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Rabí, tu eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel

Homilía 24 de agosto 2020, lunes celebramos la fiesta de San BARTOLOMÉ, Apóstol, y proclamamos el Evangelio según san Juan 1, 45 – 51. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

RABÍ, TU ERES EL HIJO DE DIOS, TÚ ERES EL REY DE ISRAEL
San Bartolomé se identifica con Natanael cuya vocación acabamos de escuchar. Era amigo de Felipe y en las listas de los apóstoles figura siempre junto con él, quién lo llevó a la presencia de Jesús. Los dos junto con Andrés y Pedro, Juan y Santiago forman los seis primeros llamados por el Señor. Bartolomé nació en Cana de Galilea donde Jesús obró sus primeros milagros. El nombre de Bartolomé es la unión del arameo “bar” que significa hijo con el nombre griego Ptolomeo. Tal vez un descendiente de este general de Alejandro Magno. La liturgia, que es parte de la tradición y que con la Sagrada Escritura son el fundamento de nuestra fe, conoce esta identificación. En el Evangelio según San Juan hemos proclamado el relato donde Natanael Bartolomé reconoce como primer discípulo a Jesús como Hijo de Dios. Según la tradición, después de pentecostés predico como Santo Tomás el Evangelio en la India y luego junto con San Judas Tadeo en Armenia. Donde por orden del rey pagano le desollaron en vivo le sacaron la piel del cuerpo; así murió mártir. En Bolivia y en El Perú hay lugares donde San Bartolomé es muy venerado por sus apariciones y milagros.

La vocación de Natanael acontece en el cuarto día del ministerio de Jesús según el Evangelio de San Juan. Natanael no tiene reparo de decir que piensa de Nazaret, pueblito que no está registrado en ninguna de las listas de ciudades y pueblos en Israel: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?” Vemos una vez más como Dios escoge lo pequeño y olvidado, lo humilde y lo que no cuenta, para acogerlo y engrandecerlo. Este “verdadero Israelita” (1,47) contrasta con el primer Israel, el patriarca Jacob, famoso por su astucia y engaños a su hermano (Génesis 27 – 30; Oseas 12). Natanael Bartolomé da a Jesús los dos títulos mesiánicos más grandes que un judío podía dar a una persona: “Hijo de Dios” y “Rey de Israel” (1, 49). De este modo, Jesús reúne en torno suyo a los verdaderos israelitas para constituir el nuevo Israel de Dios. Este nuevo pueblo va a tener una visión de ángeles (1,51), como la del patriarca Jacob en Betel (Génesis 28, 10-12), pues será testigo de la gloria de Dios, que va a comenzar a revelarse tres días después en su pueblo natal, Caná en Galilea (2,1-11) en una boda. La boda en el Antiguo Testamento es un símbolo clásico de la relación de alianza de Dios con su pueblo Israel (Isaías 25, 6-10).

Fortalece, Señor nuestra fe, para que nos adhiramos a Cristo con la misma sinceridad como el apóstol san Bartolomé.

Este mes rezamos en la intención del Papa Francisco por todas las personas que trabajan y viven del mar, entre ellas los marineros y los pescadores con sus familias.

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo!
Y la Bendición del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Resp. de Misiones CEB

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