Mons. Adolfo Bittschi: «Vivamos la virtud de la caridad fraterna con la alegría de ser como Jesús, servidores de todos»
Este domingo 22 de septiembre, Domingo 25 durante el Año Litúrgico, proclamamos el Evangelio según San Marcos 9, 30-37. En su reflexión dominical el Mons. Adolfo Bittschi, obispo auxiliar de Sucre y Director Nacional de Obras Misionales Pontificias dijo que los cristianos deben evitar la envidia que hace ver en el prójimo un competidor, «la envidia no permite mirar a Dios, alegrarse y dar gracias por todo lo que de Él había recibido», al contrario exhortó a los fieles a luchar contra la envidia y pedir de Dios la VIRTUD de la CARIDAD FRATERNA.
Sostuvo que la «Caridad Fraterna» hace que veamos al hermano como un regalo de Dios y nos hace tratar a todos con amabilidad, «junto con la virtud de la caridad fraterna viene en nuestra ayuda el don del Espíritu Santo, este don que recibimos en la confirmación nos hace ver la realidad con los ojos de Dios», manifestó Mons. Bittschi.
A continuación la homilía completa.
EL QUE QUIERA SER EL PRIMERO, QUE SEA PRIMERO EL SERVIDOR DE TODOS
Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.
SERVIDOR DE TODOS era el lema de la vida de Nuestro Señor Jesucristo para su misión en la tierra. SERVIDOR DE TODOS era el lema del Cardenal Julio Terrazas y debería ser nuestro lema. Un tema de las lecturas de este domingo es la Envidia y para luchar contra la ENVIDIA tenemos la virtud de la CARIDAD FRATERNA. La CARIDAD FRATERNA la necesitamos todos y la debemos pedir de Dios si queremos ser servidores de todos.
La primera lectura del libro de SABIDURÍA es una cruel pero acertada radiografía de los malvados que planean y actúan contra el justo, quién con valentía denuncia la corrupción de sus acciones. Por envidia los impíos inventan calumnias para desacreditar al justo, que les resulta incómodo porque les echa en cara sus faltas. “… lo condenaremos a muerte deshonrosa”. Esto se cumplió antes de Cristo en los profetas, también con Sócrates en Grecia y, sobre todo, en la persona de Nuestro Señor Jesucristo; y sigue hasta hoy con quienes denuncian las barbaridades y crímenes. Los que denuncian un crimen terminan en la cárcel y los criminales andan libres.
El Salmo 54 nos anima cantando “Dios es quien me ayuda”, por eso “Te ofreceré sacrificios voluntarios, alabaré tu nombre, Señor, porque eres bueno”. El justo sigue adelante confiando en Dios.
El Apóstol Santiago confirma las consecuencias de la envidia en su carta: “Donde hay envidia y rivalidades, allí hay desorden y toda clase de maldad… ¿De dónde nacen las peleas y las guerras, sino de los malos deseos que siempre están luchando en su interior? Ustedes quieren algo y si no lo obtienen asesinan; envidian, y si no lo consiguen, pelean y luchan. Y, si piden… piden con la torcida intención, su corazón está lejos de Dios, por eso no reciben nada”. Por eso el Apóstol Santiago invita a desear el don de la SABIDURÍA DE DIOS para discernir al verdadero del falso y no dejarse despistar.
En el Evangelio Jesús está en camino junto con sus Discípulos y les habla abiertamente. Aplicando las palabras de la primera lectura a su vida, anuncia por segunda vez su Muerte y Resurrección al tercer día. “Pero ellos no entendían y les daba miedo preguntar”. Más bien discutían en el camino quién era el más importante. En eso se nota el pecado capital de la ENVIDIA. Siete son los pecados capitales: soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza. Se llaman pecados “capitales” porque originan otros pecados peores. Como la cabecera de un río que sigue creciendo. Los pecados capitales, en un principio, no son mortales, pero nos pueden dominar y llevar a pecados mortales. Podemos ver esto en las primeras páginas de la Biblia: Por ENVIDIA mató Caín a su hermano Abel. Lo envidiaba por ser tan bueno. Caín estaba totalmente fijado en su hermano que ya no sentía alegría, todo era malo para él. Su envidia se convirtió en odio y lo llevó a matar a su hermano.
