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#EvangelioDelDía: «ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO»

8 de diciembre 2020, celebramos la Solemnidad de la INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN y proclamamos el Evangelio según San Lucas 1, 26 – 38. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO
Al celebrar la INMACULADA CONCEPCIÓN de la Santa Virgen María alabamos y glorificamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que obró este milagro en el momento de la concepción natural por sus padres Joaquín y Ana guardándola del pecado original. Es una de las cuatro grandes gracias que Dios le concedió al escogerla como Madre del Salvador y de las verdades seguras al ser proclamadas por el Papa en consonancia con todos los Obispos como dogma. El primer dogma mariano asegura: María es Madre de Dios Hijo. La cita bíblica está clara: “Entraron en la casa, vieron el niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron” (Mateo 2,11). El segundo dogma mariano es su Virginidad. También lo dice la cita verbal: “Dios envió al ángel Gabriel… a una virgen… el nombre de la virgen era María” (Lucas 1, 26.27). En Bolivia conocemos la historia del Inca y sabemos que había vírgenes consagradas al servicio del dios sol, las ñustas. El tercer dogma es la que celebramos hoy: la INMACULADA CONCEPCIÓN, justo nueve meses antes de su nacimiento. El cuarto dogma es la GLORIOSA ASUNCIÓN de Santa María Virgen con cuerpo y alma al cielo.


Hoy entonces festejamos a nuestro Dios por la Inmaculada Concepción de María que no tiene una cita verbal pero son varios textos de la Sagrada Escritura que meditándolas por varios siglos se dejan interpretar con seguridad así. El pasaje más importante es el Evangelio que se proclama en esta solemnidad: el Anuncio del ángel a María y la encarnación del Hijo de Dios. Dios Padre saluda a María por medio del arcángel Gabriel: “ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO”. El Papa Benedicto XVI dijo: «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (Encíclica «Deus caritas est», 12). En esta plenitud de gracia Dios regala a María en el primer momento de su existencia, sin mérito de ella, el mismo estado de gracia en el que había creado a Adán y Eva. A la Virgen María Dios le da esa gracia “en previsión de la muerte de Jesús” (Oración de la Solemnidad). En otras palabras la Inmaculada Concepción de María nos lleva a Cristo y su sacrificio en la cruz.


Por eso cantamos con el Salmo “Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” (Salmo 98).
En María se cumple la profecía de Isaías “me llena de gozo el Señor, mi alma se alegra con mi Dios: porque me ha vestido un traje de triunfo, me ha cubierto con túnica de victoria; porque me ha enjoyado como una novia” (Isaías 61,10).


Y San Pablo escribe en la carta a los Efesios: “Dios nos eligió en la Persona de Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Efesios 1,4 – Segunda Lectura).
San Ireneo (130-202) había presentido la Inmaculada Concepción de María, cuando saludaba en ella a “la Nueva Eva”. En la edad media el teólogo franciscano, Juan Duns Scoto, había propuesto ya lo que será luego el dogma con la famosa expresión: “Decuit, potuit, ergo fecit”, que quiere decir: “era conveniente, Él podía hacerlo, luego Él lo hizo”. En las Iglesias orientales y ortodoxas se habla de María como la “Siempre Pura”. En el siglo XV se oraba en la liturgia: “por la concepción inmaculada de la Virgen María, Dios preparó a su Hijo una digna morada”. Como verdad segura de la fe, o sea como dogma de fe, fue proclamado por el Papa Pio IX el 8 de diciembre de 1854 y confirmado por la misma Virgen en sus 18 apariciones en Lourdes, Francia, desde el 11 de febrero cuando el 25 de marzo de 1858 se presentó a la vidente Bernardita Soubirous como “Yo soy la INMACULADA CONCEPCIÓN” y se produjeron los muchos milagros.


En resumen:
1.La Virgen recibe el privilegio de la Inmaculada Concepción por pura gracia en vista de ser un día la Madre del Hijo de Dios hecho hombre. Él tiene que nacer sin ningún contacto con el pecado. Al venir del cielo y asumir la carne humana Jesús sigue siendo Dios en quien no cabe ni la mínima mancha del mal. Nosotros nacemos 50% de papá y 50% de mamá, mientras Jesús recibe toda su carne y su sangre humana 100% de su Madre. En cuanto Dios, Cristo existe antes y fuera del tiempo. Así podía adelantar en la celebración de la Última Cena, que era su primera Eucaristía, la entrega de su Cuerpo y de su Sangre. Y de la misma manera salva a su Madre de toda mancha de pecado.
2.Adán y Eva cayeron en la tentación, mientras la Santísima Virgen María nunca fue vencida por el pecado. Esta lucha de satanás contra la madre del Salvador estaba sentenciado por Dios en el libro de Génesis donde dice: “Pongo enemistad entre ti y la mujer” (3,15). Podemos pedir a la Inmaculada Concepción que está puesta por Dios a pisar la cabeza de la serpiente antigua que interceda por nosotros, hijos de Adán y Eva, que miles y miles de veces hemos sucumbido en la tentación para vencer.
3.La Inmaculada Concepción nos muestra la importancia y necesidad de tener un corazón puro para que Dios pueda venir a nuestra vida y a nuestro corazón en este tiempo de Adviento. “Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios” (Mateo 5,8). Lo confirman tantos varones y mujeres santos tentados pero vencedores en la lucha contra satanás.
Al terminar les invito a consagrarse a la Inmaculada Concepción para que honrándola en ella, la creatura, al Creador nos lleva a su Hijo Jesucristo y por Él a la Santísima Trinidad.


Pidamos a Dios por nuestra patria BOLIVIA lluvias suaves y abundantes donde aún no llovió. Y por nuestro flamante Arzobispo Ricardo Centellas que esta tarde recibirá el PALIO, signo de los arzobispos metropolitanos. ¡Ven, Señor Jesús! Pronto por favor, te necesitamos. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones CEB

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