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#EvangelioDelDía: ANA HABLABA DEL NIÑO A TODOS LOS QUE AGUARDABAN LA LIBERACIÓN DE ISRAEL

30 de diciembre 2020, miércoles en la Octava de la Navidad, proclamamos el Evangelio según San Lucas 2, 22.36 – 40. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


ANA HABLABA DEL NIÑO A TODOS LOS QUE AGUARDABAN LA LIBERACIÓN DE ISRAEL
San Ambrosio, Obispo y doctor de la Iglesia, decía: “Los méritos de la viudez de Ana y su conducta obligan a considerarla como extraordinariamente apropiada para anunciar la venida del Redentor de todos”. Este niño que la Virgen Madre y San José traen al Templo es el Mesías, es decir el Salvador, enviado por parte de Dios para ofrecer a todos los pueblos la redención. Así se cumple la profecía de Isaías: “El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios” (Isaías 52,19). Eso no obliga a participar de la salvación. Más bien Jesús será un signo que provoca enfrentamientos. Todo rechazo de Dios se junta en el rechazo de la persona de Jesús.


Al anciano profeta Simeón se junta la venerable profetisa Ana, mujer con dones del Espíritu Santo. Antiguamente el Espíritu descendía sólo sobre jefes y líderes carismáticos (Cf. Números 11, 24-29; Jueces 3,10 y 6,34; Isaías 61,1). El profeta Joel había anunciado que en los últimos tiempos el Espíritu Santo será derramado sobre todos, sin excepción, desde los más jóvenes hasta los mayores, varones y mujeres, esclavos y libres (Joel 3,1-2).


El nombre de la profetisa anuncia la bendición; Ana significa Dios es misericordia; el nombre de su padre Fanuel se traduce con “Dios es luz”, y Aser: feliz, buena suerte. Todo lo que anuncian los tres nombres está concentrado en la persona de Ana. El tiempo del Mesías es para los que en Él creen felicidad y luz por la misericordia que Dios ofrece a todos. Su edad avanzada es otro signo de la gracia de Dios que ella goza. Su vida era disciplinada y casta. Siendo virgen se casó, siete años duró su matrimonio, doce veces siete años (84) su casta viudez. “Nunca abandonaba el Templo, día y noche rendía culto al Señor con ayunos y oraciones” (v.37). Ana vivía delante de Dios como ejemplo para todas las viudas. Guiada por el Espíritu “entró en ese mismo momento”, reconoce en el niño al Mesías, “y dio gracias a Dios, hablando (una y otra vez) del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (v. 38). Así nos da ejemplo a todos nosotros que en el bautismo hemos recibido al Espíritu Santo para ser discípulos misioneros y testigos de Jesucristo.


Pidamos al Espíritu Santo la luz y la fuerza para vivir nuestra vida como Ana en el servicio a Dios y al prójimo. Recemos con fe en el SANTO ROSARIO por la conversión de nosotros y de los pecadores.
El Santo Padre nos pide orar en este mes para que nuestra relación personal con Jesucristo se alimente de la Palabra de Dios y de una vida de oración. Pidamos también por nuestra patria BOLIVIA y damos gracias por las lluvias suaves y abundantes. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo resp. de Misiones CEB

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