Comentario Bíblico Misionero para el domingo 25 durante el año (ciclo B)
La Pontificia Unión Misional (PUM), una de las cuatro Obras Misionales Pontificias comparte con todos los fieles el “Comentario Bíblico Misionero” para este domingo 25 durante el Año Litúrgico (ciclo B), oportunidad en la que el Padre Padre Dinh Anh Nhue Nguyen, OFM Conv, Secretario General de la PUM reflexionó que la enseñanza de Jesús en el Evangelio invita de nuevo a cada uno de los discípulos a tomar en serio su propia y verdadera vocación de ser el último, «siervo de todos», en el camino de la misión.
“He aquí el primer principio fundamental para cumplir la misión de Dios y de Cristo: vivir la actitud de humilde servidor de todos y de todo, siguiendo el ejemplo de Jesús, hasta ofrecer la propia vida”, manifestó el sacerdote que queda muy claro que el servicio, en la misión de Jesús y de sus discípulos, no debe expresarse sólo con actos individuales, sino también, y sobre todo, con la ofrenda de toda la vida, que se convierte en pan partido para todos.
A continuación compartimos la homilía completa.
XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (AÑO B)
Sab 2,12.17-20; Sal 53; Sant 3,16-4,3; Mc 9,30-37
COMENTARIO
La misión del Enviado de Dios
El episodio evangélico de hoy nos relata la segunda predicción de Jesús acerca de la fase culminante de su misión. La primera predicción la escuchamos el domingo pasado en el camino a Cesarea de Filipo. Curiosamente, también esta vez los discípulos se comportaron como la primera vez que la oyeron. Tenían pensamientos humanos. Esto llevó a Jesús a enseñarles más sobre las actitudes que todo discípulo debe tener en el cumplimiento de la misión divina. Así, también hoy, las palabras de Jesús son para nosotros, sus discípulos de hoy, una llamada apremiante a examinar nuestra conciencia, en particular, en tres aspectos, para una posible renovación espiritual misionera.
1. Una revelación confidencial a los discípulos
En primer lugar, hay que examinar a fondo la circunstancia particular en la que tuvo lugar esta segunda predicción de Jesús sobre su dolorosa muerte. Confió esta verdad a sus discípulos en el momento en que estaban «de paso por Galilea» y deliberadamente de incógnito, como bien subraya el evangelista Marcos: «no quería que nadie lo supiera». Se trata, pues, de una revelación muy confidencial reservada a los discípulos íntimos, y esto ocurrió, significativamente, a su paso por Galilea, que es territorio de Israel, pero que al mismo tiempo se llama también Galilea de los gentiles. Se vislumbra así el horizonte universal del anuncio de Jesús sobre el cumplimiento de su misión de Hijo del Hombre y Mesías de Dios. Además, esta enseñanza de Jesús, «reservada» y «en el camino», parece ser también una invitación implícita a los discípulos a aceptar un «destino» tan trágico para su Maestro-Mesías y también para su vida y misión al seguirle, es decir, ¡al caminar tras Él!
De hecho, la vida de Jesús-Mesías, con un final tan drástico ante los hombres, pero con recompensa divina después de la muerte, refleja el destino de los justos perseguidos, ya descrito por el autor sagrado en el libro de la Sabiduría (primera lectura). El justo Hijo de Dios debe afrontar pruebas en vida, hechas por los malvados «con violencia y tormentos», el rechazo y la condena a muerte. Y Jesús mismo, en constante comunión mística con el Padre y también a la luz de la Palabra divina y de la justicia de Dios en la historia de su pueblo, era ya capaz de ver constantemente su propio fin antes de que todo se cumpliera. Así, reveló a sus discípulos …
2. «¿Qué discutíais en el camino?» ¡La cruda verdad sobre la «guerra» de los apóstoles!
Tristemente, mientras Jesús hablaba de su humillación en la pasión y del supremo sacrificio de su vida, sus discípulos no sólo no mostraban ningún interés en cuestionar o discutir con el Maestro, sino que se permitían pensar en sus propios asuntos humanos, por no decir otra cosa. De hecho, «habían discutido entre ellos quién era más grande». Ciertamente, podemos sonreír ante este hecho que el evangelista ha puesto de relieve quizá con cierta ironía. Sin embargo, lo sucedido parece reflejar una situación típica que se repite, de un modo u otro, entre los discípulos de Jesús, de generación en generación. Así, incluso hoy, hay alguien que, mientras reza el rosario con los misterios dolorosos de Jesús, piensa al mismo tiempo ¡en cuándo lo harán superior de la comunidad!
