Evangelio del Día: ¡POR SUS FRUTOS LOS RECONOCERÁN!
23 de junio, miércoles de la duodécima semana proclamamos el Evangelio según San Mateo 7, 15 – 20. Gloria a ti, Señor.
¡POR SUS FRUTOS LOS RECONOCERÁN!
Queridos hermanos en Cristo, el Evangelio de hoy toca un tema fundamental para los discípulos misioneros de Jesús. Se trata de la coherencia entre la palabra y la vida de los cristianos. Cuantas personas se fascinan con el testimonio de vida de nuestro Señor Jesucristo pero no se hacen bautizar con el pretexto: ustedes los cristianos no viven lo que predican. La Santa Madre Teresa de Calcuta, al ser entrevistada sobre que debe cambiar en la Iglesia para que sea atrayente a los que están fuera, respondió: “Debo cambiar yo y usted”.
El tema de los falsos y verdaderos PROFETAS existía ya en el Antiguo Testamento. Los profetas Amos y Jeremías tenían que luchar contra falsos profetas que hablaban de paz, cuando tenían que exigir la conversión. Los sacerdotes en el Templo hacían prevalecer los sacrificios de los que comían y descuidaban la enseñanza de la Escritura y de la Oración. Los fariseos decían “dar gloria a Dios” para recibir ellos los honores. En las primeras comunidades cristianas existían también falsos profetas, que exigían cumplir primero con la Ley de Moisés, es decir hacerse judíos, antes de recibir el bautismo cristiano. Eran todavía más peligrosos, porque se disfrazaron “como ovejas”, gente piadosa con fe, que solamente buscan el bien. Y no es sólo en la Iglesia. En los pueblos tenemos quienes hablan de trabajar por los pobres para enriquecerse.
Por eso el Señor quiere sacudir la consciencia de los discípulos y prevenirlos de caer. Y lo explica con dos imágenes: el disfraz y los frutos buenos y malos. Jesús no sólo advierte del peligro, sino da una prueba para poder discernir: ¡POR SUS FRUTOS LOS RECONOCERÁN! Esta imagen del árbol y sus frutos aparece varias veces en la Escritura comenzando con el libro de Génesis. El fruto de la vida de una persona es en primer lugar el personaje mismo, su manera de actuar y de relacionarse con Dios y con los demás, pero también las huellas que deja. Si sabe llevar la comunidad a ayudarse mutuamente, a respetarse a sí mismo, a los otros y a Dios. Los frutos que el Espíritu Santo quiere producir en nosotros son: caridad, gozo y paz, generosidad, comprensión y bondad, fidelidad, paciencia y dominio de sí. Al otro lado quién confunde a los fieles y provoca divisiones y separaciones es un lobo disfrazado de oveja, un árbol que produce frutos malos; es un falso profeta del que debemos cuidarnos.
Hoy estamos en víspera del nacimiento de un verdadero profeta, del “hombre más grande nacido de mujer”, San Juan Bautista, que “se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios… preparando bien al pueblo para el Señor”.
El Papa Francisco invita orar este mes por la belleza del matrimonio y por los que se preparan al matrimonio para que crezcan en el amor.
Nos unimos al pedido del Papa al rezar el SANTO ROSARIO, especialmente para las familias que sufren la muerte de una persona querida. Al final oramos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.
Mons. Adolfo Bittschi

