Revista Bolivia Misionera Nº22

EUGENIO SCARPELLINI. El hombre cuya pasión FUE SIEMPRE la Misión

Hna. Cilenia Rojas MCI

REVISTA BOLIVIA MISIONERA Nº 22

Quizá se han leído en las redes mucho sobre Mons. Eugenio Scarpellini, un ser que con su vida y obras despertaba la pasión por la misión. Así lo conocí, un ser enamorado de la misión siempre soñando por hacer presente y visible la alegría del evangelio en constante dinamismo. 

Las OMP en el corazón del misionero

Las Obras Misionales Pontificias y la Comisión de Misiones en la CEB han sido los medios para encontrarnos y hacer el camino por la Misión. Siendo colaboradora desde la diócesis de Oruro, pude reconocer a P. Eugenio, a quien había visto siendo postulante. Desde que asumió su compromiso con OMP no tuvo otro afán,  sino el de darlo todo, animar y formar creando una mayor conciencia misionera en nuestra Iglesia en Bolivia desde un espíritu universal y de comunión. 

Este empeño constante lo llevó a continuar la tarea que llevaba antes P. Jaime Virreira, vi en este camino su capacidad de valorar y respetar el trabajo realizado por su antecesor y darle el toque propio. Después de escuchar y conocer la realidad de las jurisdicciones, junto a los Directores diocesanos inició la elaboración de materiales para niños, jóvenes y adultos. Se llevó adelante en primer lugar la socialización del material con el que cada uno iba trabajando en sus iglesias locales y uniendo esfuerzos, tomando como referencia textos de países que ya tenían una amplia experiencia, impulsó la elaboración del manual de la IAM, textos de formación y animación para la IAM, temas formativos para jóvenes, y otros materiales que ayudasen en las comunidades. 

Desde un espíritu de comunión con la Iglesia universal siempre buscó socializar y hacer llegar todo documento del magisterio eclesial misionero a través de los directores, los provenientes del CELAM, de las Obras Misionales Pontificias, de la CEB. Siempre buscando actualizar y estar en comunión eclesial. 

En distintas ocasiones se empeñó por convocar a espacios de formación misionera, impulsó la Escuela de Animadores misioneros (ESAM), escuela de liderazgo misionero para adolescentes (ELMA), el curso de formación misionera para laicos, los campamentos juveniles Misioneros (CAJUMI), además de Encuentros Misioneros,  Simposios, Congresos Regionales, nacionales e internacionales, impulsando la participación de distintos agentes pastorales, laicos, religiosos, religiosas, seminaristas, sacerdotes y Obispos. 

A través de su empeño y dedicación, Bolivia tuvo una representación significativa, propositiva, interpeladora, desafiante a nivel internacional y en América. Sus palabras eran el eco de la realidad de nuestra Iglesia local  y de América. No improvisaba, se preparaba, leía y se actualizaba para hablar con propiedad. Siempre lúcido en sus aportes. 

Carismático dándolo todo

Una persona que sabía integrar aquello que Dios le iba poniendo en su camino, con una capacidad de articular cualquier misión que se le encomendase, ha estado como Secretario General de la CEB, como Director Nacional de OMP, como Obispo de su amada Diócesis de El Alto, y otras responsabilidades de las que se puede decir cuidaba responsablemente su compromiso y respuesta, nunca solo, sino contando con los demás. Eso le daba una visión amplia y a esa tarea encomendada le daba el sello misionero. 

Un hombre muy humano, pero también vivía desde Dios, poniendo al servicio sus dones sin medirse. “tenemos que hacerlo y esto va salir si Dios quiere” y con ese empuje iban saliendo las cosas. 

Eclesial siempre

Su amor a la Iglesia lo hacía vivir en constante dinamismo y creatividad, buscando actualizar la tarea evangelizadora.  De su experiencia en la Iglesia en Bolivia el mismo expresó que le ayudó a “tener una visión más amplia de la Iglesia, su caminar, inquietudes, desafíos, dificultades, relaciones con instancias públicas políticas y económicas”. 

