Mons. Giovani: «La vida es demasiado corta para desperdiciarla siendo rencoroso y llevándose mal con los demás»
Bolivia Misionera 13.09.2020. Destacó Mons. Giovani Arana, Administrador Apostólico de la Diócesis de El Alto, en la misa de este domingo en la que también animó a aprender a perdonar de corazón a los hermanos, y recordó a tantas familias que han perdido a un ser querido o un amigo en este tiempo de pandemia: «las circunstancias han hecho de no hagamos un duelo normal, muchos incluso no han podido despedirse de sus seres queridos que han muerto, a todos ellos san Pablo nos viene a decir…ánimo…Dios que es también Señor de los muertos, por eso quiere que tengamos certeza que el Señor resucitará a nuestros familiares y amigos y un día los hará gozar junto a nosotros de la vida eterna».
HOMILIA
DOMINGO XXIV – ORDINARIO
13 de septiembre del 2020
La liturgia de este domingo nos invita a mirar aspectos que son de mucha importancia para nuestra convivencia: la reconciliación y el perdón, nos enfrentamos con dos realidades, por un lado muchos nos sentimos con el derecho de ser perdonados, pero pocos están decididos a perdonar y por otro lado sabemos que nuestra relaciones personales, familiares, laborales o simplemente nuestras relaciones de amigos, muchas veces se ven entorpecidas por discusiones o incluso agravios que podemos recibir o también agravios que podemos hacer a otros, lo común frente a esto es que lamentablemente nos quedamos en el agravio y no somos capaces de pedir perdón, por el contrario buscamos venganza y no hacemos nada por reconciliarnos con los demás, no hacemos nada por perdonar.
Una urgencia para nuestro tiempo, especialmente para nosotros bolivianos es que trabajemos por construir la cultura de la reconciliación, donde el perdón, la escucha y el respeto nos permia convivir a pesar de nuestras diferencias, no podemos pensar que porque uno es distinto o piensa diferente debemos enfrentarnos y generar odio, invito a que nuestros candidatos electorales incluyan esta urgencia en sus planes de gobierno, necesitamos reconciliarnos, de nada nos sirve un país económicamente prospero si estamos divididos y confrontados, de nada nos sirve un país con buenas políticas de desarrollo si constantemente nos peleamos, lo que necesitamos en primer lugar y con urgencia es reconciliarnos entre bolivianos.
La primera lectura tomada del capítulo 27 del libro del Eclesiástico nos regala una serie de enseñanzas sobre el perdón, la sentencia con la que comienza el texto es ya de entrada fuerte, nos dice: “El rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del pecador”, al referirse a patrimonio hace referencia a que el rencor y la ira pertenecen, es propio del pecador, el pecador es aquel que se aleja de Dios, y esto tiene su lógica, ya que alejarse de Dios implica dejar de tener una mirada correcta de lo que es Él, entonces aquel que practica el rencor, la ira, es aquel que se ha apartado de Dios, aquel que ha desfigurado la imagen de Dios, pues Dios actúa totalmente contrario al rencor y la ira, como lo dice el salmo de hoy el Señor: “No acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas”, quien olvida que Dios es así, entonces será rencoroso, practicará la ira, fomentará la confrontación y la división.
Pensémonoslo bien, la vida es demasiada corta para desperdiciarla siendo rencoroso y llevándose mal con los demás, por eso también se nos recuerda en la primera lectura: “Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos”, la vida de quienes son rencorosos seguramente que no es una vida feliz, pues el odio no deja estar tranquilos se convierte de un estar inquietos siempre, buscando hacer el mal a aquel que se portó mal conmigo, sorprende este tiempo cómo estos odios, estos rencores se van agudizando a medida que se acerca las elecciones en nuestro país, basta ya de líderes que buscan enfrentarnos, basta de líderes que piensan que porque se enfrentan a otros, porque deslegitiman y hablan mal de otros son mejores, quiero recordarles lo que la Palabra de Dios dice hoy: “el rencor y la ira son abominables”, Bolivia necesita de líderes que con su ejemplo nos enseñen también a perdonarnos, y eso pasa por que ellos en primera persona sepan perdonarse, decíamos antes, la vida es muy corta para perder el tiempo pelándonos entre nosotros, no gastemos nuestra vida en peleas en rencores inútiles, en confrontaciones estériles, por el contrario aprendamos a perdonar, aprendamos a ser bondadosos y compasivos, como es nuestro Dios.
