Mons. Bittschi: VERÁN VENIR AL HIJO DEL HOMBRE SOBRE LAS NUBES
14 de noviembre de 2021, domingo 33 durante el año B, proclamamos el Evangelio según San Marcos 13, 24-32. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Queridos hermanos en Cristo, el tema de este Domingo es la seguridad que Jesucristo nos da en medio de las diferentes crisis, sea de la pandemia, la inseguridad de salud, de economía, de política, de los lazos matrimoniales y familiares, de la fe cristiana etc. Hay que tomar en cuenta que la realidad mayor y la seguridad encima de todo es nuestro Dios y su enviado Cristo que nos aseguró antes de subir al Dios Padre: “Sepan que Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,20). Clamaremos entonces cada día con Nuestra Madre, la Virgen María, con los Apóstoles y la primera comunidad de los cristianos de Jerusalén: “¡Maran atha! ¡Ven, Señor Jesús!” o bien rezaremos conscientes en el PADRE NUESTRO la frase “Venga a nosotros tu Reino, Señor”.
Continuando con el Evangelio del Domingo pasado, San Marcos presenta al Señor, saliendo del Templo, pasando el valle del Cedrón y sentándose luego en el Monte de los Olivos, desde donde se tiene una linda vista del Templo, junto a sus Apóstoles. Luego Jesús responde a una pregunta formulada por Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Son los mismos cuatro con quienes en el Evangelio de San Marcos el Señor inició su misión pública. La pregunta que hicieron era la siguiente: “¿Cuándo sucederá esa destrucción y cuál sería la señal anunciadora?” Jesús les advierte y pone en guardia contra la curiosidad por saber tiempos y fechas, invitándoles a tomar conciencia del futuro difícil que como discípulos les espera sufrir. En este contexto sigue el Evangelio de hoy. Comienza a hablar anunciando las dificultades que les espera como “la gran tribulación” y “el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los poderes celestiales temblarán”. En este anuncio podemos ver tres actos: después de los fenómenos cósmicos, viene la llegada gloriosa del Hijo de Hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. Él enviará a los ángeles para reunir a los elegidos dispersos por todo el mundo. Esta reunión de los elegidos pone fin a las tribulaciones de los fieles y es el punto culminante. Los signos cósmicos, de los que habló el Señor, preparan la llegada gloriosa del Hijo del hombre y la reunión de los cristianos.
OJO: Dichos cataclismos e imágenes catastróficas del Evangelio de San Marcos son de la literatura apocalíptica y contemporánea del Evangelista y no hay que tomarlas al pie de la letra. Todo hay que ver desde la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. La Pasión y la Resurrección son acontecimientos trascendentales que para San Marcos representan el final de un mundo viejo y el inicio del nuevo mundo lleno de paz, justicia, felicidad y amor. Tras las oscuras imágenes cósmicas y el sufrimiento de la “gran tribulación” trasluce la fe y la esperanza de un futuro en gloria y felicidad plena y perfecta en la llegada del Reino de Dios en su plenitud con la llegada gloriosa del Hijo del hombre al final de los tiempos.
Repito: el tema de este Domingo es LA SEGURIDAD QUE JESUCRISTO NOS DA en medio de las diferentes crisis e inseguridades. Les recuerdo que la realidad mayor y la única seguridad que nunca defrauda son nuestro Dios y su enviado Cristo.
¡Ojalá, que por nuestra confianza en Él, en este siglo venidero nos hallemos también nosotros todos agregados a la gran muchedumbre de los salvados! Estos serán los que tuvieron una fe recta en Nuestro Señor Jesucristo, o bien en la VERDAD que es Jesús en persona, y lo demostraron practicando la fe verdadera con obras de caridad; son los que atentos y conscientes de sus faltas, se purificaron a sí mismos por el arrepentimiento, o como cristianos, se purificaron de la inmundicia de los pecados mediante de la confesión y la penitencia; son los que lucharon contra los vicios practicando las virtudes opuestas a ellos, es decir con la templanza, la justicia, la verdad, la caridad, la castidad, la limosna; que todos estos, una vez resucitados, escucharán la voz de Cristo Justo Juez y Rey de Reyes: “¡Vengan a mí, benditos de mi Padre!, reciban en herencia el Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo” (Mateo 25,35); y así reinarán con Cristo en el Reino celestial y pacífico, viviendo en la felicidad plena gozando de una luz inefable donde no hay dolor ni luto ni llanto sino alegría y delicias sin fin como en un banquete nupcial.
La primera lectura del Profeta Daniel, como todos los Domingos, preparaba el Evangelio de hoy. Nos asegura la ayuda del Arcángel San Miguel que se ocupa de nosotros en los tiempos difíciles. Y termina con esta palabra prometedora: “Los sabios brillarán como fulgor en el firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad” (Daniel 12,3).
En este mes de noviembre el Papa Francisco nos invita a orar por las personas que sufren depresión o agotamiento extremo, para que reciban apoyo y una luz que les abra a la vida. Nos unimos al pedido del Santo Padre regalando a nuestra Madre, la Virgen María, cada día un ramo de rosas al rezar en todas nuestras intenciones el SANTO ROSARIO, también por los afectados por el covid-19 y sus familias, y para los que lloran la muerte de una persona amada. Oremos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y que dé el descanso eterno a sus seres queridos difuntos. Ven, Señor Jesús.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo resp. de Misiones CEB

