Revista Bolivia Misionera Nº22

INSTRUCCIÓN DE LA CONGREGACIÓN PARA EL CLERO.

LA CONVERSIÓN PASTORAL DE LA COMUNIDAD PARROQUIAL AL SERVICIO DE LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA.

P. José Fuentes Cano
Secretario General Adjunto – CEB

Revista Bolivia Misionera Nº22

El importante documento publicado por la Congregación para el Clero, el 29 de junio y aprobado por el Santo Padre Francisco, dos días antes, responde a la preocupación de renovar la antigua institución parroquial de forma que contribuya a la necesaria transformación misionera de la Iglesia.

La urgente y radical propuesta del Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”, ( E.G.,27) llega ahora, con el documento que nos ocupa, a la estructura parroquial, quizás una de las más necesitadas de renovación misionera.

El documento expresa su preocupación por la existencia de parroquias anquilosadas que no contribuyen a la difusión de la Palabra y que andan sin inquietud misionera.

Los síntomas preocupantes de una falta de pastoral misionera y los desafíos que generan, son varios, según el documento:

1.-Falta de una pastoral que ayude al encuentro con Cristo. Son parroquias ancladas en el sacramentalismo, pero que no fomentan el verdadero encuentro con Cristo de las personas, a través de la actividad catequética y litúrgica.

Parroquias que celebran, más llevadas por la necesidad de sostenimiento económico, que por las necesidades de la evangelización, de una verdadera experiencia de fe y de fomentar un profundo encuentro con Cristo.

2.-Parroquias que no son comunidades corresponsables. Una pastoral misionera conlleva la participación de todos los religiosos, religiosas, diáconos, laicos en la elaboración de un proyecto de evangelización y el compromiso de todo el Pueblo de Dios para llevarlo adelante. Esto conlleva creatividad y discernimiento en el seno del Consejo de Pastoral y superar la mentalidad de algunos párrocos que se sienten propietarios de la Parroquia y únicos ejecutores de la acción pastoral. Una Parroquia misionera es, necesariamente, una parroquia corresponsable, que cuenta con todos, ya que la acción misionera es una acción de todos los fieles en sus diferentes estados y ministerios. “Toda la comunidad es el sujeto responsable de la misión, ya que la Iglesia no se identifica solamente con la jerarquía, sino que se constituye como el Pueblo de Dios”. (C.P.,38)

3.-Superación de la pura configuración territorial para caminar hacia el concepto de “territorio existencial”, más acorde con el contexto en el que se mueven hoy las personas. Nosotros todavía estamos anclados en un modelo demasiado territorial: “mi parroquia llega hasta la calle X” de ahí no paso”. Sin embargo, las personas viven una nueva y enorme movilidad, merced a las relaciones sociales y, sobre todo a las nuevas redes digitales que tejen relaciones universales.

4.-La Parroquia tiene que pasar a ser un espacio de verdadera iniciación cristiana y no parroquias que celebran sacramentos de iniciación sin tener en cuenta las exigencias que conlleva una verdadera profesión de la fe cristiana. “La catequesis también deberá presentarse como un anuncio continuo del Misterio de Cristo, para hacer crecer en el corazón de los bautizados la estatura de Cristo, a través de un encuentro personal con el Señor de la vida”. (C.P., 23)

5.-Necesitamos parroquias que desarrollen un verdadero “arte de la cercanía”. Parroquias que se conviertan en lugares de encuentro en medio de una sociedad en la que las personas están cada vez más solas. Encontramos parroquias cuya estructura básica es la secretaría parroquial para anotar sacramentos y el templo para celebrarlos, pero sin encuentro alguno entre las personas, sin escucha, sin comunidad, sin que la gente pueda encontrarse y aliviar su situación de búsqueda de Dios y de solidad; esas no son las parroquias misioneras que necesitamos.

6.-Por último, el documento, en el espinoso tema del estipendio sacramental, aboga por “una ofrenda que, por su naturaleza, debe ser un acto libre por parte del oferente, dejado a su conciencia y su sentido de responsabilidad eclesial, no un precio a pagar o una contribución a exigir”. (C.P., 118). Es evidente que un tema como el que se plantea exige todo un proceso educativo con los fieles, que fomente la conciencia de pertenencia eclesial y que forme verdaderos cristianos.

No es un tema que pueda lograrse de un día para otro, pero es una invitación a trabajar en una dirección muy concreta y a proponerse lograr un objetivo muy necesario en nuestra Iglesia. En definitiva, el documento aboga por una verdadera conversión de estructuras, no solo de personas. Hemos de lograr un cambio en la antigua estructura
parroquial y, para ello, primero hay que cambiar la mentalidad, especialmente de los párrocos, pero también de todo el Pueblo de Dios.

En esta línea la conversión pastoral para hacer que las parroquias se vuelvan misioneras debe ser un objetivo de todas las jurisdicciones eclesiásticas, pero también en todos los seminarios y casas de formación, así como, sobre todo, en los procesos catequéticos y en el estilo de las parroquias.

Es necesario interiorizar un nuevo modelo de parroquia que logre convertir en una vivencia cotidiana la experiencia de Dios, a través del encuentro entre personas de fe.

Es necesario también que la transmisión de la fe, a través de la predicación, la homilía, la catequesis, la celebración dominical, las actividades parroquiales, tengan como objetivo primero suscitar la fe en los que participan. Hemos perdido la práctica evangelizadora y no debemos olvidar que Cristo nos envió a “Hacer discípulos” (Mt 28,19); algo que tal vez hemos de reconocer que no forma parte de la actividad primera y la preocupación primera de los presbíteros de la Iglesia.

Hemos sido llamados para “ser pescadores de hombres” (Mt 4,19), lo que coloca en el primer lugar de nuestra misión la actividad evangelizadora.

No podemos contentarnos con celebrar sacramentos, perdiendo la centralidad de la Palabra de Dios en la actividad de nuestras parroquias, porque eso sería una pérdida de identidad y de hacer lo que Dios quiere, que tendría consecuencias en la esencia del ser de la Iglesia que, como afirma la Evangelii Nuntiandi de San Pablo VI, “la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgente. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”.


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