«Yo estoy allí en medio de ellos»
Homilía 12 de agosto 2020, miércoles de la décima novena semana durante el año litúrgico proclamamos el Evangelio según san Mateo 18, 15 – 20. Gloria a ti, Señor.
YO ESTOY ALLÍ EN MEDIO DE ELLOS
El tema de este discurso podría titularse el pecado en la comunidad o mejor: Yo estoy allí en medio de ellos. La Iglesia no es una comunidad de puros y santos – como se creían los fariseos. El hermano que se da cuenta de la caída del prójimo debe dar el primer paso. En la Ley se ordenó: “No aborrezcas en tu corazón a tu hermano, sino corrígelo, para no caer en pecado por su causa. No procures la venganza, ni conserves la memoria de la injuria de tus conciudadanos. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el SEÑOR.” (Levíticos 19,17s). Se debe nombrar el pecado y el pecador debe llegar a comprender. El derecho de corregir es propio del hermano. En la Antigua Alianza el prójimo era ligado por lazos de sangre y de la patria común; ahora es la unión en el Cuerpo de Cristo.
El primer paso se debe darse a solas para proteger el honor del hermano. Sería magnífico que este primer paso ya condujera al éxito. Si el prójimo abre su corazón, reconoce y se arrepiente. Pero si se cierra hay todavía una segunda y hasta una tercera tentativa. Esta vez en delante de la comunidad en público. Si sigue empedernido y rechaza la advertencia se aplica una expresión proverbial: Sea para ti como un gentil o un publicano. Eso, sin embargo, no es una sentencia formal. Según el pensar del Antiguo Testamento el gentil o pagano no pertenece al pueblo escogido por Dios. El publicano está fuera de la comunidad porque ejerce un oficio inmundo y vive del pacto con el poder pagano. Los judíos los consideran gente que están fuera. Estas palabras dan a entender la exigencia y conciencia en la comunidad cristiana.
El cristiano que se entrega al pecado y persevera en él, ha roto el lazo y ha salido de la familia. Sin embargo la puerta está abierta cuando llega el remordimiento. Porque la Iglesia no solo tiene poder de atar y desatar, excluir y nuevamente recibir cuando uno se arrepiente y se convierte. Jesús da tanta autoridad que lo que se hace “en la tierra” produce su efecto “en el cielo”. Se percibe la solicitud por la salvación del hermano y el anhelo de que se convierta y así practicar lo que practicó Jesús con los pecadores y publicanos: la MISERICORDIA. ¡Cuán estrechamente enlazadas están el delito personal y la vida de la comunidad!.
Para practicar la corrección fraterna en nombre de Dios se precisa del don de discernimiento que Jesús otorga a los que saben pedirlo en la oración en la comunidad, en la que el mismo Señor se hace presente para guiar a los suyos.
Este mes rezamos en la intención del Papa Francisco por todas las personas que traban y viven del mar, entre ellas los marineros y los pescadores con sus familias.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo!
Y la Bendición del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo Resp. de Misiones CEB

