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Mons. Bittschi: “A Jesús hay que abrirle la puerta del corazón de par en par”

Prensa CEB 12.01.2025. Este domingo celebramos la Fiesta del BAUTISMO DEL SEÑOR y proclamamos el Evangelio según San Lucas 3, 15-16.21-22. “TÚ ERES MI HIJO AMADO EN TI ME COMPLAZCO”, tituló su homilía Mons. Adolfo Bitschi, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre que dijo que el Bautismo del Señor  es la aceptación y la inauguración de su misión redentora como Siervo de Dios, es una teofanía (manifestación de la divinidad de Dios), una revelación de la Santísima Trinidad y la primera vez que el  Espíritu Santo aparece en forma corporal como una paloma.

Mons. Adolfo sostuvo que hoy se realiza la RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES en los fieles. E invitó al pueblo de Dios a abrir la puerta del corazón de par en par a Jesús: “No quita nada, más bien nos da todo, vida en plenitud, felicidad verdadera, salud y paz. Sólo a partir de la Muerte en la Cruz, que queda anticipado en el Bautismo de Jesús, y la Resurrección, anunciada en la voz del Cielo, se han hecho realidad ya ahora se puede entender el bautismo cristiano”, manifestó.

Dijo que nuestro bautismo anticipa nuestra muerte y nuestra resurrección. A continuación la homilía completa.              

Queridos hermanos en Cristo: Paz a ustedes.

1. La Fiesta del BAUTISMO del SEÑOR completa la Epifanía y cierra el tiempo de Navidad. En esta fiesta recibimos una nueva manifestación de Dios. La Santísima Trinidad: PADRE, HIJO y ESPÍRITU SANTO se revela por primera vez a la vista y al oído.   Y con el Bautismo de Jesús en el agua del Jordán santifica la creación.  Podemos imaginarnos la extraordinaria impresión que causó Juan Bautista en aquel momento histórico. Después de siglos había un profeta cuya vida le acreditaba como tal. Él anunciaba la nueva acción salvadora de Dios para su pueblo. Juan bautizaba “con agua, pero viene Él que es más poderoso que yo, y él los bautizará con el Espíritu Santo y fuego” y ya está cerca. El bautismo de Juan incluyó el reconocimiento de los pecados, el arrepentimiento, la confesión de boca en público y la conversión a nueva vida. Ojo: El bautismo de Juan era para el perdón de los pecados. ¿Acaso Jesús tenía pecados?

2. Con Jesús comienza algo nuevo.  Jesús entra al agua para santificar la materia del bautismo. Lo mismo que tocando los leprosos: Jesús no se contagia con la enfermedad sino, siendo Dios, contagia a los enfermos con la vida y la salud.  El término “bautismo” en las palabras de Jesús designa su Muerte. Jesús en su bautismo había anticipado cargar con la culpa de toda la humanidad de todos los tiempos. Sumergirse en el agua significa morir. Salir del agua simboliza la resurrección. En otras palabras: Jesús inicia su vida pública tomando el puesto de todos los pecadores haciéndose un condenado. Así anuncia y anticipa su Muerte en Cruz. Al cumplir así la voluntad salvadora del Padre, se abre el cielo y se escucha una voz del Cielo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (3,22) que es la confirmación por parte de Dios Padre.                              

San Lucas trae un detalle interesante: Jesús recibe el bautismo “mientras permanecía en oración” (3,21). De la misma manera murió en la cruz, ORANDO: “¡Padre, en tus manos entrego mi Espíritu!”                                                                                                                                       Jesús desciende a las aguas del Jordán. Esto anuncia su sepultura. De la misma manera que el ejército del Faraón entró en las aguas del mar Rojo y todos murieron. Esto es otra profecía: el Faraón y su ejército son símbolos del poder del pecado y de la muerte que por la Muerte en Cruz por Cristo serán aniquilados definitivamente. En Jesucristo se cumplen los textos del Antiguo Testamento que hablan de la intervención salvadora de Dios para salvar.

