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Mons. Bittschi: ¡A UN PROFETA SÓLO LO DESPRECIAN EN SU PATRIA, ENTRE SUS PARIENTES Y EN SU CASA!

4 de julio 2021, 14to Domingo B durante el año LITÚRGICO, proclamamos el Evangelio según San Marcos 6, 1 – 6a. Gloria a ti Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor, Jesús.


¡A UN PROFETA SÓLO LO DESPRECIAN EN SU PATRIA, ENTRE SUS PARIENTES Y EN SU CASA!
Queridos hermanos en Cristo, el rechazo de tantos profetas que culmina en el desprecio del Hijo de Dios en su pueblo Nazaret es el tema central de las lecturas de este domingo. Nos advierten a revisar las áreas de nuestra vida para ver donde nos resistimos a la guía de Dios, cuales son nuestros pecados ocultos para presentarlos al Señor y pedir misericordia y perdón.


La primera lectura del profeta EZEQUIEL nos prepara para el Evangelio. Al profeta le tocaba cumplir una misión difícil para el pueblo de Israel, porque endureció su corazón. Él mismo, exiliado entre exiliados, es enviado por el Señor con esta advertencia: “Hijo de Adán, yo te envío a Israel, pueblo rebelde; se rebelaron contra mí” (Ezequiel 2). Eran muchos los profetas, que ya venían reprochando a los israelitas su dureza de corazón y su falta de fe en Dios: “Ellos y sus padres se sublevaron contra Mí hasta el día de hoy… Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos” (Ez 2).


El Salmista nos recuerda cómo deben estar nuestros ojos, oídos, mente y corazón, todo nuestro ser: – en una actitud de escucha a Dios y de completa disponibilidad a Él. “Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia” (Salmo 123).


Surge la pregunta: ¿El discípulo misionero se deja desanimar por ser despreciado? La respuesta nos da San Pablo en la segunda lectura de la 2da Carta a los Corintios: ¡De ninguna manera! En medio de todas las “debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo” obra la fuerza y la gracia de Cristo: “Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad” (12, 7-10).


El Evangelio de San Marcos relata la prédica de Jesús en Nazaret. Jesús llega a su pueblo para sufrir lo mismo que los profetas antes y los Apóstoles y discípulos después de Él. El día sábado va, según su costumbre, a la sinagoga. Allá empezó a enseñar con poder. La gente se queda maravillada. Habrán escuchado los milagros que Jesús había realizado en Cafarnaúm al resucitar la hija de Jairo y sanar a la mujer enferma por doce años. Pero Jesús no solo es el maestro y predicador, sino, sobre todo, el Enviado de Dios para liberar y salvar de toda clase de abusos, de corrupción, de hipocresías, en fin, del pecado y de la muerte. Por eso les deja ver cuánto de egoísmo, mentira, falsedad, opresión, veneno de venganza y maldad que está en el corazón de las personas. Quién dice la verdad choca con la gente que lo toma como un ataque, y no como el diagnóstico de un médico que descubre las enfermedades letales para cortar y sacar, y de esa manera salvarnos. Como para defenderse surgen unas cataratas de preguntas. Marcos lo suma en cinco: “¿De dónde le viene todo esto? ¿Qué sabiduría es ésta que le ha sido dado? ¿De dónde esos milagros realizados por su propio poder? ¿Acaso no es este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y de José, Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven aquí entre nosotros?” Estas preguntas son para desacreditar a Jesús y de esa manera no tener que buscar, reconocer, arrepentirse y confesar sus pecados para ser sanados y salvados. Yo también pregunto: ¿Cuánto de esa clase de nazarenos llevamos nosotros y nuestros hermanos cristianos adentro?


Jesús proclamó según San Lucas: “El Espíritu del Señor está sobre mí”. Una de las obras importantes del Espíritu Santo es descubrir los pecados para que puedan ser confesados y perdonados. El tiempo presente es tiempo de reconocer nuestros pecados. San Cirilo de Jerusalén dice: “Limpia el recipiente, para que seas capaz de una gracia más abundante, porque el perdón de los pecados se da a todos por igual, pero el don del Espíritu Santo se concede a proporción de la fe de cada uno… Si tienes algo contra alguien, perdónalo”. Porque si quieres el perdón de los pecados, es necesario que tú también perdones al que te ha ofendido.


El asombro inicial de los nazarenos ante el Salvador termina en escándalo e incomprensión, propios de quien se niega a reconocer a Dios en la persona de Jesús, para ellos un conocido y cotidiano. Se cumpla una vez más lo que decía Jesús en Marcos 4,12: “Por más que miren, no ven y por más que oigan, no entienden”. Por su falta de fe no realiza “ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe”. Jesús al ser rechazado en su pueblo donde se crió, no dejó de anunciar el Reino de Dios, pero en otras partes.


El Papa Francisco declaró este año un AÑO SANTO en honor a SAN JOSÉ, y un AÑO SANTO de la FAMILIA. El mes de mayo está dedicado a la Virgen Madre de Dios, el junio al Sagrado Corazón de Jesús y este mes de julio a la PRECIOSÍSIMA SANGRE de CRISTO. La devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo es un llamado a la SANTIDAD diaria y su invocación una fuerte protección contra satanás y todo mal.
En este mes de julio invita a orar para para que, en situaciones sociales, económicas y políticas conflictivas, seamos arquitectos de diálogo y de amistad valientes y apasionados. Nos unimos al pedido del Papa regalando a la Madre cada día un ramo de rosas al rezar en todas nuestras intenciones el SANTO ROSARIO, especialmente por los afectados por el covid-19 y sus familias y para los que lloran la muerte de una persona amada. Oremos al final: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita”.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo resp. de Misiones CEB

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