La envidia hace ver en el prójimo un competidor que pone sombra. La envidia No permite mirar a Dios, alegrarse y dar gracias por todo lo que de Él había recibido, y también a los otros para trabajar de buena gana en equipo, sumando nuestros dones; sin embargo, al revés la envidia hace restar y lleva a la tristeza y al desánimo. El envidioso es un mártir, si mártir, pero del diablo. Lo mismo pasó con los hijos de Jacob en el libro de Génesis capítulos 37 al 50. Los hermanos de José le cobraron mucha envidia porque era el preferido de su padre que le regaló un hermoso traje. La envidia se tornó en odio cuando José habló de sus sueños donde el sol, la luna y once estrellas se inclinaron ante él (37,9). Lo interpretaron como deseo de dominar sobre ellos y hasta sobre sus padres y decidieron matarlo. Sus sueños que anunciaron su futuro vinieron de Dios quien lo protegió hasta que se cumplieron al salvar a toda la gran familia sin la ambición de dominar sino por servir. Y como José llegó a ser virrey en Egipto se cumplieron los sueños.
Un Padre de la Iglesia describe la envidia como flaca porque muerde pero no come. Para luchar contra la envidia hay que pedir de Dios la VIRTUD de la CARIDAD FRATERNA que también muerde pero come y hace sentir gozo y alegría. Para vencer la tentación necesitamos la Caridad Fraterna para poder ver en el hermano un regalo de Dios y tratar a todos con amabilidad. Junto con la VIRTUD de la CARIDAD FRATERNA viene en nuestra ayuda el DON DEL ESPÍRITU SANTO del ENTENDIMIENTO. Este DON que recibimos en la CONFIRMACIÓN nos hace ver la realidad con los ojos de DIOS. El Señor es el Creador, el Todo y el Único que existe de verdad en sí mismo y por sí mismo, infinitamente feliz en sí mismo, y nosotros somos creaturas y nada más que polvo, pero nos ama y se preocupa de nosotros con su divina Providencia. Al entender nuestra realidad nos hace responder el amor de Dios mirándolo a Él, amándolo a Él y a los hermanos, y vivir la VIRTUD de la CARIDAD FRATERNA con la alegría de ser como Jesús SERVIDORES de todos.
Hoy 22 de septiembre recordamos a San MAURICIO Y COMPAÑEROS, Mártires. Ellos nos ilustran el Evangelio con su vida. Mauricio era el comandante de la legendaria Legión Tebana, compuesto únicamente por soldados cristianos de Tebas, Egipto. Ciudad, que en ese tiempo, pertenecía al imperio romano. Fueron destinados a Galia por orden del emperador Maximiano. Al no obedecer su orden de perseguir y matar a los cristianos y por ser ellos mismos cristianos, fueron todos decapitados en el lugar que hoy se llama San Mauricio, en los Alpes de Suiza.
Estamos hoy con la Jornada Nacional de la Biblia con el tema: “Felices los invitados al banquete del Cordero” y el lema: “Aleluya, ya reina el Señor”. Les animo a leer la Biblia e inviten a sus amigos y familia. Recemos en la intención del Papa por escuchar el clamor de la Tierra y de las víctimas de las catástrofes naturales y de los incendios… y cuidemos el mundo que habitamos y meditemos los misterios de nuestra fe en el SANTO ROSARIO. Oremos por nuestra conversión, la de todos los pecadores y de Rusia como pidió la Virgen en Fátima; oremos por la paz en Bolivia y en todo el mundo; pidamos que el Señor nos mande lluvias para apagar los incendios; y que acaben todas las enfermedades y todo mal. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