La carta de san Pablo a los cristianos de Roma en el capítulo 14 proclamada en la segunda lectura nos habla de nuestra pertenencia al Señor nos dice: “Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor”, pertenecer al Señor significa aceptarlo como Dios, significa asumir esa pertenencia sabiendo que el Señor es dueño de nuestra existencia, que mi vida, que mi felicidad depende de Él, y esta verdad la tenemos que recordar siempre, nuestra vida no le pertenece a nadie, sino solo a Dios y por eso quienes atentan contra la vida deben saber que se están enfrentando ante Dios, día a día somos testigos de actos de violencia, eso es ir contra la vida, pero además el texto de san Pablo no es solo una declaración de la pertenencia al Señor, sino al mismo tiempo se convierte en un certeza que nos llena de esperanza cuando nos dice: “tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor”, es decir también nuestra muerte está en manos de Dios y que hace Dios con la muerte, la trasforma en vida por medio de la resurrección.
Queridos hermanos, estoy seguro que aun para muchos está presente el dolor en el seno de sus familias por haber pedido a un familiar o amigo, en este tiempo donde las circunstancias han hecho que no hagamos un duelo normal, muchos incluso no han podido despedirse de sus seres queridos que han muerto, a todos ellos san Pablo nos viene a decir…ánimo…Dios que es también Señor de los muertos, por eso quiere que tengamos certeza que el Señor resucitará a nuestros familiares y amigos y un día los hará gozar junto a nosotros de la vida eterna.
En el evangelio nos encontramos con enseñanzas diríamos más claras de parte de Jesús sobre el perdón a la pregunta hecha por Pedro: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”, Jesús le da una respuesta categórica, debes perdonar: “hasta setenta veces siete”, con esta respuesta Jesús está diciendo que el perdón no tiene límites, no podemos cuantificar el perdón, nos está diciendo que el perdón con límites nos lleva a la venganza, no debemos poner límites al perdón, porque no sabemos cuántas veces incluso nosotros necesitaremos ser perdonados.
La parábola que relata Jesús en el evangelio para enseñarnos más sobre el perdón habla de dos siervos, uno perdonado y otro no, uno que implora perdón y se le otorga y al otro que también implora perdón y se le niega, si bien parecería que la historia gira en torno a los siervos, en realidad el centro de la historia es el rey, un rey que sorprende por su actitud, ya que frente a la petición de perdón del primer siervo dice que: “El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda”, asombrosa actitud, porque uno pensaría que por el poder que tiene el rey éste debiera hacer pagar hasta el último centavo la deuda de su siervo, pero sorprendentemente le perdona, lógicamente que aquí el rey viene a representar a Dios, es esta imagen de Dios que Jesús nos vino a transmitir, frente a una imagen de un Dios vengativo, castigador, Jesús nos dice todo lo contrario…Dios es misericordioso…perdona, no actúa con venganza, sino que nos da siempre nuevas oportunidades, recordemos lo que el salmista nos dice hoy: “Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura”, acojamos esta imagen de Dios, para también manifestarlo a los demás.
Pero en la parábola ésta la imagen del siervo perdonado que en contraposición al rey no perdona a su hermano, que además estaba en la misma situación que él, aquí vemos lo que decíamos al inicio, todos nos sentimos con el derecho de ser perdonados, pero pocos son capaces de perdonar, creo que es una gran lección para aprender, fijémonos cómo llama Jesús a este siervo que es incapaz de perdonar… “¡Miserable!” …cómo podemos traducir esta palabra, el miserable en el contexto de la parábola que hemos escuchado, seria aquel que no tiene capacidad de compadecerse del sufrimiento ajeno, que no encuentra empatía, frente al dolor del otro, aun cuando haya sufrido igual, por eso el rey le dirá: “¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecía de ti?”, el rey esperaba que cómo lo perdonó debía también perdonar, pero no ocurre así, es una triste realidad que aun hoy se repite, no seamos miserables, aprendamos a compadecernos de los demás, aprendamos a perdonar a los demás como Dios nos perdona, recordemos las duras palabras con las que el evangelio de hoy termina: “Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