En todo el proceso de preparación al V CAM, buscaba como criterio dialogar todo con sus hermanos Obispos, no importaba retrasar tiempos esperando el aporte de sus hermanos,  con paciencia y esperanza se iban dando pasos. Aunque tuviese las ideas claras me decía, esperemos a ver que nos dicen y aportan. 

Buscaba siempre aportar, no lograba estar quieto, “no paraba” ni su corazón, ni su mente, estaba siempre “visualizando, soñando, deseando dar y hacer algo”, su deseo era que nuestra Iglesia sea “más servidora y pastoral, misionera”, vivía agradecido siempre a Dios por todo lo que le iba presentando en su vida. 

La misión, su pasión

Un hombre activo, pero que sabía guardar silencio sin que se le notara mucho. Las veces que participamos en varias actividades intensas en la misión, soy testigo de cómo tenía sus momentos de oración, silencio, reflexión, y allí fortalecía su encuentro con Jesús. Por eso era incapaz de callar, y buscaba en pequeñas cosas llegar a la gente dándole un motivo de esperanza, una ayuda para seguir caminando, en sus prédicas nos decía “pienso que Jesús a través de ti y tu palabra Él llega a las personas”.

En su arduo compromiso con el V Congreso Americano, Mons. Eugenio no abandonó su Diócesis, mantuvo sus visitas pastorales y creo que cumplió su deseo de visitar todas las parroquias, de una actividad salía fielmente con ánimo y entusiasmo al encuentro de sus fieles. Retornaba siempre contento y agradecido y a su vez con desafíos y deseos de responder a aquello que había escuchado de las comunidades. Muchas veces también sentía las limitaciones, sin embargo confiaba en Dios, buscaba llegar con una sonrisa y buscaba llegar con respuestas. Anunciaba el Evangelio y se preocupaba por elevar a dignidad de las personas más necesitadas en sus comunidades. 

La Misión para él era un encuentro con las personas, escucharlas, acompañarlas en su vida, en sus historias concretas, sabía abrazar el dolor, las lágrimas, el sufrimiento, los desafíos, aceptaba a las personas en sus situaciones propias, de esta manera sentía que su misión era “transmitir de corazón a corazón la presencia y cercanía de Dios con la gente”, y esto era la misión para él.

Su ser misionero encarnado en la realidad del pueblo 

Esto se ve integrado en su homilía misionera de junio del 2020 donde decía a la comunidad: “No hay que tener miedo a entregarse totalmente a Jesús, a asumir la misión sin escatimar esfuerzos, a deshacernos para el bien de nuestros hermanos, porque en eso tendremos la recompensa de la vida verdadera en Cristo. Es la lógica, la paradoja del Evangelio: lo último es lo primero, quien pierde vence, quien todo lo da todo lo conserva, quien muere vive. ¡Gana la vida quien tiene el coraje de perderla!”. 

Padre Eugenio,  como le gustaba que lo llame, fue el Obispo que siempre animó a ser una Iglesia más misionera, desde que llegó a Bolivia hace 32 años atrás, fue parte de innumerables actividades pastorales y también sirvió al pueblo boliviano a través de su inquietud por mediar en la solución de conflictos sociales del país, amó a las Obras Misionales Pontificias y a su Diócesis de El Alto, nunca se cansó de llevar la Palabra de Dios, al contrario le daban mayor vitalidad en su servicio como Pastor, en sus visitas pastorales a las comunidades más lejanas de esta Iglesia diocesana, el Pastor con una agenda llena, pero con el corazón abierto a quien más lo necesitaba, sus enseñanzas y testimonio misionero dejan un camino a seguir haciendo…  nuestros corazones registran este testimonio que supo abrazar el ejemplo de otros. Se inspiraba también en la vida de otros santos como Juan XXIII, Oscar Romero, Nazaria Ignacia, y la Madre fiel…María, en quien siempre encomendó su vida.

Mons. Eugenio, Padre, Pastor, hermano, Amigo…MISIONERO INCANSABLE

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