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¡SAQUEN ESTO DE AQUÍ, Y NO HAGAN UN MERCADO DE LA CASA DE MI PADRE!

3 de marzo de 2024, 3º Domingo B de CUARESMA, proclamamos el Evangelio según San Juan 2, 13 – 25 Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

¡SAQUEN ESTO DE AQUÍ, Y NO HAGAN UN MERCADO DE LA CASA DE MI PADRE!

Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
Las lecturas dominicales nos dan a conocer el sentido de la Cuaresma y sus etapas preparando el Bautismo o, en el caso nuestro, la renovación de nuestra existencia de hijos de Dios. 1ª etapa: Domingos I y II tiene un tono de Purificación y conversión hacia Cristo: Jesús en el desierto venciendo las tentaciones y su Transfiguración con el testimonio de la Escritura y de Dios Padre. 2ª etapa: Domingos III, IV y V. Este año B meditamos el misterio de la Muerte y Glorificación del Hijo de Dios. 3ª etapa: Domingo VI de RAMOS en la Pasión del Señor.

El sentido de la Cuaresma nos avisa el V Prefacio de Cuaresma que reza así: “Tú, oh Dios, abres a la Iglesia el camino de un nuevo Éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la Alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra y experimentar con gozo tus maravillas”. Porque celebramos la PASCUA nos preparamos en Cuaresma. Es el tiempo en que Cristo purifica a su esposa, la Iglesia (cf. Efesios 5, 25-27). “Padecemos juntamente con Él, para ser también juntamente glorificados” (Romanos 8,17).

Durante la Cuaresma, estamos invitados a «entrar en el desierto», es decir, en el silencio, en el mundo interior, en la escucha del corazón, en contacto con la verdad, Cristo. Que la Virgen Santa, que custodió la Palabra y no se dejó tocar por las tentaciones del maligno, nos ayude en nuestro camino cuaresmal.» Decía el Papa Francisco.
La PALABRA DE DIOS es el primer alimento en el camino del desierto y nos ilumina y fortalece. En Cuaresma contemplamos la HISTORIA DE LA SALVACIÓN que nos muestra la obra liberadora de Dios para adorarlo y glorificarlo delante de los pueblos. El desierto interior es el lugar propicio del Encuentro personal con CRISTO. Contemplando a Jesús que vino para que “tengamos vida y vida en abundancia” (Juan 10,10) podemos vencer nuestros miedos, dolores, frustraciones y dependencias. Sobre todo cuando meditemos y sigamos siquiera algo de la austeridad, para imponernos cierta disciplina, guardar SILENCIO en el interior, para buscar la humildad, la pureza del corazón cuidando las miradas y haciéndonos transparentes ante Dios y los hombres, nada de máscaras.

La Cuaresma tiene carácter BAUTISMAL: morir al hombre viejo y resucitar a la Vida Nueva en Cristo, es decir renunciar al mundo, a la carne y al demonio para poder renacer en Cristo. El Bautismo es una vez en la vida pero se renueva con el Sacramento de la Reconciliación y la conversión a Dios, y con Él, la conversión con los hermanos y con la creación.

¿Por qué todo esto? En Jesús habita la plenitud de la divinidad. Jesús no es sólo un profeta reformador, Jesús es el Hijo de Dios. Al declarar el Templo como la “casa de Mi Padre”, Jesús se presenta como el Hijo, que tiene autoridad en el Templo y sobre él. Sólo Dios tiene autoridad sobre el Templo es el Señor y Jesús es Dios.
Por otro lado, en el nuevo plan de la salvación a todos los hombres, el lugar privilegiado donde Dios habita – ya no es el Templo de piedra sino es la persona de Jesucristo.
Observemos que, tras la destrucción de Jerusalén y del Templo en el año 70, el judaísmo rabínico reconoció a la Toráh, la Palabra de Dios, como el lugar de la presencia de Dios. Para los cristianos, sin embargo, JESÚS RESUCITADO es la nueva presencia de Dios que ponía su morada entre nosotros, el nuevo y definitivo Templo, el nuevo lugar de encuentro entre Dios y la humanidad. El Apocalipsis, en su visión de la Jerusalén celestial, dice: “En ella no vi Templo alguno; porque el Señor, el Dios todopoderoso, y el Cordero, es su templo” (Apoc. 21,22).
Y nosotros somos Templos de Dios. Por la fe sabemos que cada ser humano, independiente de su condición, es Templo viviente por ser creado según y semejanza de Dios, obra realizada por sus propias manos; cada persona es lugar bendito de su presencia. Incluso nueve meses antes de nacer ya tiene la dignidad humana. El aborto es el criminal intento de destruir el santuario que es la vida concebida.

Más hermoso y sagrado que todos los edificios de culto del mundo entero es el ser humano. Más valioso que cualquier edificio o que cualquier paisaje de esta tierra es el templo vivo del ser humano. Hagámonos una radiografía: si nos impresiona más que una Iglesia sea destruida que se cometa una fragante injusticia o que una persona muera por hambre, asesinada o abortada, es que no hemos entendido a Jesús.

En fin: Por el Bautismo, participamos del misterio pascual de Cristo. Fuimos sumergidos en su Pasión-Resurrección. Fuimos hechos templos santos, morada divina. ¿Vamos a permitir que se arruinen esas piedras vivas del Templo glorioso de Jesús?

Hoy recordamos a Santa Cunegunda de la casa de Luxemburgo, emperatriz y esposa de San Enrique emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Tomó parte en los consejos imperiales e influenció en las donaciones a la Iglesia. Ella nació el año 945 y creció en Tréveris. Después de la muerte de su esposo entro en la vida monástica benedictina llevando a cabo obras de caridad a los enfermos y dedicando tiempo para la oración. Se fue al cielo en 1040.

Pidamos al Espíritu Santo la luz y la fuerza de poder reconocer nuestras rebeldías y pecados y la gracia de nuestra conversión, de todos los pecadores, y de Rusia como pidió la Virgen en Lourdes y Fátima; por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia y democracia. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal. El Santo Padre nos pide orar en este mes por los nuevos Mártires, para quienes en diversas partes de mundo arriesgan su vida por el Evangelio logren contagien a la Iglesia su valentía y su impulso misionero. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda, sobre ustedes y sus familias.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Director Nacional OMP Bolivia

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