En cuanto a esta aspiración de engrandecerse entre los cristianos, ya la Carta de Santiago, escrita en el siglo I del cristianismo, nos deja entrever algunas situaciones de «guerra» en su comunidad. Así, el autor sagrado tuvo que advertir y luego denunciar: «donde hay celos y espíritu de contienda, hay desorden y toda clase de malas acciones. […] ¿De dónde vienen las guerras y rencillas que hay entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que hacen la guerra en vuestros miembros?». Esta guerra continua entre los propios discípulos de Jesús por la grandeza fue, es y seguirá siendo para siempre el mayor obstáculo para la obra de evangelización del mundo. Nadie cede ante nadie, ¡a veces ni siquiera en nombre de la verdad divina! Aquí hay que repetir el grito del Papa Francisco en Evangelii Gaudium «No a la guerra entre nosotros» (cf. nn. 98-101), con su suspicaz análisis de la situación actual:
Dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras! En el barrio, en el puesto de trabajo, ¡cuántas guerras por envidias y celos, también entre cristianos! La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica. Además, algunos dejan de vivir una pertenencia cordial a la Iglesia por alimentar un espíritu de «internas». Más que pertenecer a la Iglesia toda, con su rica diversidad, pertenecen a tal o cual grupo que se siente diferente o especial. (n. 98) Kyrie eleison!
3. Los principios fundamentales de la misión
Por tanto, la enseñanza de Jesús a este respecto, hecha a los Doce ahora «en casa», sigue siendo actual y pertinente in saecula seculorum para todos en la Iglesia, es decir, en la casa de Dios: «El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». La particular importancia de esta lección de Jesús queda subrayada por el modo solemne en que la impartió: «Se sentó, llamó a los Doce y les dijo». Tal solemnidad en la descripción de la circunstancia es comparable al momento en que Jesús llamó y estableció por primera vez a los Doce en la montaña (cf. Mc 3,13-14). Así, la enseñanza impartida por Jesús ahora en casa, desde la posición de «sentado», como Maestro, invita de nuevo a cada uno de los discípulos a tomar en serio su propia y verdadera vocación de ser el último, «siervo de todos», en el camino de la misión, exactamente como Aquel que «siendo de condición divina, […] se despojó de sí mismo, asumiendo la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.». (Flp 2, 6-8).
He aquí el primer principio fundamental para cumplir la misión de Dios y de Cristo: vivir la actitud de humilde servidor de todos y de todo, siguiendo el ejemplo de Jesús, hasta ofrecer la propia vida. Es un punto tan importante que lo reitera Jesús en otro momento: «El que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos. Porque tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10, 44-45). Queda muy claro que el servicio, en la misión de Jesús y de sus discípulos, no debe expresarse sólo con actos individuales, sino también y sobre todo con la ofrenda de toda la vida, que se convierte en pan partido para todos.
El devenir último implica un ser cada vez más pequeño. Tal perspectiva parece animar la enseñanza de Jesús a los discípulos en aquella ocasión, con la ilustración viva de un niño: «Quien acoge a uno de estos niños en mi nombre, me acoge a mí; y quien me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado». Esta frase encuentra su paralelo en otra afirmación de Jesús a los discípulos enviados en misión: «Quien a vosotros os acoge, a mí me acoge; y quien a mí me acoge, acoge al que me ha enviado» (Mt 10, 40).
Aquí se refleja el conocido principio judío de Shaliah, ‘Envío’, según el cual el mensajero enviado representa plenamente a quien lo envía. Sobre esta base, Jesús revela la cadena misionera divina: Dios – Jesús – los apóstoles. La unión de estas dos afirmaciones nos permite vislumbrar dos verdades fundamentales: por una parte, el niño, pequeño e indefenso, se convierte paradójicamente en la imagen ideal del enviado de Jesús; por otra, todo discípulo misionero de Jesús está llamado a hacerse cada vez más pequeño, como un niño, delante de todos, para representar a Jesús en su misión. De este modo, siguiendo a Cristo, el discípulo misionero se niega a sí mismo con todas sus ambiciones de éxito y grandeza, confiándose totalmente a Dios y a Cristo que lo ha enviado, incluso en el camino del dolor y de la cruz.
