Testimonio de la Hna. Lucia Galichio: «Juéguense la vida por Cristo, porque Él hace rato que apostó por cada uno de ustedes»
Autor: Hna. Lucía Cecilia Galichio RMI
TESTIMONIO MISIONERO – REVISTA N°27
Soy la Hna. Lucía Cecilia Galichio, de nacionalidad argentina, mi congregación es: Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas, fundadas por San Antonio María Claret y María Antonia París el 27 de agosto de 1855 en Cuba. Nuestro carisma ha nacido en la Iglesia con la finalidad de evangelizar por todos los medios posibles para que Dios sea conocido y amado por toda criatura.
Mi vocación religiosa
Recuerdo el primer llamado de Jesús, en mi adolescencia, como si hubiese acontecido ayer. Fue, al recibir el sacramento de la confirmación, como una fuerza interior que me impulsaba a ser testigo de la Luz de Cristo. Comencé entonces a participar de la Legión de María juvenil y también a colaborar como auxiliar de catequista. Era la época de los años ’80, y mi hobby era leer y escribir poesías; entre estas lecturas me quedé con la Biblia y me fui apasionando cada vez más por Jesús. Cuando íbamos a misionar a una región del campo, mi corazón se inundaba de gozo. Cuando veía a las Hermanas Claretianas viviendo en sencillez y alegría, sentía que Jesús me llamaba para participar también de esa vida. Completé mis estudios de nivel secundario y parte del terciario -licenciatura en desarrollo social, y, cuando tuve mayoría de edad, ingresé a la Congregación.
A 31 años de consagración religiosa
Agradezco a Dios cada etapa de este camino, que volvería a recorrer una y mil veces más, pues todo ha sido un precioso don recibido del Señor por pura gratuidad.
Mi camino pastoral ha iniciado con la catequesis de confirmación, pastoral juvenil, pastoral parroquial y diocesana. Luego pastoral rural, pastoral educativa, Misiones populares, Cáritas parroquial, Pastoral social, Servicio de secretaría y consejera provincial, Pastoral vocacional, Catequesis familiar. Estuve en Argentina (Córdoba, Paraná, Humahuaca, Escobar, Campana, Mendoza), en Brasil (Curitiba), en Perú (Lima), en Panamá y actualmente en Bolivia (Guayaramerín).
Mi camino pastoral ha estado marcado por la Infancia y Adolescencia Misionera
Hace 23 años que soy asesora de la IAM. Puedo afirmar que en cierto sentido la IAM es un modo de ser cristiano que nos cambia la vida por completo, nos da vuelta el corazón “como una media”, nos transforma poco a poco en reflejos de Jesús, el misionero del Padre, el Evangelio del Amor del Padre. Cada encuentro es una manifestación del Señor a través de los pequeños misioneros, que con su cándida mirada enternecen el corazón.
Hemos tenido instancias de formación: ESAM, ELMI, talleres, campamentos, retiros, convivencias, encuentros bíblicos, inserción en la Iglesia local, eucaristías dominicales, visitas a hogares, etc., ocasiones propicias para el encuentro con el Dios de la vida. Estos momentos no se hubiesen podido concretar sin el apoyo de nuestros obispos, quienes han apostado por la evangelización desde temprana edad a través la IAM. Desde esta Obra Pontificia se promueve la “cultura del encuentro” y se potencia la dimensión misionera de la Iglesia con la cual resplandece el rostro de Cristo en ella.
Desde la etapa de escucha e inclusive desde la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. nuestro Vicariato Apostólico de Pando cuenta con un equipo de animación del Sínodo de la Sinodalidad, que está conformado por diferentes vocaciones y ministerios. Hemos trabajado a nivel parroquial desde las áreas pastorales, desde CBR regional, con profesores de religión, colegios católicos e inclusive con los concejales de la Alcaldía de Guayaramerín. En la etapa de escucha todo el Vicariato estuvo en clave del “domingo sinodal”, día en el que en todas las Misas se propició un espacio de escucha para todo el pueblo de Dios. En la Etapa Continental hubo participación de los Consejos de pastoral parroquial y educadores católicos. Se han aprovechado todas las instancias de encuentro posibles, desde reuniones virtuales hasta presenciales. Sobre todo, en la toma de conciencia de la corresponsabilidad que emana de la vocación bautismal. Por una Iglesia de comunión, participación y misión, donde todos tenemos un lugar, cada uno como es, siempre “ampliando la tienda” y en búsqueda de los que han quedado “a la vera del camino”.
Queridos misioneros, CAMINEMOS JUNTOS
Todos tenemos algo que aportar que nadie podrá hacer por nosotros. Juéguense la vida por Cristo porque Él hace rato que apostó por cada uno de ustedes. Sigan a Jesús sin “peros”. Si Él nos ha dado tanto ¿por qué le vamos a andar regateando?. Recuerden siempre, mis queridos amigos, que encontrarnos con Jesús es lo mejor que nos puede pasar en la vida.
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