Evangelio del día

Evangelio del Día: VEN A IMPONERLE TU MANO Y VIVIRÁ

5 de julio, lunes de la 14ta. semana durante el año litúrgico proclamamos el Evangelio según San Mateo 9, 18 – 26. Gloria a ti, Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

VEN A IMPONERLE TU MANO Y VIVIRÁ
Queridos hermanos en Cristo, el tema del Evangelio de hoy es la FE y la incredulidad. Después de los pasajes polémicos anteriores, cuyo tema central era el PERDÓN, Mateo retoma los relatos de los diez milagros. Estamos ya con los milagros ocho y nueve que Jesús realizó después del Sermón de la Montaña. Una mujer, confiando en el Señor, se sana de derrames de sangre que la agobiaron desde hacía doce años. Jesús le dijo: “Ánimo, hija, tu fe te ha sanado”. El hombre importante, que San Marcos lo identifica con el jefe de la sinagoga, lleno de fe en Jesús se postró ante Él para pedirlo: “Mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá”. Jesús, conociendo el corazón del padre de la hija, se levanta y lo sigue con sus discípulos, entró a su casa, tomó la mano de la niña muerta y la levantó.

La conexión entre fe y milagro no es psicológica sino religiosa. Por psicología no se hace volver una persona muerta a la vida. La fe puede preceder al milagro. Entonces el milagro confirma la fe y su deseo de llegar a la meta de su camino. El milagro representa, en consecuencia, un anticipo del cielo. Pero la fe puede ser también una consecuencia del milagro. Entonces el milagro es la prueba de la credibilidad del que habla en Nombre de Dios. En este caso, el mirar va por delante de la fe. Sin embargo, con ocasión de milagros espectaculares puede dominar la incredulidad. Mientras el pueblo exclama: “Nunca habíamos visto algo parecido en Israel”, los fariseos declaraban: “Con el poder de Belzebú expulsa los demonios”. Ambos grupos presenciaron algo sobrenatural. Los unos ven la actuación de Dios y los otros del diablo. El milagro no obliga a creer, ni la fe puede forzar el milagro. Dios nos creó en libertad y lo respeta como Él mismo se guarda la libertad de actuar, cuándo es para nuestro bien. La persona libre que abre su corazón para el amor de Dios avanza a un nuevo mundo inmenso. Mientras la persona que se encierra en sí mismo, en el egoísmo, creyendo que tiene todo arreglado termina en rechazo y soledad. La otra persona que recibe el amor de Dios, comparte el amor con el mundo que lo rodea y estará feliz.

Testigo de esta experiencia es el santo que hoy conmemoramos: San Antonio María Zaccaría. Nació en Cremona, ciudad de Lombardía, el año 1502; estudió medicina en Padua y, después de ordenando sacerdote, fundó la sociedad de los Clérigos de San Pablo o Barnabitas, la cual trabajó mucho por la reforma de costumbres en los fieles. Murió el año 1539.

El Papa Francisco invita orar este mes de julio para que, en situaciones sociales, económicas y políticas conflictivas, seamos arquitectos de dialogo y de amistad valientes y apasionados. Nos unimos al pedido del Papa al rezar el SANTO ROSARIO, especialmente para las familias que sufren del covid-19 o lloran la muerte de una persona querida. Al final oramos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo resp. de Misiones CEB

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