Padre Leonardo Rodríguez: La Obra de San Pedro Apóstol, una auténtica revolución a favor de las vocaciones
Bolivia Misionera 19.05.2021. Padre Leonardo Rodríguez, Director de OMP Uruguay, y coordinador de las Obras Misionales Pontificias del continente americano compartió una de las 4 obras de las OMP, la “Pontificia Obra de San Pedro Apóstol”, la ponencia se realizó durante la formación para nuevos líderes misioneros, en modalidad virtual, organizada por las Obras Misionales Pontificias de la Arquidiócesis de Santa Cruz.
Padre Leonardo dijo que esta Obra toca uno de los aspectos más importantes que es la dimensión vocacional: “esta obra no solo por su accionar, preocupación y ocupación es tan importante, sino es mucho más importante porque viene a recordarnos esta dimensión en nuestra vida, la fe es ante todo una experiencia vocacional, Dios nos llama e invita a escucharlo, confiar, seguirlo y continuar su misión aquí en la tierra, es una obra puramente vocacional”.
Sobre su fundadora Juana Bigard “soy solo una pequeña llama que encendió el fuego”
Ubica a la mujer creyente en una sencillez y humildad absoluta que la acompaña durante todo el proceso, ella seguro tomo conciencia de todo lo que Dios hizo en su vida, testimonio y las opciones que ella hizo junto a su madre, pero siempre fue hecho todo desde una profunda humildad y sencillez.
Se puede considerar que el argumento es una auténtica revolución a favor de las vocaciones, porque San Pedro Apóstol surge como pequeña llama, pero que provoca un incendio en el corazón Iglesia, porque la lleva a comprometerse no solo en suscitar vocaciones, sino en formar y acompañar las vocaciones en su proceso de madurez, algo que hoy sigue siendo un gran desafío para nosotros.
Durante su inicio surgió la idea de adoptar a un seminarista, que todos los días, años más tarde, pondrá ante el altar santo el recuerdo de sus padres adoptivos, tanto durante su vida como después de la muerte. El clero indígena se convierte en la vocación en la que Juana y su mamá ofrecerán toda su energía y capacidades.
Juana entendió que su Obra debería apuntar a las misiones del universo, porque todo el mundo misionero necesitaba sacerdotes.
La Obra
Quería estar abierta, a todas las personas que en todo el mundo contribuían o contribuirían, de acuerdo con sus posibilidades y disponibilidad a apoyar:
- La creación de becas perpetuas.
- La adopción de un seminarista
- La oración, donativos y trabajo.
La obra san Pedro Apóstol contaba con un millar de asociados y una larga lista de becas, por valor de cien mil francos, a favor de los seminaristas asiáticos y africanos, todo ello hacia esperar un signo de aprobación en Roma, la bendición del Papa llegó en 1895, cuando el episcopado francés también otorgó el permiso, a la Obra de san Pedro Apóstol para el clero indígena de las misiones, que así paso a formar parte a pleno titulo de la Iglesia universal.
Propaganda Fide garantizó su pleno apoyo a la obra a través de sus prefectos, a través de los cardenales Ladochowski y Jacobini, este ultimo anticipo en una carta su inclusión a las Obras Misionales Pontificias, acontecimiento que tuvo lugar el 3 de mayo de 1922 a instancias de Pío XI.
Los desafíos para una cultura en clave vocacional
En un mundo acelerado, es difícil concebir mi vida como vocación, si no estoy dispuesto a dejarme llevar un proceso en el que debo dejarme conducir y ser corregido y orientado, dejar de lado el inmediatismo para asumir pacientemente la vida como un eslabón en la historia en la cual nos toca vivir parte de la historia, el resto de nuestra existencia es en la eternidad.
Un desafío también es lo comunitario, superar el individualismo para integrar en nuestra conciencia el ser parte de una comunidad, empieza desde la familia, parroquia, colegio institución, vinculándome como parte de, y no como la suma de, la pertenencia a una comunidad te da un nombre, historia y rostro compartido con otros, y este es otro desafío grande, yo no soy sacerdote para mí, mi vocación no nace por una misteriosa aparición del Espíritu Santo en mi vida, sino que nace en un proceso de pertenencia a una comunidad y desde ahí voy haciendo el discernimiento.
Los aspectos más exigentes para conformar una cultura en clave vocacional son estos, superar el individualismo, superar el inmediatismo, y le sumaria una verdadera espiritualidad, una experiencia de Dios auténtica, nosotros tenemos que ser facilitadores, que haya una espiritualidad que sea un encuentro con Jesús, nosotros tenemos que preocuparnos que nuestro discurso, testimonio sea siempre conducir al encuentro con Jesús, porque esa es la fuente del sentido vocacional.
Tengo la certeza de que Dios sigue llamando, y no es que las personas no quieran responder, sino que faltan los instrumentos, y está la Iglesia que debe poder facilitar estos instrumentos para que los jóvenes encuentren su vocación.
“OBRA DE SAN PEDRO APÓSTOL, AHORA NOS TOCA A NOSOTROS SER LA LLAMA QUE ENCIENDE EL FUEGO POR LA MISIÓN EN CADA RINCÓN DONDE NOS ENCONTREMOS”


El misionero debe testimoniar con su vida, la vida misma de nuestro Señor Jesucristo, y el fuego de su Amor, amando. Si el misionero no Ama es un simple marketinero. Orar para que el Señor derrame más Amor en la misión sería muy fructífero.
Amén María unidos en oración…