Evangelio del díaNoticias Misioneras

Hoy la Iglesia nos invita a orar por los enfermos

El 11 de febrero es la Jornada Mundial de los Enfermos convocada por el Papa Francisco. La enfermedad puede ser como una llave para entender la profundidad de la vida, la verdad y de nuestra existencia. Quien nunca se enfermó difícilmente puede tener una sensibilidad para la miseria. Lo muestra el ejemplo de San Francisco de Asís, sostuvo Mons. Adolfo Bittschi en este domingo en el que también la Iglesia nos invita a orar por todos lso enfermos.

A Continuación compartimos la homilía de Mons. para este domingo.

11 de febrero de 2024, 6º Domingo durante el año litúrgico B, proclamamos el Evangelio según San Marcos 1, 40 – 45. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

JESÚS TOCÓ AL LEPROSO Y LE DIJO: “QUIERO, ¡QUEDA LIMPIO!” AL INSTANTE QUEDÓ LIMPIO
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.


1.Una mañana, el joven Francisco de Asís, cabalgando por el camino se topa de repente con un temido leproso que le extiende su brazo carcomido. La sangre se le encrespa a Francisco. Sus instintos de repulsión levantan un muro defensivo. El primer impulso es desaparecer al galope. Pero le vienen a la mente aquellas palabras: “Francisco, lo repugnante se te volverá dulzura”. Se apea del caballo como un sonámbulo y se encuentra por primera vez en su vida cara a cara con un leproso. Rápido deposita la limosna en sus manos. Lo abraza. Lo besa con efusión una y otra vez. Luego, estampa sonoros besos en sus dos manos y con un “Dios sea contigo” lo deja. La prueba de fuego había sido superada. En su lecho de agonía Francisco dirá que experimentó “la mayor placidez del alma y del cuerpo”. Fue uno de los días más felices de su vida, que Francisco lo considera en su Testamento como el hito en el proceso de su conversión. Por ello, no sólo servirá él gustosamente a los leprosos, sino que ordenará a los hermanos de su Orden que, cuando fueran por el mundo, sirvieran a los leprosos como a Cristo, que por nosotros quiso ser excluido de la comunidad judía como un leproso.

  1. La Misión de Jesús se concentra en el ANUNCIO, la LIBERACIÓN y la SANACIÓN: El anuncio del Reino de Dios va junto a la liberación del diablo y de los espíritus inmundos, los demonios, y la sanación de toda clase de enfermedades incluso las incurables y hasta la muerte. Hoy escuchamos la sanación de un leproso que había puesto toda su fe en Jesús. La lepra excluyó a la persona enferma de la familia, de la comunidad, del pueblo de Dios y, según su creencia también de Dios. No puede entrar al Templo. Marginado de todo, el leproso era tratado en vida como un muerto. Peor, el enfermo de lepra era tomado como castigado de Dios. El leproso “de rodillas le suplicaba: “Si quieres, puedes purificarme”. Estas palabras expresan su plena confianza en el poder divino del Señor.
  2. Jesús se conmueve profundamente y, sin preocuparse de que infringe la Ley dada por Moisés, toca al leproso y lo purifica de su enfermedad. La acción de Jesús revela que, en vez de contagiarse con la enfermedad, el contagia la vida sana, saludable y sanadora. El leproso fue tratado como un cadáver ambulante, por eso su sanación fue tomada como su resurrección. Solo el poder de Dios lo puede realizar. Luego, a pesar de la prohibición de Jesús, el hombre sanado se hace el misionero y proclamaba por doquier el milagro realizado por Jesús. Y de nuevo surge la pregunta de la gente: ¿Quién es este que hasta cura la lepra?
  3. La lepra, que solamente Dios podía sanar, es una imagen de la peor enfermedad, el pecado. Hoy se puede curar la lepra y muchas otras enfermedades con el avance en la medicina. El problema con los leprosos es encontrarlos porque son ocultados. Pero el perdón del pecado siempre queda en manos de Dios. El precio para el perdón lo pagó Jesús con su Sangre derramada en la Cruz. Al confesarnos con fe, como el leproso del evangelio de hoy, le damos al Señor una gran satisfacción porque su nombre Jesús significa “el que perdona los pecados” (Mateo 1, 21) y para el perdón de los pecados murió en la Cruz. El papa nos da ejemplo al confesarse cada quincena.
    Al leproso Jesús sanó y lo integró nuevamente en su familia y su comunidad. Permítanme la pregunta: ¿Qué obró Jesús en tu vida? Sería lindo sí podrían compartir algún testimonio.

Hoy recordamos a NUESTRA SEÑORA DE LOURDES. A partir del 11 de febrero de 1858 apareció la Virgen María 18 veces a Bernardita Soubirous en Lourdes en Francia en un ambiente lejos de Dios por la incredulidad, el liberalismo y la soberbia de la fría razón. La pobre y enferma vidente sufrió de calumnias y cientos interrogatorios. La autoridad de la provincia prohibió a visitar la gruta, pero Bernardita fue fiel al pedido de la “hermosa dama” e iba cada vez a su encuentro. El 25 de marzo la “hermosa dama” reveló su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Bernardita no entendía estas palabras ni tampoco sabía que cuatro años atrás el Papa Pio IX había declarado esta verdad conocida como dogma católico. La “Inmaculada Concepción” pidió penitencia y el rezo del Santo Rosario por la conversión de los pecadores; que los sacerdotes hagan construir una iglesia y que la gente venga en procesiones para recibir salud y salvación. En una visión La Virgen le ordenó cavar dentro de la gruta de Masabiel por agua. El agua resultó sanadora para miles de personas que vinieron con fe. Bernardita se hizo religiosa y su cuerpo queda incorrupto. En pocos años aumentó el número de los peregrinos de miles a millones. Vienen para escuchar la Palabra de Dios y recibir la salud de cuerpo y alma. No todos se sanan, pero todos vuelven consolados a su familia. Se acercan judíos, musulmanes, budistas, ateos e incrédulos. Se tiene testimonios de muchas conversiones. El 11 de febrero es también la Jornada Mundial de los Enfermos. La enfermedad puede ser como una llave para entender la profundidad de la vida, la verdad y de nuestra existencia. Quien nunca se enfermó difícilmente puede tener una sensibilidad para la miseria. Lo muestra el ejemplo de San Francisco de Asís.

En este mes el Papa nos pide orar por los enfermos terminales y sus familias para que reciban los cuidados necesarios. Recemos en nuestras familias el ROSARIO por santas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Oremos por nuestra conversión, la de todos los pecadores, y de Rusia como pidió la Virgen en Lourdes y Fátima; por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia, democracia y el fin de la corrupción. Damos gracias a Dios por las lluvias recibidas y pedimos lluvias suaves y abundantes donde hace falta. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda, sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre. Amén.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *