#EvangelioDelDía: «Ninguno de aquellos invitados probará mi banquete «
Homilía 3 de noviembre de 2020, martes de la semana 31 durante el año litúrgico proclamamos el Evangelio según San Lucas 14, 1a.15 – 24. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
NINGUNO DE AQUELLOS INVITADOS PROBARÁ MI BANQUETE
Queridos oyentes, seguimos con el banquete del día sábado en casa de un jefe de los fariseos. Jesús ilustra sobre las exigencias que pone a sus discípulos: la renuncia a los bienes y a la familia como condición para seguirlo. Los invitados a una cena se ven imposibilitados para asistir unos por los bienes y otro por su familia. Ante la falta de respuesta de estos, la invitación se extiende a otros: “a los pobres, inválidos, ciegos y lisiados”. Tanto Jesús como sus discípulos predicaron a los judíos y fueron rechazados por una mayoría. Sin embargo muchos por ellos descartados como los pobres e ignorantes siguieron a Jesús. Los apóstoles salieron según el mandato del Señor hasta la India. Tarde vinieron misioneros a América y nos trajeron el Evangelio. Hoy nuestro continente tiene el mayor número de católicos y grandes Santos. Hoy conmemoramos a uno de ellos que en vida era de los más humildes servidores de Dios, San Martín de Porres. Era hijo de un noble español y de Ana Velásquez, mulata. Su condición de mulato fue motivo de discriminación también dentro de la Iglesia. No podía ser sacerdote. Aprendió el oficio de curandero y farmacéutico. Su trato de amor a los pobres y toda la gente, su sabiduría, su piedad, en una palabra su santidad atrajeron a muchísimas personas hasta al mismo virrey, para solicitar los consejos del hermano Martín. El Papa San Juan XXIII dijo de él en su canonización: “Disculpaba los errores de los demás; perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido que era mucho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su empeño en volver al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicinas a los pobres; en la medida que le era posible, ayudaba a los agricultores, a los negros y mulatos, que por aquel tiempo, eran tratados como esclavos de la más baja condición, lo que le valió, por parte del pueblo el apelativo de “Martín de la caridad”.
Hizo ya en vida tantos milagros que su superior se lo prohibió. En el arreglo de la torre de la Iglesia estaba cayendo un albañil gritando: “Fray Martín, auxilio”. “Espero – le respondió – que debo pedir permiso al Padre Superior”. El hombre quedó en el aire mientras Fray Martín avisó al Padre. Este le dijo: “Como ya hiciste el milagro, bájalo despacio”. Tenía el don de estar en dos lugares a la vez. Sin salir del convento de los Frailes de Santo Domingo en Lima estaba en África evangelizando. Se sabe por gente que trajeron a Lima y quienes lo reconocieron.
Queridos oyentes, ustedes saben: SOLO HAY UNA DESGRACIA: NO LLEGAR A SER SANTO. Por eso les invito: Sigamos rezando el SANTO ROSARIO para pedir al Espíritu Santo un corazón nuevo y santo a ejemplo de San Martín de la caridad, un corazón sensible para los pobres; y pidamos con nuestro Papa Francisco en este mes de noviembre para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio de la humanidad. Pidamos a Dios también por nuestra patria BOLIVIA.
El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo Resp. de Misiones CEB
Foto portada: https://boosco.org/