3. El Bautismo  de Jesús es la primera Teofanía abierta y clara de la Santísima Trinidad. JESÚS, EL HIJO, obedece y el Cielo se abre. El ESPÍRITU SANTO baja como había anunciado el profeta (Isaías 11) y se oye la voz del PADRE que manifiesta su complacencia en su Hijo. Sus palabras evocan al Siervo doliente de Isaías en sus cuatro cánticos. Su Bautismo es la aceptación y la inauguración de su misión redentora como Siervo de Dios. Jesús, glorificado por el Padre y consagrado por el Espíritu Santo, puede ahora comenzar su ministerio, que el Apóstol San Pedro resume así: “Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hechos 10, 34 – 38). En fin: El Bautismo de Jesús es una TEOFANÍA, una revelación de la SANTÍSIMA TRINIDAD, del HIJO, del ESPÍRITU SANTO y del PADRE.

4. El Evangelio relata que en el Bautismo de Jesús se abrió el cielo, que estaba cerrado a causa del pecado y la maldad del ser humano. Pero ahora el cielo se rasga y Dios sale al encuentro de la humanidad. El Espíritu Santo desciende sobre Jesús como anunció el profeta Isaías (63,15 – 64,4) y también el profeta Joel (3). Desde ahora los cielos quedan abiertos, tal como luego al culminar su misión, el Corazón traspasado de Jesús por la lanza del soldado (Juan 19) queda abierto para todos.

5. El ESPÍRITU SANTO aparece por primera vez en forma corporal como una paloma. El Espíritu Santo, el amor del Padre y del Hijo,  intervino en la Creación, habló por los profetas anunciando al Salvador, obró en María la Encarnación del Hijo de Dios y le dará la fuerza para llevar la Cruz y cumplir su misión.

6. La voz del PADRE se hizo oír para confirmar a Jesús como su Hijo amado. De esta manera, tenía cumplimiento el antiguo vaticinio por boca del profeta Isaías: “Miren a mi Siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre Él he puesto mi Espíritu” (Isaías 42).

7. Hoy nos toca la RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES. A Jesús hay que abrirle la puerta del corazón de par en par. No quita nada, más bien nos da todo: vida en plenitud, felicidad verdadera, salud y paz. Sólo a partir de la Muerte en la Cruz, que queda anticipado en el Bautismo de Jesús, y la Resurrección, anunciada en la voz del Cielo, se han hecho realidad ya ahora se puede entender el bautismo cristiano. Lo mismo vale para nosotros: nuestro bautismo anticipa nuestra muerte y nuestra resurrección. Con esta fe y esperanza podemos enfrentar nuestra muerte como la puerta a la vida con Dios.                                                                                

Demos gracias a Dios en esta fiesta por nuestro bautismo y trataremos de vivirlo, es decir obedecer al Padre como Jesús: “Padre… no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mateo 26,39).                                                       

8. Oremos a Dios que renueva por el Espíritu Santo la veneración de la Virgen Madre de Dios a la que entregó al Apóstol San Juan como Madre y en su persona a todos nosotros. Acogemos a María en nuestra familia rezando el SANTO ROSARIO. Oremos por las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras para que todos los hombres puedan conocer el amor de Dios y que, por el bautismo, lleguen a ser incorporados en Cristo.   

 El Papa Francisco nos pide orar en este mes por el DERECHO A LA EDUCACIÓN para los migrantes, refugiados y afectados por las guerras. Oremos por  la Iglesia, por la paz en Bolivia, paz en Tierra Santa, en Siria, en Ucrania, en Venezuela y en todo el mundo; paz en las familias y en nuestros corazones; por la conversión de los pecadores, por el fin del aborto, por los enfermos corporales y espirituales y por los difuntos.                                                                                        

Damos gracias al Señor por las lluvias recibidas y pidamos lluvias suaves y abundantes para donde hace falta.          

  El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo!    Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda, sobre ustedes y sus familias. Buena fiesta.

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