Evangelio del Día ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO
8 de diciembre 2021, celebramos la SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA y proclamamos el Evangelio según San Lucas 1, 26 – 38 Gloria a ti, Señor.
ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO
Al celebrar la INMACULADA CONCEPCIÓN de la Santa Virgen María alabamos y glorificamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que obró este milagro en el momento de la concepción natural por sus padres Joaquín y Ana guardándola del pecado original. Es una de las cuatro grandes gracias que Dios la concedió al escogerla como Madre del Salvador y de las verdades seguras al ser proclamadas por el Papa en consonancia con todos los Obispos como dogma. 1. El primer dogma mariano asegura: María es Madre de Dios Hijo. La cita bíblica está claro: “Entraron en la casa, vieron el niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron” (Mateo 2,11). 2. El segundo dogma mariano es su Virginidad. También lo dice la cita verbal: “Dios envió al ángel Gabriel… a una virgen… el nombre de la virgen era María” (Lucas 1, 26.27). En Bolivia conocemos la historia del Inca y sabemos que había vírgenes consagradas al servicio del Inti, el dios sol, las ñustas. 3. El tercer dogma es lo que celebramos hoy 8 de diciembre: la INMACULADA CONCEPCIÓN de la Santa Virgen María, justo nueve meses antes de su nacimiento. 4. El cuarto dogma es la GLORIOSA ASUNCIÓN de Santa María Virgen con cuerpo y alma al cielo (proclamado por Papa Pio XII el 1 de noviembre de 1950).
Hoy entonces festejamos a nuestro Dios por la Inmaculada Concepción de la Virgen María que no tiene una cita verbal pero son varios textos de la Sagrada Escritura que meditándolas por varios siglos se dejan interpretar con seguridad así. El pasaje más importante es el Evangelio que se proclama en esta solemnidad: el Anuncio del Ángel a María y la encarnación del Hijo de Dios. Dios Padre saluda a María por medio del Arcángel Gabriel: “ALÉGRATE, MARÍA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO”. El Papa Benedicto XVI dijo: «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, «el amor encarnado de Dios» (Encíclica «Deus caritas est», 12). En esta plenitud de gracia Dios regala a María en el primer momento de su existencia, sin mérito de ella, el mismo estado de gracia en el que había creado a Adán y Eva. A la Virgen María Dios le da esa gracia “en previsión de la muerte de Jesús” (Oración de la Solemnidad). En otras palabras la Inmaculada Concepción de María nos lleva a Cristo y a su sacrificio en la cruz.
Por eso cantamos con el Salmo responsorial “Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” (Salmo 98).
En María se cumple la profecía de Isaías “me llena de gozo el Señor, mi alma se alegra con mi Dios: porque me ha vestido un traje de triunfo, me ha cubierto con túnica de victoria; porque me ha enjoyado como una novia” (Isaías 61,10).
Y San Pablo escribe en la carta a los Efesios: “Dios nos eligió en la Persona de Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Efesios 1,4 – Segunda Lectura).
San Ireneo (130-202) había presentido la Inmaculada Concepción de María, cuando saludaba en ella a “la Nueva Eva”. En la edad media el teólogo franciscano, Juan Duns Scoto, había propuesto ya lo que será luego el dogma con la famosa expresión: “Decuit, potuit, ergo fecit”, que quiere decir: “era conveniente, Él podía hacerlo, luego Él lo hizo”. En las Iglesias orientales y ortodoxas se habla de María como la “Siempre Pura”. En el siglo XV se oraba en la liturgia: “por la concepción inmaculada de la Virgen María, Dios preparó a su Hijo una digna morada”. Como verdad segura de la fe, o sea como dogma de fe, fue proclamado por el Papa Pio IX el 8 de diciembre de 1854 y confirmado por la misma Virgen en sus 18 apariciones en Lourdes, Francia, desde el 11 de febrero hasta el 25 de marzo de 1858 cuando se presentó a la vidente Bernardita Soubirous como “Yo soy la INMACULADA CONCEPCIÓN” y se produjeron desde entonces muchos milagros.
En resumen: 1. La Virgen recibe el privilegio de la Inmaculada Concepción por pura gracia en vista de ser un día la Madre del Hijo de Dios hecho hombre. Él tiene que nacer sin ningún contacto con el pecado. Al venir del cielo y asumir la carne humana Jesús sigue siendo Dios en quien no cabe ni la mínima mancha del mal. Nosotros nacemos 50% de papá y 50% de mamá, mientras Jesús recibe toda su carne y su sangre humana 100% de su Madre. En cuanto Dios, Cristo existe antes y fuera del tiempo. Así podía adelantar en la celebración de la Última Cena, que era su primera Eucaristía, la entrega de su Cuerpo y de su Sangre. Y de la misma manera salva, anticipadamente, a su Madre de toda mancha de pecado.
Adán y Eva cayeron en la tentación, mientras la Santísima Virgen María nunca fue vencida por el pecado. Esta lucha de satanás contra la madre del Salvador estaba sentenciado por Dios en el libro de Génesis donde dice: “Pongo enemistad entre ti y la mujer” (3,15). Podemos pedir a la Inmaculada Concepción, que está puesta por Dios a pisar la cabeza de la serpiente antigua, que interceda por nosotros, los hijos de Adán y Eva que miles y miles de veces hemos sucumbido en la tentación, para poder vencer las tentaciones.
La Inmaculada Concepción nos muestra la importancia y necesidad de tener un corazón puro para que Dios pueda venir a nuestra vida y a nuestro corazón en este tiempo de Adviento. “Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios” (Mateo 5,8). Lo confirman tantos varones y mujeres santos tentados pero vencedores en la lucha contra satanás.
Al terminar les invito a consagrarse a la Inmaculada Concepción para que honrándola en ella, la creatura, al Creador nos lleva a su Hijo Jesucristo y por Él a la Santísima Trinidad. Oremos: “Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti. En prueba de mi filial afecto te consagro en éste día, mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame, defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén”
Sigamos meditando el SANTO ROSARIO para pedir al Espíritu Santo que toque los corazones de los pecadores y también los nuestros; además nos unimos con nuestro Papa Francisco que en este mes de diciembre pide orar por los Catequistas, que están llamados a proclamar la Palabra de Dios. Que lo hagan con valentía, creatividad y con la fuerza del Espíritu Santo. Pidamos también por los afectados por el covid-19 y sus familias, y para los que lloran la muerte de una persona amada.
Oremos por BOLIVIA: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. “¡Ven, Señor Jesús! Pronto por favor, te necesitamos”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo resp. de Misiones CEB

