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Mons. Bittschi: «Unidos en oración por la paz en Bolivia»

Prensa CEB 13.11.22. Domingo 13 de noviembre de 2022. Domingo 33 durante el año litúrgico C, proclamamos el Evangelio según San Lucas 21, 5 – 19. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

Mons. Adolfo Bittschi, Director Nacional de Obras Misionales Pontificias comparte su homilía de este domingo.


JERUSALÉN SERÁ PISOTEADA POR PAGANOS.GRACIAS A SU CONSTANCIA SALVARÁN SU VIDA
Queridos hermanos en Cristo:
Con el Evangelio de hoy San Lucas deja atrás las controversias con los dirigentes del pueblo, los fariseos y maestros de la Ley y el horizonte de la enseñanza de Jesús se abre al final de los tiempos y su segunda venida. Hay una “hoja de ruta”, el Antiguo Testamento”, que debe cumplirse con unos signos que tienen que ocurrir. Este proceso lo constituyen tres momentos: la destrucción de Jerusalén y su Santuario, la época de las tribulaciones y persecuciones y último la venida gloriosa del Hijo del Hombre.

El primer signo es la destrucción del Templo. Los judíos se sentían orgullosos por la grandeza y majestuosidad del Templo de Jerusalén. Creían que, por ser la morada de Dios, era indestructible y permanecería hasta el fin del mundo. Por eso sonó como blasfemia que el profeta Jeremías en el siglo VI antes de Cristo anunciara ya su destrucción por no cumplir con los Mandamientos de Dios. Jesús, en cambio como Jeremías advierte a sus contemporáneos que la ciudad de Jerusalén y su Santuario serán arrasados. Pero, antes de que eso ocurra, sus discípulos tendrán que dar testimonio de Jesucristo, de su Muerte y Resurrección, y padecer persecuciones, todo tipo de juicios y cárceles. Sin embargo, la destrucción del Templo, según el plan de Dios, no será el fin del mundo, sino el acontecimiento que abre una nueva etapa de la historia de duración desconocida. Esta etapa será el tiempo de las naciones, en la que el Evangelio debe anunciarse a todos los pueblos. Etapa que acabará con la venida gloriosa del Señor (Hechos 1, 11). Luego Jesús presenta los signos que precederán a su segunda venida (v. 25ss), al estilo de las descripciones de los profetas que involucraban al universo entero cuando se trataba de la presencia del Señor. Estos signos cósmicos dan un marco impresionante y solemne a la venida gloriosa y tienen dos resultados: de terror por los pueblos, pero la liberación para los discípulos seguidores de Jesús. Ya que no existe fecha clara para su aparición final, que ocurrirá de improviso, el Señor utiliza el ejemplo de la higuera para advertir a los suyos que estén siempre atentos a los signos de los tiempos, lleven una conducta conveniente y no dejen la oración, que hace posible la esperanza y el discernimiento. Y porque Cristo vendrá con seguridad, no hay que perder la esperanza, por más difíciles que sean los tiempos en los que se vive como ahora en esta segunda década del siglo XXI con divisiones entre los pueblos hasta con guerras, como el asalto imprevisto de Rusia a su vecino Ucrania; la amenaza de una guerra civil en Bolivia y tantos confrontamientos en el globo. El Evangelio termina con una palabra consoladora: “Gracias a su constancia salvarán su vida”.


Recogemos dos puntos. *El primero es que todos los cristianos estamos llamados a testimoniar a Cristo delante de los hombres, especialmente en estos momentos de turbulencia por el censo y la persecución de los que ejercen su derecho de protestar pacíficamente. La vocación de anunciar a Cristo y su Evangelio es un privilegio de todos. Todo bautizado, como insiste el Papa Francisco, es al mismo tiempo discípulo misionero. *Segundo, al dar testimonio de Jesús, los discípulos-misioneros serán acompañados por Él y por el Espíritu Santo, que es el “Espíritu del Padre” y el “Espíritu de Jesús”. Por lo tanto, hay que notar que, de un lado, se ofrece el sostén directo de Jesús a sus discípulos: «yo [Jesús] les daré palabras y sabiduría», y, del otro, la acción del Espíritu Santo en ellos «en aquel momento». Por esto, para dar testimonio de Cristo, es necesario estar siempre en comunión con Jesús y su Espíritu por la oración, la meditación de la Palabra de Dios y los sacramentos de la Confesión y Comunión frecuentes y la Confirmación.


El PAPA FRANCISCO decía de este Evangelio “que consiste en la primera parte de un discurso de Jesús: sobre los últimos tiempos. […] Estas palabras de Jesús son siempre actuales, también para nosotros que vivimos en el siglo XXI. Él nos repite: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre» (v. 8). Es una invitación al discernimiento, esta virtud cristiana de comprender dónde está el Espíritu del Señor y dónde está el espíritu maligno. También hoy, en efecto, existen falsos «salvadores», que buscan sustituir a Jesús: líderes de este mundo, santones, incluso brujos, personalidades que quieren atraer hacia sí las mentes y los corazones, especialmente de los jóvenes. Jesús nos alerta: « ¡No vayáis tras ellos!». «¡No vayáis tras ellos!». El Señor nos ayuda incluso a no tener miedo: ante las guerras, las revoluciones, pero también ante las calamidades naturales, las epidemias, Jesús nos libera del fatalismo y de falsas visiones apocalípticas.


El segundo aspecto nos interpela precisamente como cristianos y como Iglesia: Jesús anuncia pruebas dolorosas y persecuciones que sus discípulos deberán sufrir, por su causa. Pero a la vez asegura: «Ni un cabello de su cabeza perecerá» (v. 18). Nos recuerda que estamos en las manos de Dios. Las adversidades que encontramos por nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio son ocasiones de testimoniar; no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a abandonarnos aún más a Él, a la fuerza de su Espíritu Santo y de su gracia”. Hasta aquí el Papa Francisco en el Ángelus, Plaza de San Pedro, Domingo, 17 de noviembre de 2013
Hoy recordamos a Santa Francisca Javier Cabrini, Fundadora del Instituto de las Misioneras del Sacratísimo Corazón de Jesús, en Chicago, EE.UU., dedicada enteramente a los migrantes. Nació en 1850 en Italia y murió en 1917. Además hoy es la Jornada Mundial de los Pobres convocada por el Papa Francisco. Servir a los pobres es servir a Jesús mismo.
En este mes el Papa Francisco nos invita a orar para que los niños que sufren, los que viven en la calle, las víctimas de las guerras y los huérfanos puedan acceder a la educación y redescubrir el afecto de una familia.

Nos unimos al pedido del Santo Padre regalando a nuestra Madre, la Virgen María, cada día un ramo de rosas rezando el SANTO ROSARIO, también por la paz en Bolivia – en esta situación conflictiva por la fecha del censo – paz en todo el mundo, paz en las familias y en nuestros corazones, por la conversión de los pecadores, por el fin del aborto y de la pandemia, por los enfermos corporales y espirituales y por los difuntos. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

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