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Mons. Bittschi: DE LA SOLEDAD CON SU PADRE A LA ACTIVIDAD A FAVOR DE LOS DEMÁS

14 de febrero de 2021, 6to. Domingo B durante el año litúrgico, proclamamos el Evangelio según San Marcos 1, 40 – 45. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Homilía Domingo 14 de febrero 2021

DE LA SOLEDAD CON SU PADRE A LA ACTIVIDAD A FAVOR DE LOS DEMÁS

Queridos oyentes, la primera lectura del libro del Levítico nos prepara para el Evangelio de hoy trayendo el protocolo para una de las enfermedades más temidas desde la antigüedad hasta unas décadas atrás, la lepra. Temida porque excluya de la comunidad y lleva a la muerte.

En la segunda lectura de la primera carta San Pablo a los Corintios nos anima el Apóstol seguir el ejemplo de Cristo como él lo está haciendo. En pocas palabras nos explica el estilo de vida del Señor que nos toca aprender: No buscar el propio bien, sino el bien de los demás para poder salvarse. El Hijo de Dios nos trajo la enseñanza de la vida íntima de la Santísima Trinidad donde cada persona divina vive por los otros: El Padre por el Hijo, el Hijo por el Padre, y el Padre con el Hijo por el Espíritu Santo y viceversa. El secreto es el amor que es la fuente de vida. Y la réplica que Dios ha creado es la FAMILIA de dónde venimos todos.

Pasamos al Evangelio: En uno de los pueblos cerca de Cafarnaúm en Galilea “Se acercó a Jesús un leproso y de rodillas le suplicaba: “Si quieres, puedes purificarme”. No se trata de cualquier enfermo, sino de un separado de la familia y de la comunidad para evitar el contagio. Algo muy parecido venimos viviendo con la pandemia desde el año pasado. El leproso no es sólo despreciado porque su enfermedad es interpretada como castigo de Dios, más es temido por el contagio. Como la enfermedad de la lepra carcome la carne viva la persona es declarada impura para Dios y para los hombres. No es propiamente la fetidez que causa la carne humana al pudrirse, sino es por perder carne y sangre, es perder parte de la vida. El leproso debe recuperar la plenitud de su cuerpo para que el sacerdote lo pueda declarar sano y purificado. Mientras dure la cruel enfermedad no debe haber ningún contacto con el leproso ni con cosa que él hubiera tocado. En el diálogo con Jesús pide el leproso no la sanación sino SER PURIFICADO. El Evangelio habla cuatro veces de purificar o purificación. Con eso podemos entender la dimensión religiosa de esta enfermedad. El leproso es un hombre herido en todas las dimensiones de la persona: física, emocional, mental, social y espiritual religiosa. Estas consecuencias hacen todavía más pesada la enfermedad.

El texto inicia diciendo: “se acercó a Jesús”: no sólo indica el movimiento externo, sino a la vez expresa el acercamiento por la fe, porque ruega a Jesús: “Si quieres, puedes purificarme” (v.40). El Hijo de Dios trae la vida en plenitud (Juan 10,10). A nosotros nos puede contagiar la enfermedad y el pecado si no nos cuidemos. El Señor al revés nos contagia con la salud, la sanación y sobre todo con la salvación cuando nos acercamos a Él como el leproso.

El gesto de extender la mano indica el poder de Jesús, que se manifiesta también por medio de su palabra imperiosa: “Quiero, queda purificado” (v.41). La salvación ya no está en cumplir de parte de nosotros la Ley, sino en el amor misericordioso que nos comunica Jesús el Hijo de Dios. Porque la voluntad del Padre es que todos se purifican y se salvan. Pero hace falta creer en Él como el leproso. Jesús cura al leproso en respuesta a la fe del enfermo. Sin embargo, no nos olvidemos que hay también una lepra del alma con las mismas consecuencias: nos aleja del prójimo y termina con la muerte eterna.

Con tantas curaciones y liberaciones de demonios crece cada vez más su fama. Y eso aunque el Señor prohibió a las personas curadas que no digan nada a nadie. En Mateo (6,1), Jesús aconseja a los suyos que no hagan las obras buenas delante de los hombres para no recibir como premio sólo alabanzas del mundo en vez de su Padre del cielo.
En nuestro tiempo, en el que muchos buscan publicidad, se conoce también las desventajas de la visibilidad. Quien se hace famoso deja de tener momentos de paz y privacidad, hasta que precisa de guarda espaldas para que no lo atropellen. Así difícil debemos imaginar que era para el Señor atravesar los lugares populosos, en los que la gente es, con frecuencia, entrometida e inoportuna. San Marcos relata que todos se acercaban a Jesús e intentaban tocarle (6,56). Sin embargo, el retiro de Jesús a la soledad de lugares desérticos no era un gesto de escape, sino más bien una enseñanza de seguir: el retiro, que en estos días hacen muchos Obispos con sus sacerdotes, y también varias comunidades religiosas, es una MEDICINA que refuerza nuestras “defensas” contra los ataques de la rutina y del desánimo. Sin esta “medicina” la relación con Dios se debilita y en consecuencia también las relaciones humanas. Por tanto, la soledad y el retiro son necesarios para la vida en comunidad. El ejemplo del Señor nos enseña que no debemos olvidar el uso sabio de este “medicamento”. Los maestros de la espiritualidad nos aconsejan dedicar cada día un cuarto de hora; cada semana una hora completa; cada mes un día y cada año varios días.

El 14 de febrero recordamos a los Santos Cirilo y Metodio, hermanos de Tesalónica en Grecia, quienes iluminaron los pueblos eslavos del este de Europa con la luz del Evangelio.

Pidamos al Espíritu Santo todos sus dones y frutos para que los enfermos de la pandemia y de todas las enfermedades puedan encontrar la sanación y Cristo “Luz de las naciones” lleve a la conversión a los pecadores para que se purifiquen y salven. El Papa Francisco nos pide orar en este mes por las mujeres que son víctimas de violencia: que sean protegidas por la sociedad y que su sufrimiento sea considerado y escuchado. Por estas intenciones meditemos los misterios de nuestra fe en el SANTO ROSARIO.

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo resp. de Misiones CEB

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