Mons. Bittshi: JESÚS LA TOMÓ DE LA MANO Y LA LEVANTÓ
7 de febrero de 2021, 5to. Domingo B durante el año litúrgico, proclamamos el Evangelio según San Marcos 1, 29 – 39. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
JESÚS LA TOMÓ DE LA MANO Y LA LEVANTÓ
Queridos oyentes, nuestros días están marcados desde el año pasado por la pandemia y todo el sufrimiento y dolor que conlleva. En la primera lectura escuchamos del sufrimiento de Job. Sin salud, sin hijos, sin esposa, sin propiedades, sin amigos, sin futuro, sin consuelo, con la muerte cercana y le parece olvidado de Dios, expresa su lamento y queja a Dios. Nos hace recuerdo, lo que vemos ahora en la pandemia cada día, que “la vida humana es un soplo”. Sin embargo, al final Job recibe todo restituido con creces. Expresión de la recompensa por su fidelidad como Job no era de Israel y no conoció la vida eterna en el cielo. Para nosotros los cristianos la vida en tierra es sólo el examen para saber si nos acostumbramos a la vida de servicio al estilo de Jesús. Luego en la muerte nos espera nuestro Padre y Cristo, que se adelantó para preparar las moradas felices y entregarnos el “salario”.
San Pablo retoma la palabra “salario” en la segunda lectura de 1ª Corintios 9, 16ss. Evangelizar es para él un deber, un encargo y exclama: “¡Ay de mí si no evangelizo! Si lo hago por mi propia iniciativa ya tengo mi salario… ¿cuál sería mi salario? Precisamente anunciar gratuitamente el Evangelio”. No nos olvidemos de las circunstancias adversas y peligros en que el Apóstol anunció a Jesucristo: encarcelado, recibiendo golpes, ser apedreado, tres veces naufragó, un día y una noche sobre una tabla flotando en alta mar (2ª Corintios 11, 23s).
Querido oyentes, el pasaje del Evangelio de hoy concluye la primera jornada mesiánica de Jesús. Ésta representa la actividad de un día típico: la enseñanza en la sinagoga, la liberación de demonios y la sanación. En toda actividad está acompañado de sus discípulos. Marcos prefiere el término “discípulo” en vez de apóstol. El obrar de Jesús y su trato misericordioso y poderoso causa admiración y hace surgir la pregunta: “¿Quién es éste?” San Marcos nos da una pista al relatar que Jesús se levantó muy de madrugada yendo a un lugar aparte para orar.
La perícopa de hoy distingue tres partes: sanaciones – oración y nuevamente la predicación. Terminada la celebración del sábado con la enseñanza en la sinagoga, Jesús pasó junto con Santiago y Juan a la casa de Pedro y Andrés. La suegra de Pedro estaba con fiebre en cama. Algunos lo interpretan que ella simboliza la situación de exclusión que sufrían las mujeres ancianas y enfermas. ¡Que poco ha cambiado la atención de los mayores y enfermos! El papa Francisco reclama esto una y otra vez. Otros explican su fiebre desde la psicología como consecuencia y expresión de su enojo con el yerno que descuida el trabajo por el sustento de la familia al seguir a este Jesús. Sea como sea, los apóstoles hacen de mediadores ante Jesús en un acto de solidaridad con la persona enferma al avisar de su mal estado. El Señor reaccionó al instante. San Marcos indica con tres verbos la manera de relacionarse con la mujer necesitada: acercarse, tocarla y levantarla. El verbo en griego para levantar significa también “resucitar”.
San Marcos repite la misma palabra en el último capítulo de su Evangelio al testificar la Resurrección de Jesús (16, 6).
El tocar y levantar es un acto de transferir la fuerza de vida en plenitud que reside en Jesús. La sanación resulta de inmediato y para confirmarlo dice: “Se puso a servirles”. También en nuestro tiempo tenemos testimonios de sanaciones con la imposición de manos y la oración.
Después de la liberación del hombre poseído, que era el Evangelio del domingo pasado, hoy acabamos de escuchar la primera sanación en el Evangelio según San Marcos. Jesús lo realiza con una mujer, una anciana y enferma. Significativo es la consecuencia de esta sanación por Jesús para nosotros: Quien recibe en un contacto muy personal con Jesús la fuerza de vida, es sanado, es levantado y liberado se pone al servicio del Reino de Dios.
Servir es uno de los distintivos de Cristo y del cristiano. “Yo no he venido para ser servido, sino para servir” (Mateo 20,28).
Esta sanación fue en día sábado, día en que los fariseos con su interpretación prohibieron toda clase de atención médica para otros. Aquel día en Cafarnaúm, pasado el sábado con la puesta del sol, trajeron toda clase de enfermos y endemoniados. Jesús sanó a muchos. Marcos muestra como el Señor pasó de la enseñanza en la sinagoga, obra de la misericordia espiritual, a la obra de misericordia corporal, practicando la caridad de sanar y liberar a muchos. Lo practica también en sábado porque la vida vale más.
Como el día en la Biblia inicia con la tarde podemos constatar que Jesús termina la jornada en la mañana con un encuentro personal con su Padre. “Muy de madrugada se levantó, salió… a un lugar aparte, donde estuvo orando”. Sigue la enseñanza para sus discípulos por su ejemplo: el Hijo de Dios fundamenta y concluye su misión de proclamar el Reino de Dios en la ORACIÓN, a la que dedica bastante tiempo.
Jesús misionero es el Jesús de la intimidad con su Padre, de los frecuentes momentos a solas con Él.
Del encuentro personal con el Padre en el Espíritu Santo brota para Jesús el entusiasmo, el amor, el discernimiento y la fortaleza en su misión y lo impulsa no quedar en Cafarnaúm, sino extender su misión por otras partes, “para PREDICAR… pues a eso había venido. Y fue predicando en las sinagogas de toda Galilea y expulsando demonios”.
Pidamos al Espíritu Santo todos sus dones y frutos para que haya paz y oremos que Cristo LUZ DE LOS PUEBLOS lleve a la conversión a nosotros, a los católicos que desconocen la Biblia, a los cristianos tibios y a los paganos que les falta la fe. El Papa Francisco nos pide orar en este mes por las mujeres que son víctimas de violencia: que sean protegidas por la sociedad y que su sufrimiento sea considerado y escuchado. Por estas intenciones meditemos los misterios de nuestra fe en el SANTO ROSARIO.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo resp. de Misiones CEB
