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#EvangelioDelDía: EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, MIS PALABRAS NO PASARÁN

27 de noviembre 2020, viernes de la semana 34 durante el año litúrgico proclamamos el Evangelio según San Lucas 21,29 – 33. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, MIS PALABRAS NO PASARÁN
Queridos oyentes, estamos en la tercera parte del discurso de Jesús sobre los acontecimientos finales, la escatología. El Señor advierte acerca de la necesidad de estar atentos y mantenerse despiertos para que el Hijo del hombre y estos acontecimientos, que llegarán improvisos, no encuentren a los discípulos desprevenidos. Por esta razón, el discurso de Jesús insiste en la vigilancia permanente. El anuncio de la escatología siempre es un llamado al arrepentimiento y a la conversión. A veces dudamos de las promesas de Dios. En todas las épocas había fieles que se quejaron, Dios nos deja esperar demasiado. Paciencia y constancia son difíciles pero “todo lo puedo en Dios que me da la fortaleza” (Filipenses 4,13). Contra toda duda y desconfianza tenemos la promesa muy animadora y consoladora de Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Tratemos de estar siempre en gracia de Dios confesando cada mes estaríamos preparados para el encuentro definitivo y personal con nuestro Señor Jesucristo.


Hoy recordamos la aparición de la Virgen María a la sencilla religiosa Catalina Labouré en Paris pidiendo que haga acuñar la medalla que la mostró y que por tantos milagros que produjo se llama la “milagrosa”. La inscripción dice: “Oh María concebida sin pecado original ruega por nosotros que recurrimos a ti”. Muestra a la Virgen María sobre un globo aplastando la cabeza de una serpiente, según el libro de Génesis 3,15, la cabeza de satanás. En el revés están doce estrellas rodeando una gran letra M que sale de una Cruz y los corazones de Jesús y de María. Uno de los muchos milagros extraordinarios relata la conversión de Alfonso Ratisbona, judío pero ateo, odiando a la Iglesia Católica y como banquero muy rico. Un amigo le pidió que lleve la medalla puesta y que rece la oración de “Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno que ha acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti…”. Pocos días después se la apareció la Virgen y la luz de la gracia de Dios le hizo entender la fe cristiana católica. Se convirtió, estudió teología y fue aceptado y ordenado sacerdote.


Oremos hoy por la conversión de tantas personas que se alejaron de la fe en Jesucristo. Este Evangelio de hoy nos invita a esperar con perseverancia la llegada del Salvador y poner toda nuestra confianza en DIOS en toda tribulación. Queremos SER SALVADOS y SALVAR A OTROS. Por eso propagamos la fe en CRISTO MUERTO POR NUESTROS PECADOS Y RESUCITADO, VIVO y PRESENTE ENTRE NOSOTROS. Sigamos rezando el SANTO ROSARIO para pedir del ESPÍRITU SANTO un corazón sensible para los pobres; además nos unimos con nuestro Papa Francisco que en este mes de noviembre pide que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio de la humanidad.
Pidamos a Dios también por nuestra patria BOLIVIA que nos mande, donde no había aún, lluvias suaves y abundantes. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre

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