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#EvangelioDelDía: ¡Ay de ustedes fariseos, hay de ustedes maestros de la ley!

Homilía 14 de octubre de 2020, miércoles de la semana 28 durante el año litúrgico proclamamos el Evangelio según San Lucas 11, 42 – 46. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

¡AY DE USTEDES, FARISEOS! ¡AY DE USTEDES MAESTROS DE LA LEY!
Queridos oyentes, seguimos reflexionando sobre las palabras de Nuestro Señor Jesucristo a los fariseos pidiendo la luz del Espíritu Santo para descubrir cuánto de fariseo tenemos adentro también nosotros. San Ambrosio, Obispo y doctor de la Iglesia escribe: “Condensa este pasaje en pocas palabras las numerosas deficiencias de aquellos que aplican todo su esmero en pagar los diezmos aun de los frutos más insignificantes, y no tienen cuidado alguno con respecto al juicio futuro y carecen del más elemental amor a Dios”. Son ambiciosos. Veamos el texto.

Con palabras claras y gráficas Jesús se dirige al fariseo que lo invitó: son tres reproches en tres quejas “Ay, ay, ay”. En las cosas pequeñas cumplen la Ley escrupulosamente, como pagar el diezmo en las hierbas y legumbres, y en las esenciales, como son la justicia, el amor a Dios y la misericordia quebrantan la misma Ley. Por fuera se presentan impecables, y por eso reclaman el respeto tanto en las sinagogas como en las plazas. Sin embargo por dentro están lejos de cumplir la Ley de Moisés. Cuando al hombre se exige algo grande y difícil, como el cumplimiento de la Ley de Moisés, y esa persona busca influenciar a otros, surge el peligro de querer aparentar intachable, sin cumplir de corazón.

Jesús quiere que lo más importante de la Ley sea también en la vida lo primordial. Ese es el mandamiento del amor: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón… alma… fuerzas… y mente, y al prójimo como a ti mismo” (10,27). En estos dos mandamientos se encierran todas las exigencias. El amor a Dios y el deseo de obedecer a su voluntad, y no la ambición de poder presentarse delante de la gente, debe ser el motivo para cumplir la Ley. En el sermón de la montaña decía el Señor: “Cuídense de no presumir frente a la gente de practicar lo dispuesto por Dios en su plan; de lo contrario, el Padre que está en los cielos no los recompensará” (Mateo6, 1).

Dios pide un corazón transformado, un corazón que tiene escrito la Ley de Dios. Eso es comprender y amar que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros y por eso conviene cumplir su querer. Además Dios no solo exige. Nuestro Padre sabe y Jesús lo dice: “Sin mí no pueden hacer nada” (Juan 15,5). Por eso vino para ofrecernos su corazón y así cumplir lo anunciado por el profeta Jeremías 31,33: “meteré mi ley en su corazón, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” y por Ezequiel 36,26s: “Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré su corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y haré que caminen según mis preceptos y que cumplan mis mandatos”.

Recemos con todo el corazón el Rosario con nuestro Papa Francisco por la evangelización para que en virtud del bautismo los fieles laicos, en especial las mujeres, participen en la Misión de la Iglesia. Oremos también por Bolivia y las elecciones. Y sobre todo pidamos un corazón nuevo.

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones CEB

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