Evangelio del día

Evangelio del Día: ¡TÚ, SÍGUEME!

22 de mayo 2021, sábado de la 7ma semana de Pascua, proclamamos el Evangelio según San Juan 21, 19 – 25. Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, dijo Jesús a Pedro: sígueme… Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


¡TÚ, SÍGUEME!

Queridos oyentes, con la perícopa de hoy termina el Evangelio del “discípulo a quien Jesús amaba”. JUAN Y PEDRO son de carácter diferente. Pedro toma las iniciativas, es impulsivo, valiente y, al otro lado, le entra el miedo y cambia. Juan, el jovencito, es contemplativo. Sin embargo, les unió una amistad profunda. Pedro y Juan, acción y contemplación, oficio y carisma van juntos en la Iglesia. PEDRO, a quien el Señor confirmó en su ministerio de guiar la Iglesia como cabeza visible y a quién le anunciaba “con qué clase de muerte iba a glorificar a Dios”, quiere saber del futuro de Juan. La respuesta de Jesús es concreta y misteriosa: ser atado y llevado a donde no quiera (v.18); pero deja claro que Pedro tiene que seguir su camino fortaleciendo a los hermanos sin comparar su futuro con el de Juan. Los discípulos pensaban que Juan no iba a morir hasta que Jesús vuelva. Juan aclara la palabra del Señor: “permanecer” no significa no morir, sino ser el último de los Apóstoles en morir y no de muerte violenta.

Así que el AMOR A JESÚS es el mismo, pero el camino de los discípulos es distinto del uno al otro. PEDRO VA A ROMA Y MUERE EN LA CRUZ COMO SU MAESTRO. JUAN QUEDA EN EL ORIENTE, sufre las persecuciones, sobrevive el martirio, escribe, inspirado por el Espíritu Santo, el EVANGELIO, vive la Revelación del APOCALÍPSIS en la isla de Patmos y pasa a la vida eterna de muerte natural. Los últimos versículos son como la firma y rúbrica del testigo que vio y escuchó. Es el cuarto Evangelio y deja ver que falta muchísimo más de testificar. Cristo realizó tantas y tan grandes obras que es imposible de relatar todo. Lo importante es que todo escrito es verdad y al creer de corazón nos lleva a la gloria. Hoy conmemoramos a Santa Rita de Cascia, religiosa italiana muy querida como la Santa de lo imposible. Nació 1381, fue hija obediente, esposa fiel pero muy maltratada, viuda, religiosa estigmatizada con una espina en la frente y queda incorrupta. Santa Rita pudo llegar a la santidad, a pesar de todo sufrimiento, porque en su corazón reinaba Jesucristo.

Esta semana pidamos por la unidad de los cristianos. Queremos crecer en la unidad según las palabras del Señor: “Yo soy la vid; ustedes, los sarmientos” (Juan 15,5) y “Que sean uno como tú, PADRE, y YO” (Juan 17, 20-23). Oremos: “Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu y todo será creado y renovarás la faz de la tierra”.
El Papa Francisco pide que en este mes de mayo, toda la Iglesia pueda invocar la intercesión de la Bienaventurada Virgen María para el fin de la pandemia.

Unámonos al pedido del Papa rezando el SANTO ROSARIO terminando con la Oración “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita”.


El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les siga acompañando en este tiempo de la PASCUA. El Señor ha resucitado. Aleluya. Aleluya.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones CEB

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