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Mons. Bittschi: ¡TU ERES EL MESÍAS! – EL HIJO DEL HOMBRE TIENE QUE PADECER MUCHO

12 de septiembre 2021, Domingo 24 B durante el año litúrgico, proclamamos el Evangelio según San Marcos 8, 27 – 35. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


¡TU ERES EL MESÍAS! – EL HIJO DEL HOMBRE TIENE QUE PADECER MUCHO
Queridos hermanos, estamos en el mes de la Biblia. Este año con el lema: ¡COMUNIDAD MISIONERA, COMPARTE LA PALABRA! Compartan también este mensaje. Gracias.
La primera lectura del profeta Isaías trae el tercer cántico del Siervo de Dios hablando de su sufrimiento y de su confianza en Dios que le hace fuerte. Las autoridades del Pueblo Elegido de Dios conocían estas profecías del Siervo de Dios, pero no eran capaces de reconocer este Siervo en la persona de Jesús. Los Apóstoles aceptaron a Jesús como el MESÍAS, sin embargo, igual no querían aceptar el sufrimiento de su Señor. Recién después de la Pasión, Muerte y Resurrección los Santos Evangelistas podían reconocer en Jesús al Siervo sufriente del que habla el profeta Isaías en la primera lectura. Un Siervo que asume la situación con firmeza, porque siente tan cerca la presencia de Dios, puedo escuchar su aliento y consuelo en medio de todas las agresiones y vejaciones a las que fue sometido.

Los mismos sentimientos expresa el Salmo responsorial en una acción de gracias a pesar del peligro de la muerte porque con confianza camina en la presencia del Señor. En la segunda lectura seguimos con la Carta del Apóstol Santiago que exige obras de caridad como prueba de verdadera fe cristiana. El Apóstol ve a cristianos viviendo una religiosidad aparente, una fe vacía, una fe sin obras ni coherencia de vida, una fe incoherente. Creer sin vivir lo que creemos es una farsa y no trae ningún fruto. En el Evangelio vemos que para Jesús llega su hora de emprender su subida a Jerusalén. En este momento hace un alto en el camino y pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” El común de la gente no había podido identificar con claridad la persona y la propuesta de ese “profeta extraordinario”. No lograba ver como una novedad – el Nuevo y Eterno Testamento -, sino como un personaje revivido del Antiguo Testamento. Pedro, en nombre de los discípulos responde certeramente: “¡Tú eres el MESÍAS!”
Su respuesta es acertada y verídica, pero ¿qué entienden Pedro y los Apóstoles por Mesías? Para la tradición judía, el mesías era el Enviado de Dios que, con el título de rey, rescataría a Israel de las manos de los invasores paganos. Era una visión nacionalista, política y militar. Esta concepción se olvidó completamente de las profecías del Siervo de Dios. Es verdad que hay anuncios del triunfo del Mesías en los profetas y que falta cumplirse. Esto será al final de los tiempos cuando el Reino de Dios llega en su plenitud con la segunda venida triunfal de Cristo con todos los ángeles del cielo. Pero ahora el Mesías, el Cristo, tiene que asumir el sufrimiento, la pasión y la muerte en cruz para el perdón de los pecados, tal como indica su nombre Jesús (Mateo 1, 21) y con su Santa y Gloriosa Resurrección abrirnos el cielo.


El Señor, al explicar a los discípulos, pasa del título MESÍAS al de HIJO DEL HOMBRE, para recordar que su condición de Dios está íntimamente unida a su condición humana. Como Salvador tiene que cargar con los pecados de toda la humanidad porque solo así todo puede ser redimido. Impedir el camino de la Cruz es impedir el proyecto de salvación de Dios. Por esa razón Jesús increpa a Pedro tan fuertemente llamándole nada menos que satanás, el enemigo de los hombres y del plan divino de salvarnos.


¿Cuántas veces, al igual que Pedro, somos piedras de tropiezo o de escándalo que impiden el avance del proyecto de Jesús entre nuestros hermanos, familias, comunidades y pueblos? La conclusión de Cristo es lógica: quien quiere unirse a su proyecto debe aceptar también todos sus objetivos, sus condiciones y sus consecuencias. El discípulo misionero debe, por tanto, negarse a sí mismo, es decir, partir de los criterios de Dios antes de que los propios; debe entender su vida como donación, entrega y solidaridad en favor de los hermanos llenándose cada día del amor misericordioso de Dios, para poder dar testimonio de su fe aún a costa de sacrificar su propia vida.


El tema de la Cruz nos acompaña en esta semana con la fiesta de la EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ y la memoria de NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES los días martes y miércoles. El día miércoles es el 16to aniversario de la Ordenación Episcopal de nuestro Arzobispo Monseñor Ricardo Centellas Guzmán.


Hoy, 12 de septiembre, se recuerda el SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA, por ser domingo, no se puede celebrar este año. Felicito a todas las mujeres que llevan este dulce nombre de MARÍA. Esta fiesta se instaló con nombre de MARÍA DE VICTORIA en memoria de la victoria sobre los turcos que estaban sitiando la ciudad de Viena el 12 de septiembre de 1683. Los pueblos de Europa clamaban al cielo invocando al nombre de MARÍA Madre de Dios rezando el Santo Rosario. El rey de Polonia Juan III Sobieski vino con su caballería para derrotar el inmenso ejército de los turcos que ya se daban como vencedores.


En Sucre tenemos hoy la grata visita del Señor Nuncio Apostólico, Mons. Ángelo Accattino, para presidir la Eucaristía y publicar que LA IGLESIA METROPLITANA DE SUCRE HA SIDO RECONOCIDO POR EL SANTO PADRE EL PAPA FRANCISCO CON EL TÍTULO “PRIMADA DE BOLIVIA” POR SER LA PRIMERA DIÓCESIS EN BOLIVIA FUNDADA 1552. El título primacial se confiere al mismo tiempo al Arzobispo de Sucre durante el tiempo de su oficio.


Este mes de septiembre invita el Papa orar para que todos tomemos decisiones cuidar la creación, alegrándonos por los jóvenes que están comprometidos con eso. Nos unimos al pedido del Papa Francisco regalando a la Madre cada día un ramo de rosas al rezar en todas nuestras intenciones el SANTO ROSARIO, también por los afectados por el covid-19 y sus familias, y para los que lloran la muerte de una persona amada. Oremos al final: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

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