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Mons. Bittschi: Confianza y valor en la evangelización y misión

https://catolicatvsucre.blogspot.com///Proclamamos el Evangelio según san Mateo 10, 26 – 33.Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. 

          
Queridos oyentes, hoy seguimos con la exhortación a profesar la fe y dar la cara para Jesús.El Evangelio de este domingo inicia con una palabra de animación tanto para sus apóstoles como para nosotros: “No tengan miedo”, es como un estribillo en este pasaje del evangelio que se repite tres veces. Esta palabra del Señor da en el blanco de nuestra situación de la pandemia, hasta me atrevo de decir que acierta a nuestra época caracterizada por el miedo. Jesús se explica: “No tengan miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse”. Alguna explicación asusta cuando se refiere solamente al juicio final. En aquel momento vale también, “No tengan miedo” porque si de todos sus pecados se han confesado, todo está olvidado. En esta perícopa, sin embargo, se refiere a la enseñanza de Jesús. Su mensaje no debe quedar en secreto, no se puede ocultar por miedo a la persecución. Y ningún poder humano, sea político, religiosos, militar o ideológico lo puede destruir. Hay que gritar el Evangelio desde las azoteas como lo hizo Pedro el día de Pentecostés o Pablo en Atenas en la plaza. En términos actuales: el Evangelio hay que hacer presente en los nuevos medios de comunicación con un nuevo ardor, con el entusiasmo del Espíritu Santo, aunque se rían de nosotros como de Pablo en Atenas.

Cristo nombra cuatro motivos para tener confianza y valor en la evangelización y misión. 
Primero: En el peor caso, los enemigos nos pueden quitar la vida terrena, pero de ninguna manera la vida eterna. Esa está asegurada para el seguidor de Cristo. Los miles y miles testimonios de los mártires lo confirman. 
Segundo: la confesión valiente delante de los hombres tiene como consecuencia la confesión de Cristo en favor nuestro delante del Padre (v.32). El testigo de Cristo será humillado en la tierra delante de los hombres, pero al final Cristo lo coronará como vencedor.
Tercero: quién sufre ataques, reveses, tentaciones o está perseguido por anunciar a Cristo está en el camino de la cruz que termina con la resurrección. “El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí…el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí”.
Cuarto: En los enviados está Cristo mismo presente. Por eso quién recibe a un mensajero de Jesús o le alcanza un vaso de agua, lo hace con el Señor y recibirá su recompensa. 

Tenemos el conmovedor testimonio de San José Sánchez del Rio, joven mexicano, que con sus 13 años fue de ayudante a los cristeros que defendían la Iglesia contra el gobierno, enemigo de la fe cristiana. Su madre trató de disuadirlo, pero él le dijo: “Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión”. José insistió mucho y por fin fue admitido. Su alegría animaba los momentos tristes de los combatientes. En las noches dirigía el rezo del santo Rosario. En la guerra no llevaba arma sino el estandarte de la Virgen de Guadalupe. Cuando un día el caballo del general cayó muerto por un balazo, Joselito brinco del suyo y lo entregó al general diciendo: “Usted es más necesario. A mí me pueden matar no importa”. Lo tomaron preso y lo torturaron cruelmente para que renuncie de su fe en Cristo, pero se mantuvo firme. 

Escribió desde la cárcel una carta a su madre: “Mi querida mamá: Fui hecho prisionero en combate en este día. Creo que voy a morir, pero no importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios. No te preocupes por mi muerte… haz la voluntad de Dios, ten valor y mándame tu bendición juntamente con la de mi padre…” El 10 de febrero 1928 desollaron los pies con cuchillo y luego lo hicieron caminar hasta el cementerio. Le querían hacerlo apostar, pero José gritó “¡Viva Cristo Rey!”, “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”. Junto a su tumba lo apuñalaron. A cada puñalada gritó de nuevo: “¡Viva Cristo Rey!”, “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”. Bañado en su sangre cayó adentro. Sin ataúd, sin mortaja recibió las paladas de tierra mientras su alma volaba al cielo. Papa Francisco lo canonizó el 16 de octubre del 2016.    

Oremos:“Señor Dios, que otorgaste la palma del martirio a San José Sánchez del Rio, al profesar y defender con su sangre la fe en Cristo Rey del universo.    Concédenos por su intercesión, alcanzar la gracia de ser como él, fuerte en la fe, seguros en la esperanza, y constantes en la caridad.  Por Cristo Nuestro Señor. 

Recordando el testimonio del martirio de este valiente adolescente, José Sánchez, me causa escalofrío. Lo grave es que siguen las persecuciones por cuestiones de fe. Así que dar la cara por Jesucristo puede ser incómodo y hasta peligroso.
Nosotros que no estamos en peligro de muerte como cristianos en Corea del Norte por el dictador, o en los países musulmanes donde la conversión a Cristo cuesta la cabeza como en Afganistán, Pakistán e Irán, o perseguidos y matados por los fanáticos en la India y Nigeria, estamos llamados a orar siempre por estos nuestros hermanos y pedirles la fuerza del Espíritu Santo como lo tenía el jovencito José Sánchez de México.

Hay situaciones sencillas y diarias donde podemos poner la cara para Jesús. Conozco familias que saben bendecir la mesa cada día, pero cuando viene visita se callan. Otros cuando almuerzan a un restaurante no quieren “llamar la atención” al rezar antes de servirse, disculpando así su miedo. Otros acostumbran ir a misa día Domingo, pero lo dejan cuando vienen familiares y no se atreven de invitarles  para ir juntos. Cuántos van con la corriente que la religión es cosa privada. Monseñor Juárez reiteradas veces hizo recuerdo del artículo 18 de los Derechos Humanos donde dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad… de manifestar su religión,… tanto en público como en privado”. Se dan cuenta como nos obligan en la actual situación de respetar decretos humanos encima de los mandamientos de Dios. 

Seguimos orando según el Papa para aquellos que sufren, que encuentren caminos de vida, dejándose tocar por el Corazón de Jesús.

Santa Nazaria Ignacia escribió: “Tuya siempre en el dolor, en el sacrificio, en todo se halla tu voluntad santísima; quiero sólo amarte y darte gloria». ¡Corazón Santísimo de mi Jesús! (Del libro de la Hermana Ana María Gutiérrez MCI sobre la espiritualidad eucarística de Nazaria Ignacia, p.61)El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios uno y trino, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompaña en este domingo.

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