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#EvangelioDelDía: «Les enviaré profetas y apóstoles, pero matarán a unos y perseguirán a otros»

Homilía 15 de octubre de 2020, celebramos la memoria de Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila y proclamamos el Evangelio San Lucas 11, 47 – 54. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

LES ENVIARÉ PROFETAS Y APÓSTOLES. PERO MATARÁN A UNOS Y PERSEGUIRÁN A OTROS
Jesús, después de haber descubierto a los fariseos su hipocresía, denuncia a los maestros de la Ley el gran pecado de haber impedido el encuentro con Dios y la comunión con Él. Porque han construido un cerco denso de interpretación de la Ley de Dios que salieron 365 prohibiciones y 248 prescripciones. Por preocuparse de tantas reglas de la Ley se habían olvidado del legislador, del Dios de la vida, de la verdad, de la misericordia y del amor. Me hace pensar en nuestra cultura actual donde la empaquetadura es más importante que el contenido, la boda es más importante que el amor, y al final el cajón y el funeral más que el difunto. Y cuantas veces nos fijamos en el regalo y olvidamos al donante…

Concretamente Jesús les acusa de edificar monumentos en honor a los profetas que fueron asesinados. Ellos – sin embargo – son cómplices de los asesinos, porque igual como estos no quieren escuchar ni a Juan Bautista, ni a Jesús, a quien iban a crucificar.

Con esa tela de fondo celebramos hoy a Santa Teresa de Jesús. Al morir el año 1582 repitió una y otra vez: “Señor soy una hija de la Iglesia” y al recibir el Viático dijo: “Ha llegado el tiempo de vernos, Amado mío, mi Señor”. Sigue el testimonio: “Siempre en oración, llena de alegría y gozo, con el rostro radiante… rindió su espíritu a nuestro Señor”. La muerte de Teresa era un resumen de su vida. La sonrisa, la resistencia ante los sufrimientos físicos y espirituales que la torturaron, la serenidad en su difícil misión de reformadora del Carmelo, se reflejaron en el rostro de esta mujer que ardía en el amor más elevado y cuya alma vivía “junto a Dios” en las moradas secretas del “Castillo interior”. Su contemplación conducía a la acción, y una y otra se alimentaba de la sed del Dios vivo: “¡Qué importante es en la vida espiritual el hallarse animado por un gran deseo!”.

Como Santa Teresa oremos a San José: “Lo exterior nos acapara, porque no vivimos del Verbo que habita en nosotros. Así, en lugar de dominar el mundo con amor para llevarlo al Padre, nos dejamos dominar por el mundo para ser arrastrados lejos de Dios. El Evangelio nos muestra cuánto iluminó la fe tu alma y tus acciones; como parten del silencio profundo que escucha lo que Dios te comunicó. San José, enséñame a vivir de Jesús por el Espíritu Santo para la gloria del Padre”. Y esta otra de sus oraciones que nos viene como anillo al dedo en esta pandemia: “Nada te turbe, nada te espante, todo pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza: quien a Dios tiene nada le falta; sólo Dios basta”.

Estamos en el mes de la Misión. Y la Misión vive de la oración. Así les invito a rezar con todo el corazón el Rosario con nuestro Papa Francisco por la evangelización para que en virtud del bautismo los fieles laicos, en especial las mujeres, participen en la Misión de la Iglesia. Oremos también por Bolivia y las elecciones. Y sobre todo pidamos un corazón nuevo. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones CEB

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