Mons. Bittschi: DOMINGO DE CONSOLACIÓN Y ESPERANZA, PERO TAMBIÉN DE CONVERSIÓN AL SEÑOR
6 de diciembre 2020, 2º Domingo de Adviento del ciclo B, proclamamos el Evangelio según San Marcos 1, 1 – 8. Gloria a ti, Señor. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
DOMINGO DE CONSOLACIÓN Y ESPERANZA, PERO TAMBIÉN DE CONVERSIÓN AL SEÑOR
“Te pedimos, Señor Jesús, que fortifiques los corazones de tus fieles por tu venida… que por tu visita sean curadas las llagas de los enfermos; por el toque de tu mano sean iluminados los ojos de los ciegos; por tu poderosa ayuda se afirme el paso de los vacilantes; que por tu misericordia sean desatados de la esclavitud de los pecados. Haz que puedan alcanzarte con el alma llena de gozo en la segunda venida de tu juicio los que ahora ves que acogen con gran devoción tu venida en la mística encarnación ya cumplida, y llévalos a la dulzura del paraíso” (Misal mozárabe).
La liturgia del Adviento nos va guiando en la preparación ferviente de la venida del Señor. Nos presenta cuatro personajes como acompañantes en el itinerario de nuestra espera- esperanza, consolación y a la vez de conversión al Señor. El primero es el profeta Isaías, cuyas promesas de parte de Dios nos van recordando las antiguas esperanzas de Israel. El segundo es Juan Bautista, el último mensajero enviado para preparar el camino del Señor, como acabamos de escuchar en la primera lectura (40,3) y en el Evangelio (Mc 1,1-8). Luego aparecerá San José y un gran relieve adquiere la figura de la santísima Virgen María, la Madre de Jesús, quien revistió de carne y sangre al Hijo de Dios.
En el libro del profeta Isaías resuena más que en los otros profetas la gran esperanza que Dios había dado a su pueblo elegido y que confortara en los años difíciles y tristes de su historia. Precisamente el mensaje proclamado del “Libro de la Consolación” en la 1ra lectura reconforta y es fuente de alegría: “Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios; Hablen al corazón de Jerusalén, grítenle: se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados” (40,1). El profeta se dirige en nombre de Dios al pueblo exiliado en Babilonia anunciando el próximo retorno a Jerusalén. Dios mismo conducirá al grupo numeroso en su camino de regreso por el desierto. Se compara a Dios con un Buen Pastor cuya ternura conmueve los angustiados. Por eso es necesario preparar el camino para que Él llegue eliminando todos los obstáculos. El profeta habla en lenguaje figurado. En realidad se trata de preparar el interior, el espíritu de cada hombre y mujer para la llegada del Señor a las mentes y a los corazones.
El Salmista refleja admirablemente ese espíritu de este segundo domingo de Adviento: “La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo” (Salmo responsorial).
En la segunda lectura, San Pedro (2Pedro 3,8-14) nos exhorta a mostrarnos “inmaculados e irreprochables” ante Dios, mientras esperamos con ansia la venida del Señor (v.14). Y Dios “no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan” (v.9). Esperen y apresuren la venida del Señor. ¡Ven, Señor Jesús! Pronto por favor, te necesitamos.
El Evangelio de hoy según San Marcos nos trae el título: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (1,1) y como primeras palabras una cita de los profetas Isaías y Malaquías (3,1): “Mira, envío a mi mensajero delante de ti, para que t prepare el camino; una voz grita en el desierto: preparen el camino al Señor, enderecen sus senderos” (vv.2-3). Malaquías identificó este mensajero con el gran profeta Elías que fue arrebatado cuerpo y alma al cielo y que por eso se esperaba su vuelta. Sin embargo, San Marcos presenta a Juan Bautista en el desierto, que vestía con una piel y un cinturón de cuero, tal como vestía Elías según los libros de los Reyes. No solo por su parecido exterior sino más por el espíritu interior de penitencia es una representación digna de Elías. Así lo toma también Jesús.
La presencia de Juan Bautista era un signo de que se cumple ahora el momento culminante de la intervención definitiva de Dios en la historia humana. La Buena Nueva que destaca San Marcos es que no viene ahora la destrucción sino la misericordia divina con el bautismo de conversión de Juan y el anuncio de un Bautismo mucho más superior con el Espíritu Santo de Dios que nos hace hijos adoptivos de Dios y hermanos de Cristo.
El Evangelio de hoy nos anima a escuchar el grito de Adviento de preparar el camino a nuestro Dios que viene a nosotros en los acontecimientos de cada día, en el encuentro con los afligidos y necesitados. Es darse tiempo para escuchar su voz en el Evangelio; orar y vivir en verdad y justicia ante Dios y misericordiosos con los demás. Buscando a Cristo nuestro único SALVADOR. Queriendo cumplir con el encargo de Jesús de poner a otros en contacto con ÉL QUE, MUERTO POR NUESTROS PECADOS EN LA CRUZ, HA RESUCITADO, ESTÁ VIVO Y PRESENTE para que ellos también obedezcan a Dios y sean salvados. Por eso: Sigamos meditando el SANTO ROSARIO para pedir al Espíritu Santo un corazón sensible y generoso para con los demás; así nos une con nuestro Papa Francisco que en este mes de diciembre nos pide orar para que nuestra relación personal con Jesucristo se alimente de la Palabra de Dios y de una vida de oración.
Pidamos a Dios también por nuestra patria BOLIVIA lluvias suaves y abundantes donde aún no llovió. ¡Ven, Señor Jesús! Pronto por favor, te necesitamos. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias y les acompañe hoy y siempre.
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre
Obispo Resp. de Misiones CEB