Concluimos nuestra reflexión recordando en oración un pasaje significativo del Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones 2022: « Los misioneros de Cristo no son enviados a comunicarse a sí mismos, a mostrar sus cualidades o capacidades persuasivas o sus dotes de gestión, sino que tienen el altísimo honor de ofrecer a Cristo en palabras y acciones, anunciando a todos la Buena Noticia de su salvación con alegría y franqueza, como los primeros apóstoles». ¡Que Cristo nos acompañe siempre en este camino misionero con su fuerza y sabiduría de lo alto! Amén.
Sugerencias útiles:
Papa Francisco, Angelus, Plaza de San Pedro, Domingo, 19 de septiembre de 2021
El Evangelio de la liturgia de hoy (Mc 9,30-37) nos cuenta que, de camino a Jerusalén, los discípulos de Jesús discutían sobre quién «era el más grande entre ellos» (v. 34). Entonces Jesús les habló de forma contundente, que también se aplica a nosotros hoy: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (v. 35). Si quieres ser el primero, tienes que ir al final de la fila, ser el último y servir a todos. […]
Hoy en día la palabra “servicio” parece un poco descolorida, desgastada por el uso. Pero en el Evangelio tiene un significado preciso y concreto. Servir no es una expresión de cortesía: es hacer como Jesús, que, resumiendo su vida en pocas palabras, dijo que había venido «no a ser servido, sino a servir» (Mc 10,45). Así dijo el Señor. Por eso, si queremos seguir a Jesús, debemos recorrer el camino que Él mismo ha trazado, el camino del servicio. Nuestra fidelidad al Señor depende de nuestra disponibilidad a servir. Y esto cuesta, lo sabemos, porque “sabe a cruz”. Pero a medida que crecemos en el cuidado y la disponibilidad hacia los demás, nos volvemos más libres por dentro, más parecidos a Jesús. Cuanto más servimos, más sentimos la presencia de Dios. Sobre todo cuando servimos a los que no tienen nada que devolvernos, los pobres, abrazando sus dificultades y necesidades con la tierna compasión: y ahí descubrimos que a su vez somos amados y abrazados por Dios. […]
Papa Francisco, Viaje apostólico a Lituania, Letonia y Estonia, 22-25 de septiembre de 2018, Homilía, Parque Santakos de Kaunas, Lituania, Domingo, 23 de septiembre de 2018
San Marcos dedica toda una parte de su evangelio a la enseñanza de los discípulos. Pareciera que Jesús, a mitad de camino hacia Jerusalén, quiso que los suyos volvieran a elegir sabiendo que ese seguimiento suponía momentos de prueba y de dolor. El evangelista relata ese período de la vida de Jesús recordando que en tres ocasiones él anunció su pasión; ellos expresaron tres veces su desconcierto y resistencia, y el Señor en las tres oportunidades quiso dejarles una enseñanza. Nosotros acabamos de escuchar la segunda de esas tres secuencias (cf. Mc 9,30-37). […]
Jesús, sabiendo lo que sentían, les propone un antídoto a estas luchas de poder y al rechazo del sacrificio; y, para darle solemnidad a lo que va a decir, se sienta como un Maestro, los llama, y realiza un gesto: pone a un niño en el centro; un niñito que generalmente se ganaba los mendrugos haciendo los mandados que nadie quería hacer. ¿A quién pondrá en el medio hoy, aquí, en esta mañana de domingo? ¿Quiénes serán los más pequeños, los más pobres entre nosotros, aquellos que tenemos que acoger a cien años de nuestra independencia? ¿Quién no tiene nada para devolvernos, para hacer gratificante nuestro esfuerzo y nuestras renuncias? Quizás sonlas minorías étnicas de nuestra ciudad, o aquellos desocupados que deben emigrar. Tal vez son los ancianos solos, o los jóvenes que no encuentran sentido a la vida porque perdieron sus raíces. “En medio” significa equidistante, para que nadie se pueda hacer el distraído, ninguno pueda argumentar que “es responsabilidad de otro”, porque “yo no lo vi” o “estoy más lejos”. Sin protagonismos, sin querer ser los aplaudidos o los primeros. […]

