere compromiso, pero no es suficiente. Solos es difícil, por no decir imposible, pero tenemos dentro una fuerza que nos ayuda. Es la del Bautismo, de esa inmersión en Jesús que todos nosotros hemos recibido por gracia y que nos dirige, nos impulsa a seguirlo, a no buscar nuestro interés sino a ponernos al servicio. Es una gracia, es un fuego que el Espíritu ha encendido en nosotros y que debe ser alimentado. Pidamos hoy al Espíritu Santo que renueve en nosotros la gracia del Bautismo, la inmersión en Jesús, en su forma de ser, para ser más servidores, para ser siervos como Él ha sido con nosotros”.
El Papa puso como lema del DOMUND 2024: Vayan e inviten a todos al banquete (cf. Mt 22,9) Escribe: “Para la Jornada Mundial de las Misiones de este año he elegido el tema de la parábola evangélica del banquete nupcial (Mt 22,1-14). Después de que los invitados rechazaron la invitación, el rey, protagonista del relato, dice a sus siervos: «Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren» (v. 9). Reflexionando sobre esta palabra clave, en el contexto de la parábola y de la vida de Jesús, podemos destacar algunos aspectos importantes de la evangelización, los cuales resultan particularmente actuales para todos nosotros, discípulos-misioneros de Cristo, en esta fase final del itinerario sinodal que, de acuerdo con el lema “Comunión, participación, misión”, deberá relanzar a la Iglesia hacia su compromiso prioritario, es decir, el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo.
Hoy se recuerda a Santa Irene, Virgen, nació en Portugal en el año 635. Fue asesinada a sus 18 años por un pretendiente rechazado, que quería violarla. En Tréveris celebran a San Wendelin, príncipe, que dejó su herencia para vivir como ermitaño y a quién eligieron luego como Abad. En Sucre celebramos el Aniversario de la Dedicación de la Catedral Primada de Bolivia que fue construida entre los años 1551 y 1712 con el título: “Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción”.
Estamos en el mes de la MISIÓN y del SANTO ROSARIO; este año también mes del SÍNODO en Roma. La intención del Papa es orar por el SÍNODO y por una Misión compartida entre Sacerdotes, Religiosos y Laicos. Estamos a la vez con la campaña “40 DÍAS POR LA VIDA” orando y ayunando para salvar las dos vidas, la de la madre que piensa abortar y la de su bebé. Meditemos, queridos hermanos, los misterios de nuestra fe regalando a nuestra Madre un ramo de rosas con el Santo Rosario pidiendo la conversión de nosotros, de todos los pecadores y de Rusia como pidió la Virgen en Fátima; oremos por Bolivia, Ucrania, Tierra Santa, Lebanon, Siria, Irán, Cuba, Nicaragua, Venezuela, y donde hay conflictos violentos; que acaben todas las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y les bendiga el Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.


