JUEVES SANTO: LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO
Uno de abril 2021, JUEVES SANTO, proclamamos el Evangelio según San Juan 13, 1 – 15. Gloria a ti, Señor.
LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO
1) La celebración del JUEVES SANTO habla en la primera lectura (Éxodo 12, 1-8.11-14) de la primera alianza y la CENA PASCUAL EN EGIPTO. 2) San Pablo en la segunda lectura (1ªCorintios 11, 23-26) nos hace entender que cada EUCARISTÍA es la PRESENCIA DEL MISTERIO PASCUAL de Nuestro Señor Jesucristo. 3) El Evangelio relata el LAVATORIO de los PIES como concretización del AMOR (Juan 13,15).
Jesús repite los gestos de la celebración de la Pascua judía, como partir el pan y pasar la copa, pero le da a estos gestos un nuevo significado a través de las palabras que pronuncia sobre ellos: el pan partido y entregado es SU PROPIO CUERPO Y EL VINO ES SU SANGRE derramada por todos para el perdón de los pecados. Jesús se presenta como el VERDADERO CORDERO PASCUAL. La 1ªCorintios es uno de los documentos más antiguos de las palabras del Señor en la última Cena a unos veinte años después de su celebración. San Pablo las recibió por tradición. Es decir, que ya había sido una institución en la Iglesia.
Lo que creen y celebran las comunidades es el pan transformado en el Cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre; ellos hacen presente la fuerza salvífica de su Sacrificio en la Cruz y realizan la perfecta Alianza o comunión con Dios. La celebración de la Eucaristía es la conmemoración de la última Cena que es la institución de éste gran misterio, que actualiza sacramentalmente la muerte y la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, en otras palabras todo el misterio de la PASCUA. Así edifica la Familia de Dios, el Cuerpo místico de Cristo y el Templo del Espíritu Santo. La Eucaristía requiere fe en lo que celebra la Iglesia y una vida abierta a la comunión con Dios; de aquí la necesidad de examinar la conducta para no convertirla en causa de pecado.
En la comunión recibimos el Cuerpo de Cristo que nos transforma en Cuerpo de Cristo. Comemos a Cristo y Él nos asimila. En la Comunión “Cristo acrecienta en nosotros el don de su Espíritu, infundido ya en el bautismo e impreso como sello en el sacramento de la confirmación (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistía, n.17). San Ireneo dice: “Nuestros cuerpos cuando han recibido la Eucaristía, ya no son corruptibles sino que tienen la esperanza de la resurrección”. Por eso conviene participar todos los domingos y fiestas de guardar y llegar unos cinco minutos antes de comenzar para que pueda llegar nuestra alma con nosotros.
El Señor Jesús lava mis pies. Lavar los pies de los invitados era tarea de los esclavos. Con este gesto, desvestido de su manto y a los pies de los discípulos, está expresado lo que escribe San Pablo en la carta a los Filipenses: “Siendo de condición divina… se despojó de sí mismo, asumió la condición de esclavo… se humilló hasta la muerte y una muerte ¡y una muerte en cruz!” (2,5s). Jesús nos brinda una enseñanza fundamental; expresa el sentido de todo su misterio pascual. Ya había dicho: “El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate para todos” (Marcos 10,45).
Simón Pedro no quiere aceptar este servicio tan humilde, tal vez adivinando que le toca seguir este ejemplo… Jesús le dice: “si no te lavo, no tienes que ver conmigo”. El LAVATORIO de los pies que nos libra de los pecados es símbolo del sacramento de la reconciliación o confesión, indispensable para tener parte con Cristo. Por eso confesarse con cierta frecuencia. Y su mandato es: “Hagan ustedes lo mismo” (13,15). Recibir el perdón para perdonar al hermano. No lavar los pies a Jesús en el hermano, dejar de perdonar y servir, es no vivir como Cristo. No comer a Cristo en la Eucaristía es rechazar su pasión, muerte y resurrección. ¡Ceguera y anemia! ¡Tan peligroso en la pandemia!
Tanto para el mandato de AMOR (vv.34-35), concretizado en el Lavatorio de los pies, como en la institución de la EUCARISTÍA Jesús pide la continuidad a sus discípulos. Continuar las acciones de Jesús no es repetir ceremonias ni ritualismo sino hacer presencia a Cristo y encarnar su actitud de entrega total y de servicio. Es a la vez la institución del sacramento del ORDEN SACERDOTAL.
Pidamos entonces al Espíritu Santo para que todo el mundo pueda reconocer a Jesús en la EUCARISTÍA como el único Salvador que entregó su vida para el perdón de los pecados. Lo que hace falta es confiar en Él y su divina Misericordia, recordar y reconocer los pecados, arrepentirse y pedir perdón y la gracia de nuestra conversión y la de todos los pecadores; perdonar para ser perdonados, no juzgar para no ser juzgados. El Papa Francisco nos invita a rezar este mes de abril por aquellos que arriesgan sus vidas por los derechos fundamentales en dictaduras, regímenes autoritarios en democracias en crisis. El Papa declaró este año un AÑO SANTO en honor a SAN JOSÉ y en su fiesta el AÑO SANTO de la FAMILIA. Cada día podemos conseguir las indulgencias para nosotros o por las almas de los seres queridos difuntos al confesar, comulgar y rezar por la Iglesia y el Papa.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe en esta SEMANA SANTA. Amén.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo Resp. de Misiones CEB

