Evangelio del día

Mons. Bittschi: «Quiero felicitar a todos los padres de familia y animarles a seguir el ejemplo de san José»

Este 19 de marzo 2024, celebramos la SOLEMNIDAD de SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA y proclamamos el Evangelio según San Lucas 2, 41-51a. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

A continuación compartimos la reflexión diaria del Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre y Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, Mons. Adolfo Bittschi.

JESÚS VOLVIÓ CON ELLOS A NAZARET Y LES OBEDECÍA EN TODO


Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.

El Santo varón más grande de nuestra Iglesia no ha sido un Apóstol, ni Papa, ni Obispo, ni Sacerdote o Religioso, sino un laico, un trabajador, el carpintero San José.

El Evangelio nos relata que mientras sus padres de la tierra, María y José buscan con angustia a Jesús, Él revela que ha estado ocupándose de las cosas de su Padre celestial. Sin embargo, en la actitud de obediencia de Jesús a sus padres, San José y la Virgen Santa, se anticipa la actitud del Hijo, que por ser Hijo de Dios Padre, “aprendió sufriendo a obedecer” (Hebreos 5,8).

Con mucha alegría celebramos la gran fiesta de San José, esposo de la Virgen María y padre del Hijo de Dios. Después de María, Madre de Dios, ningún Santo ocupa tanto espacio en el Magisterio de los Papas como San José. El Beato Papa Pío IX lo declaró “Patrono de la Iglesia Católica” el año 1870. Para conmemorar este acto el Papa Francisco había declarado el año 2021 “Año Santo de San José” y compartía unas reflexiones personales sobre San José a quien venera de corazón.

Les hago recuerdo lo que el Papa decía en su Carta Apostólica: “Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado “el hijo de José” en los cuatro Evangelios (Lc 4,22; Jn 6, 42; cf. Mt 13,55; Mc 6,3)”. San José fue un humilde carpintero, casado con María, un hombre justo, sinónimo de Santo, siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. José vio al recién nacido Mesías en un pesebre y fue testigo de la adoración de los pastores y de los Magos que representaban los unos a Israel y los otros a los pueblos paganos. Tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el Ángel: “Tú le pondrás el nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). En los pueblos antiguos poner un nombre a una persona o una cosa expresaba la pertenencia, como hizo Adán en Génesis (2,19s).

A los cuarenta días del nacimiento, José, junto con la Madre, presentó el Niño a Dios en el Templo y escuchó la profecía de Simeón sobre Jesús: “Luz de las naciones y gloria de Israel” y María: “Y a ti, una espada te traspasará el alma”. Para salvar a Jesús, San José obedeció al anuncio del Ángel y, a medianoche, se levantó, tomó la Madre y al Hijo para hacerles escapar de los verdugos del rey Herodes. Para proteger a Jesús de la persecución, permaneció unos años en Egipto como extranjero. De regreso vivió de manera oculta en el desconocido pueblo de Nazaret en Galilea, de donde se decía: “No sale ningún profeta” y “no puede salir nada bueno” (Jn 7,52; 1,46), lejos de Belén, su ciudad natal.

Cuando el Niño Jesús tuvo doce años y lo perdieron en una peregrinación a Jerusalén, San José y la Virgen Madre María lo buscaron angustiados hasta encontrarlo en el Templo “escuchando a los maestros y haciéndoles preguntas”(Lc 2, 41-50). Vemos que San José tiene un rol central en la Historia de la Salvación.

Todos pueden encontrar en San José – el hombre que pasa desapercibido – un intercesor, un apoyo y un guía. Él es el PADRE AMADO por el pueblo y por muchos Santos. Entre ellos Santa Teresa de Jesús, de Ávila, quien lo tomó como abogado e intercesor que clamando a su mediación se sanó de una parálisis que duró meses. Ya lo tomaron como muerta y celebraron misas en su sufragio. Teresa decía: Jesús obedecía a San José aquí en la tierra y lo mismo ahora en el cielo por el gran amor que le tiene. Todos los conventos de su reforma dedicó a San José. La confianza del pueblo en San José se resume en la palabra del Génesis “Vayan a José”. Cuando en la gran hambruna en Egipto la gente pedía pan al faraón, este les decía “Vayan a José y hagan lo que él les diga” (41,55). Se trataba de José, hijo de Jacob, a quien sus hermanos vendieron por envidia y se convirtió por la gracia de Dios en virrey (41).

Como descendiente del rey David hubiera tocado a San José ser el rey de los judíos y no a Herodes que ni siquiera era judío. Los padres de familia deberían mirar a San José para aprender cómo vivir la paternidad auténtica con amor y dedicación dando ejemplo a sus hijos.
Oremos con el Papa Francisco: “Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también de nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal”.

Pidamos al Espíritu Santo el amor y la fuerza de obedecer a Dios como San JOSÉ, y meditar los misterios de la salvación con el Santo Rosario pidiendo la CONVERSIÓN de nosotros, de todos los pecadores y de Rusia, tal como pidió Nuestra Madre, la Virgen María, en sus apariciones en Lourdes y Fátima. El Papa, con su ejemplo, nos invita a recibir el Sacramento de la Confesión y así saborear la infinita Misericordia de Dios y nos pide orar en este mes por los nuevos Mártires, para quienes en diversas partes del mundo arriesgan su vida por el Evangelio logren contagiar su valentía y su impulso misionero.

Oremos por los afectados de la guerra en Ucrania, Gaza y donde hay conflictos sangrientos; por la paz y la libertad religiosa en todo el mundo; por Bolivia pedimos justicia y democracia. Oremos para que acabe el feminicidio más grande, el aborto; los avasallamientos y toda clase de violencia y corrupción; las enfermedades corporales y espirituales, y todo mal.

Quiero felicitar en esta fiesta de San José, padre de Jesús, a todos los padres de familia en Bolivia y animarles de seguir el ejemplo del Santo más grande. Felicito también a todos los que en su bautismo recibieron del nombre de José.

El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

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