#EvangelioDelDía: «YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA»
Homilía 2 de noviembre de 2020, celebramos la Resurrección de CRISTO en la conmemoración de TODOS LOS FIELES DIFUNTOS y proclamamos el Evangelio según San Juan 11, 17 – 27. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA
La llegada de Jesús al cuarto día de la muerte de Lázaro tiene la finalidad de revelar el poder que Cristo tiene de dar vida más allá de la muerte. Los judíos creían que una persona podía volver naturalmente a la vida en los tres días siguientes a su muerte pero al cuarto día ya no. Marta, como los judíos de su época, cree en “la resurrección del último día” (v.24); pero con Jesús comprende que ha llegado ya la etapa final de la historia de la salvación y que gracias a la fe la resurrección comienza a suceder en Él, que hace pasar de la muerte a la vida. La revelación central, “Yo soy la resurrección y la vida” (v. 25), ya había anticipada por la vida que Jesús había concedido, en día sábado, al hombre enfermo desde hacía 38 años (cap.5) y la sanación del ciego de nacimiento (cap.9). Esta novedad de vida irrumpe en el tiempo y en la historia presente de cada persona por la fe en Jesús el Mesías e Hijo de Dios. Este camino de adhesión y progresiva comunión culminará en el encuentro pleno con Cristo después de la muerte.
Por eso el camino de la muerte es el camino de la ESPERANZA. El AMOR exige eternidad. En todas las culturas se han preocupado de los difuntos. Atención: digo difuntos y no muertos porque sus almas están en manos de Dios. Algunos piensan que estuvieran congelados hasta el juicio final. Para mi impensable porque Dios nos regala a cada uno el alma en el momento de la concepción. Por eso el aborto es matar un nuevo ser humano 50% mujercitas y 50% varoncitos. Esto es el feminicido más masivo que se debe terminar por sus consecuencias nefastas.
En el Credo confesamos “en la comunión de los santos”. Esta verdad celebramos en estos días: nosotros la Iglesia “militante” luchando por la santidad acá en la tierra, ayer los que ya están con el Padre Dios en la gloria, la Iglesia “triunfante”, y desde ayer tarde y hoy la que forman la Iglesia “purgante” en la conmemoración de los FIELES DIFUNTOS. Ofrecemos el sacrificio de Cristo por sus almas según el segundo libro de los Macabeos 12, 40- 46. Expresión de la fe que los vivos pueden interceder por los difuntos a través de la oración y los sacrificios de expiación (Levítico 4) para que se borren sus pecados, y Dios tenga misericordia con ellos. Así el camino de la muerte es el camino de la ESPERANZA y de VIDA ETERNA.
Queridos oyentes, oremos y ofrecemos el sacrificio de Cristo por nuestros seres queridos difuntos. Y si queremos encontrarnos con ellos debemos orar por ellos y por nosotros para llegar a la casa del Padre. No se llega al cielo sin orar. Ya saben: SOLO HAY UNA DESGRACIA: NO LLEGAR A SER SANTO. Por eso les invito: Sigamos rezando el SANTO ROSARIO para pedir al Espíritu Santo un corazón nuevo y santo y con nuestro Papa Francisco en este mes de noviembre para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio de la humanidad. Pidamos a Dios también por nuestra patria BOLIVIA.
Les invito a meditar el Evangelio de hoy, capítulo 11 de San Juan, para empaparse de la Palabra que da vida. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo!
Y la Bendición del Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Resp. de Misiones CEB

