«El virus no nos puede parar ni cansar, porque Jesús está con nosotros», Mons. Eugenio en la Jornada de la IAM
Bolivia Misionera 26.04.2020. «Me dirijo a los niños y adolescentes: sean creativos, en sus casas, hablen de Jesús en la mesa, preparen dibujos, canciones y publíquenlas por las redes sociales. En nuestro país y en el mundo hay muchos niños y adolescentes que están encerrados en sus casas y muchos se aburren: lleguen a ellos, contágienlos con su alegría«, es el llamado de Mons. Eugenio Scarpellini, Director de Obras Misionales Pontificias en la eucaristía de este domingo 26 de abril en el que la Iglesia Católica en Bolivia recuerda la Jornada de la Infancia y Adolescencia Misionera, bajo el lema «Dios Padre nos crea, y Jesús nos envía».
Si bien las distintas jurisdicciones de Bolivia reformularon sus actividades conmemorando este día, varias de ellas enviaron mensajes de ánimo a través de las redes sociales, y desde la Dirección Nacional de Obras Misionales Pontificias animan a vivir esta jornada en oración y compartir con la familia, en medio de la cuarentena que viven los bolivianos a raíz del Coronavirus.
A continuación la Homilía completa de Mons. Eugenio:
III Domingo de Pascua
“QUÉDATE CON NOSOTROS, SEÑOR”
Estamos en la tarde del día de Pascua. Dos discípulos, decepcionados, regresan de Jerusalén a su pueblo natal. Jesús se acerca, camina y habla con ellos de sí mismo y de su historia a través de las Escrituras. Poco a poco, dentro de los dos discípulos a estas palabras se despierta y reaviva la esperanza. Pero aun así no lo reconocen; luego, en la mesa, lo reconocen; Jesús se les entrega a través del gesto familiar al que había ligado su memoria para siempre: la fracción del pan.
Es fácil reflejarnos en los dos discípulos y ver en ellos el espejo de nuestra vida. De esta manera podríamos analizar nuestro camino de discípulos y sacar enseñanzas para un cambio de vida o actitudes que deberíamos asumir o renovar.
Quiero proponerles un camino diferente: contemplar a Jesús y sus acciones en este hecho de los discípulos de Emaús.
Jesús se hace viandante, peregrino. camina con los discípulos de Emaús, camina con nosotros.
El Jesús que camina en conversación con dos pobres hombres de Jerusalén a Emaús es la expresión del Jesús que camina junto a toda la humanidad por las calles del mundo, aunque la humanidad está distraída, no piensa en ello, habla de otra cosa y no lo reconoce.
Los discípulos, no imaginaban que aquel desconocido fuese precisamente su Maestro, ya resucitado. «Sus ojos no podían reconocerlo». Esta es la situación de tanta gente hoy en día. También sabemos qué es lo que «impide que los ojos» de los hombres lo reconozcan: proyectos personales o políticos, prioridades dadas a cosas materiales, pensar a la vida en plan de lucha, de oposición, por lo que hay que pelear para sobresalir.
Escucha a los discípulos y hace que manifiesten todas sus dudas y preocupaciones. No es desde arriba, es desde lado a lado. No menosprecia la mente cerrada de los dos. En estos días de cuarentena tenemos esta maravillosa oportunidad. Estamos unos a lado de otros en nuestras casas; podemos hablarnos y escucharnos. Hay tiempo para nosotros. Los padres pueden escuchar a los hijos y los hijos a los padres. Pero no con la actitud de ver quién es el más fuerte, quien gana; sino de lado a lado, abriendo el corazón a la vida, inquietudes, preocupaciones y proyectos del otro. No solo oír, sino escuchar.
Explica poco a poco las escrituras de manera que se les abra la mente a la comprensión. Fue al escuchar a Jesús explicando las Escrituras que los corazones de los dos discípulos comenzaron a derretirse y a acogerlo, porque la palabra de Dios, cargada con su fuerza y su vida ilumina la historia de cada hombre y de toda la humidad. No cuesta levantar la mirada; muchas veces bajamos la cabeza y miramos la punta de los pies. En situaciones duras, es fácil actuar con rebeldía o desánimo, buscar respuestas puntuales y no siempre las más adecuadas. Levantar la mirada, o, si quieren, escuchar el soplo del Espíritu que viene de lo alto es lo más difícil, pero lo más certero
Por eso los dos discípulos después entenderán porque sentían «arder» su corazón, cuando Él les hablaba, «explicando» las Escrituras. La luz de la Palabra disipaba la dureza de su corazón y sus ojos se estaban abriendo.
