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«San Benito el que expulsó tantas veces a satanás»

Homilía 11 de julio 2020, sábado, recordamos a San Benito y proclamamos el Evangelio según san Mateo 10, 24 – 33. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

NO TENGAN MIEDO A LOS QUE MATAN EL CUERPO

San Benito, el “bendito”, es el Patriarca de los monjes en occidente. Nació el año 480 en Norcia/Italia. Estudió en Roma. Rompió con el mundo perverso de su época. Fundó la orden religiosa de los Benedictinos con el lema ORA ET LABORA, orar y trabajar. Con su oración y trabajo manual e intelectual pusieron la base de la cultura de Europa y levantaron ese continente. San Benito murió 557 en Monte Cassino, primer convento de los monjes Benedictinos. San Benito sigue famoso por haber expulsado tantas veces a satanás y sigue ayudando por su cruz y medalla para luchar y vencer a satanás y los demonios.

Pasamos al Evangelio del día. Jesús pone en claro su relación con sus discípulos. Lo hace usando términos de su tiempo: Señor y esclavo. Queda claro la superioridad del Hijo único de Dios y la subordinación de los discípulos, seres humanos. El profeta Juan Bautista entendió la subordinación perfectamente y dijo: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Juan 3, 30). A Santa Catalina de Siena decía Jesús: “Yo soy el que existe, Tú no eres nada” y por eso te amo. Jesús reclama la soberanía absoluta. La fe en Él no es una opción entre varios. Dios es el Señor y dueño y exige obediencia estricta para poder liberarnos del dominio de satanás. Contra esta exigencia exclusiva, se rebela la voluntad humana buscando “la emancipación”, es decir salir de las manos de Dios. Detrás está el orgullo de querer ser como Dios y poner las reglas no como Dios quiere sino como “Yo quiero”. Induce a esta rebelión satanás que su lema es: “No quiero servir”. Sin embargo la rebelión contra Dios lleva a la esclavitud del pecado bajo el yugo de satanás. Esto vale tanto para personas individuales como para grupos de poder. Al contrario, la obediencia a Dios y la subordinación a nuestro Creador trae la verdadera libertad.

Esta exigencia exclusiva es parte de la vida humana. Por ejemplo el matrimonio. Los esposos, para contraer matrimonio, deben jurar fidelidad. Si juran, pero no quieren cumplir y lo dicen así, este matrimonio no llega a ser válido; sería nulo. Sin embargo una infidelidad después de la celebración con buena intención no afecta la validez. Y se necesita perdón, reconciliación y sanación.

En este mes recordamos la fundación de la Iglesia Diocesana de Sucre, la primera de Bolivia, y oremos por la vida contemplativa por intercesión de San Benito: “Te alabamos Señor, por la Arquidiócesis de Sucre. Y te pedimos por los niños y jóvenes que Tú estás llamando a la vida contemplativa que los llenes con el amor del Espíritu Santo para que puedan dar una respuesta generosa como San Benito. Y a las Hermanas Contemplativas que viven en la presencia del Señor, bendígalas y recompénsalas el bien que nos hacen”.
Con el Papa rezamos por nuestras familias: “¡Oh preciosísima sangre de Cristo, sangre de nuestra salvación! ¡Sálvanos a nosotros, salva a nuestras familias, y al mundo entero!”

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios + Padre + Hijo y + Espíritu Santo descienda sobre ustedes.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones CEB

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