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Mons. Bittschi: «Solo hay una desgracia, no llegar a ser santo»

Homilía 1 de noviembre de 2020, celebramos la SOLEMNIDAD de TODOS LOS SANTOS y proclamamos el Evangelio según San Mateo 4, 25 – 5, 12. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

SOLO HAY UNA DESGRACIA: NO LLEGAR SER SANTO
Queridos oyentes, ustedes bien saben cómo es la vida en la familia: los papás se rajan para sus hijos y los hijos quieren ser como sus papás y las niñas como sus mamás. Eso no es solamente por imitación sino Dios que nos creó según su imagen y semejanza lo puso en nuestro corazón. Cómo el Hijo de Dios se orienta en todo en su Padre así pasa entre nosotros. Dios es SANTO y es AMOR y quiere que lleguemos ser como Él pero no como Adán y Eva sin Dios con una fruta producto de la tierra sino con su ayuda. Desde hace tiempo los Obispos de Roma, los Papas, nos han hecho recuerdo que Dios “nos elogió en Cristo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Efesios 1,4).

San Juan Pablo II habló insistentemente de la SANTIDAD y beatificó a 1300 y canonizó a más de 400 nuevos santos. Con eso nos quería señalar que cualquiera puede ser santo. Todos estamos llamados a la SANTIDAD. Se acuerdan ¿quién es el único santo declarado así por Jesús? Es aquel ladrón crucificado al lado del Señor que pidió a Cristo muriendo con fe: “Acuérdate de mí cuando llegas a tu Reino”. Y escuchó: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

1.El Papa Francisco escribió en su Exhortación Apostólica “Gaudete et exsultate” «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Genesis 17,1). 2…. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad. 4. Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión. Lo atestigua el libro del Apocalipsis…: «Vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia?”» (6,9-10). Podemos decir que «estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios… La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce».

Hoy en la fiesta de TODOS LOS SANTOS recordamos no solo los reconocidos por la declaración de la Iglesia, sino la gran multitud de todos que en su vida buscaron el bien y la verdad. El Concilio Vaticano II dice: El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente». No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado. Sigue el Papa Francisco: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios. Y luego cita a la santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein: “Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado». 9. La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita según san Juan Pablo II «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo». Y que «el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes».

El Señor llama 10… lo que quisiera recordar con esta Exhortación es sobre todo el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, ese llamado que te dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Levítico 11,45; cf. 1 P 1,16). El Concilio Vaticano II lo destacó con fuerza: «Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre». Esa perfección a la que debemos llegar en el camino a la santidad es el perdón de corazón. “No juzguen y Dios no los juzgará. No condenen y Dios no los condenará. Perdonen y Dios los perdonará” (Lucas 6, 37).

«Cada uno por su camino», dice el Concilio. Entonces, no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él. Todos estamos llamados a ser testigos, pero «existen muchas formas existenciales de testimonio»… Porque la vida divina se comunica «a unos en una manera y a otros en otra».

Queridos oyentes, estamos celebrando la Solemnidad de todos los Santos. Todos somos llamados a ser santos. No se llega a ser santo si no ora. No se olvidan: SOLO HAY UNA DESGRACIA: NO LLEGAR SER SANTO. Por eso les invito: Sigamos rezando con nuestro Papa Francisco el SANTO ROSARIO para pedir al Espíritu Santo un corazón nuevo y santo y en este mes de noviembre para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio de la humanidad. Pidamos a Dios también por nuestra patria BOLIVIA.

Les invito, queridos oyentes, a meditar el Evangelio de hoy, capítulo 5 San Mateo, para empaparse de la Palabra que da vida. Porque: El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición del Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre. Buen domingo.

Mons. Adolfo Bittschi

Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo Resp. de Misiones CEB

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