Jesús provoca que los discípulos actúen. Jesús, llegando al pueblo, hace como si quisiera seguir adelante. Aún no habían reconocido que el que caminaba con ellos era Jesús, sin embargo, lo invitaron a compartir, lo llevaron a su casa, preocupados por ese peregrino que podía quedarse en la calle, mientras caía la noche y el día se volvía más oscuro. “Quédate con nosotros porque atardece y el día ya ha declinado”. Ya están abiertos y dispuestos a compartir, a acoger. Este gesto de hospitalidad espontaneo dispuso sus corazones para reconocerlo.
Jesús se sienta a la mesa: comparte con ellos. El compartir es el secreto de la vida. En estos días estamos viendo gestos de solidaridad muy grandes: colectas, donaciones, reparto de canastas familiares hacia personas y familias vulnerables. Me ha escrito un joven amigo que vive en el sector de San Roque de El Alto. “Monseñor, comentarte también que mucha gente se está aprovechando de esta esta cuarentena: los precios … se han disparado; algo que está prohibido. Se están aprovechando de la gente, no hay una honestidad, sinceridad y pues se hacen plata de esta cuarentena. Hay mucha gente … que está haciendo fila y vende las fichas, cobra 50 a 60 Bs. Se ve la misma gente haciendo fila desde las 2 a 3 de la mañana todos los días. un caos total monseñor. Pienso que la honestidad y sinceridad y el amor hacia el prójimo no se demuestra por aquí.
Esta es una actitud “cainita”, es decir de Caín, que mata al hermano que está en la misma condición nuestra, cuando en cambio, deberíamos ser capaces de solidarizarnos con un hermano verdaderamente necesitado y compartir el pan material con él.
Jesús se revela al partir el pan y desaparece de la vista de los discípulos. Se revela a sí mismo «al partir el pan». Los ojos de los discípulos se abren. Es el gesto propio de la comunidad en el tiempo de Jesús y en la vida de la primera comunidad: es la Eucaristía. Es partir el pan que compromete a compartir los bienes con los necesitados para que nadie carezca de lo necesitado. Cuando los dos lo reconocen, Jesús desaparece: ya no es necesaria su presencia física, real; lo es en la Eucaristía.
Jesús los convierte en misioneros: vuelven a Jerusalén y comparten su experiencia del Resucitado. Hay un cambio de actitud: se estaban escapando, habían dejado el grupo de los discípulos, volvían a su viejo mundo; ahora vuelven a Jerusalén, retornan donde sus hermanos, les comunican su testimonio, se hacen parte de la construcción de la nueva comunidad que tendrá como misión el testimonio de la resurrección de Jesús en todo el mundo. Han descubierto que Jesús resucitado está allí donde se encuentran los hermanos y donde se vive la fracción del pan. Esta experiencia transformadora los impulsará a anunciar con fuerza y sin miedo a las persecuciones, que Cristo ha resucitado y es la esperanza para todos aquellos que creerán en Él. (1era lectura)
Hoy el Evangelio nos asegura que Jesús está vivo y continúa siendo el centro sobre el cual se construye nuestra vida y comunidad de discípulos: en la Eucaristía, encuentro privilegiado de la comunidad, en la escucha comunitaria de la Palabra de Dios y en el amor compartido en gestos de fraternidad y de servicio.
En este domingo está dedicado también la “Jornada Mundial de la Infancia Misionera”, aunque lo celebraremos con más solemnidad cuando termine la cuarentena. Al igual que los discípulos de Emaús que comparten alegres el encuentro con Jesús Resucitado, también nosotros podemos hacerlo, hoy, en esta situación muy particular. Me dirijo a los niños y adolescentes: sean creativos, en sus casas, hablen de Jesús en la mesa, preparen dibujos, canciones y publíquenlas por las redes sociales. En nuestro país y en el mundo hay muchos niños y adolescentes que están encerrados en sus casas y muchos se aburren: lleguen a ellos, contágienlos con su alegría. El virus no nos puede parar ni cansar, porque Jesús está con nosotros.
Niños, adolescentes y familias, mantengamos nuestro entusiasmo por los valores del amor y la solidaridad, nuestra sensibilidad a los problemas de los más pobres. Y con responsabilidad asuman y respeten la cuarentena pensando en la salud de nuestros hermanos. ¡Son misioneros de Jesús!

