Mons. Bittschi: DOMINGO de la PALABRA DE DIOS (2019). TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA
23 de enero de 2022, 3er.Domingo C, proclamamos el Evangelio según San Lucas 1, 1- 4; 4, 14 – 21. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
DOMINGO de la PALABRA DE DIOS (2019). TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA
Queridos hermanos en Cristo, hoy celebramos el DOMINGO de la PALABRA DE DIOS, así lo estableció hace tres años el Papa Francisco en su Carta Apostólica, “Aperuit illis”, para “hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esa riqueza inagotable” que es el amor misericordioso del Padre. El título de la Carta del Papa corresponde a las dos primeras palabras en latín y es tomado de San Lucas que narra que Jesús Resucitado, estando con sus discípulos, «les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» (Lc 24,45). De igual modo, Jesús les abrió los ojos para reconocerlo al partir el pan (cf. Lc 24,31). Lucas utiliza este verbo “abrir” siete veces de las ocho que aparece en el Nuevo Testamento. Pidamos a Dios nos abra también a nosotros el corazón y el entendimiento de las Escrituras y (Hechos 16,14). Las lecturas de éste Domingo nos muestran la importancia de la Palabra de Dios en la Vida y la Misión de la Iglesia. La proclamación de la Sagrada Escritura había comenzado por el sacerdote Esdras cinco siglos antes de Cristo. En el destierro en Babilonia no podían realizar esta fiesta de la Palabra. Era la memoria y la renovación de la primera Alianza que Dios hizo con el Pueblo de Israel después de la liberación de la esclavitud en Egipto. Ahora al retorno de Babilonia la fiesta de la proclamación de la Palabra de Dios les llena de alegría y les da vida nueva, según cuenta Nehemías (8,2-10) en la primera lectura. Esdras inicia la celebración con una bendición, una alabanza a Dios. El pueblo participa de esta oración respondiendo “Amén, amén”. Así que era más que una información o enseñanza de verdades de la fe que habían olvidado; era poner el pueblo frente a su Señor y Liberador, el Dios vivo y verdadero. ¿Cómo reaccionó el pueblo? “El pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley”. Esdras los animó celebrar un banquete y hacer participar a los pobres porque: “El gozo del Señor es nuestra fuerza”. El Salmo responde con una nueva alabanza a la Ley de Dios que “alegra el corazón y da luz a los ojos. La voluntad de Dios es pura. Los mandamientos del Señor son verdaderos y justos. La ley de Dios es descanso del alma”.
Este domingo retomamos la proclamación del Evangelio según San Lucas, que nos acompañará durante este año. El Evangelista Lucas no es Apóstol ni discípulo de la primera generación que conocieron al Señor personalmente. Esto lo escribe en los primeros versículos, donde declara que su Evangelio recoge los testimonios de testigos auténticos oculares. Entre ellos María, la Virgen Madre de Dios y los Apóstoles. De esa manera puede él narrar los misterios de la Anunciación, del Nacimiento y de la Epifanía del divino Niño. Lucas como médico, escribe del amor misericordioso de Cristo como reflejo del Padre. Los “pobres y enfermos son la niña de los ojos de Dios” (San Camilo).
En la segunda parte del Evangelio de hoy resalta que Jesús no hace las cosas a su manera, sino se deja conducir por el Espíritu Santo para proclamar cuál es la misión que Dios le había encomendado. En “Nazaret, donde se había criado” va a la sinagoga “para hacer la lectura”. Aquel día tocó un pasaje del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los pobres”. La Palabra clave es UNGIDO. En Israel eran ungidos solamente los reyes, posteriormente los sacerdotes y algún profeta como signo de estar empapado del Espíritu del Señor. La palabra ungido significa en hebreo MESÍAS, en griego CRISTO, en quechua JAWISQ´A. Jesús es el Mesías, el Cristo, el REY de los judíos. Los reyes en su consagración hacían anuncios y mostraban su benevolencia liberando a cautivos. Los sacerdotes proclamaban para cada cincuenta años un año de jubileo, en el cual los presos volvían a su familia y se perdonaban las deudas. Isaías, inspirado por el Espíritu del Señor, escribió estas palabras para ese momento y para el Mesías Jesucristo. El Señor lo confirma esto al decir: “Esta lectura que acaban de oír se ha cumplido hoy”. Nuestro HOY. El mismo episodio de la sinagoga de Nazaret acontece hoy, ahora, en la celebración de la Eucaristía: Cristo glorioso está en medio de nosotros con su fuerza salvadora anunciando un “año de gracia del Señor”. Nos habíamos deseado un feliz año nuevo. Eso no es cuestión de las circunstancias que nos esperan, sino de abrir o mejor dejarse abrir nuestra mente y corazón para Cristo que viene a nuestro encuentro en el prójimo necesitado.
Jesús, como Rey, viene a anunciar y realizar la liberación de los cautivos, la sanación de los enfermos y de los oprimidos. Eso se entiende tanto a nivel corporal como también espiritual: cautivos por los demonios y en las cárceles sin juicio. Ciegos para ver las maravillas de Dios. Oprimidos por una depresión.
Los cristianos somos, por nuestro bautismo, ungidos como sacerdotes, profetas y reyes para seguir con la misma misión de Cristo: anunciar el Evangelio de Jesús, liberar y sanar, perdonar para ser perdonado.
Sigamos rezando en nuestras familias el SANTO ROSARIO por santas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Pidamos también por la conversión de los pecadores y el fin de la pandemia y de todas las enfermedades corporales y espirituales. El Papa Francisco nos pide orar en este mes de enero para que las personas que sufren discriminación y persecución religiosa encuentren sus derechos y la dignidad a base de la hermandad. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo descienda, sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons, Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo resp. de Misiones CEB

